LOS CARNICEROS DEL NORTE + THE DARK SHADOWS, 31 de octubre de 2013, Sala Wurlitzer Ballroom, Madrid

31/10/13
Noche de Difuntos en Madrid, Día de los Muertos en México. Halloween para algunos, que llena de fantoches disfrazados las calles, capullos que esa noche deciden ser vampiros de pega para demostrar lo mucho que les influencian las festividades de origen celta, Samhain y todo eso. Lo de los USA es pura coincidencia. Planazo que algún imbécil cree en el Gruta 77 y allí se dirige, después todo son prisas. Y es que es en la Wurli, en Gran Vía nada menos, tontoloscojones. En fin, más disfraces, más tráfico, más complicado aparcar. Llego a tiempo, por poco. La noche promete dos conciertos y un espectáculo en forma de presentación de línea de ropa. Finalmente tendremos que esperar para la misma, hasta la clausura de la propia Semana Gótica que hoy se inaugura. Los Carniceros del Norte y las Dark Shadows serán, o eso esperamos, motivos suficientes.

Una máscara blanca que terminará en manos de la enfervorizada fan que tengo a mi derecha. Unas alitas negras y una cresta. Rojo Profundo empieza la historia. Los tres carniceros y su caja de ritmos. Teatrales y ajustados. No suena mal, nada mal. Un poco embarullado el sonido tal vez, pero sin exagerar. Proyecciones al fondo, películas de miedo que inspiran las letras del trío. ¿De dónde se va a colgar Txarly? No hay sitio para ello, repito, no es el Gruta. Ya encontrará alguna solución supongo. Monólogo inspirado, es El Cuervo. ¿Vincent Price? en pantalla, como dando réplica. Mientras atronan guitarras y bajos, el respetable disfruta. No podía ser de otro modo. La estupenda Las Manos De Orlac cierra la “primera parte” del show. Se los ve a gusto, pese al escaso espacio que tienen y a que el público anda aún un poco frío. Nada que no arregle el tiempo, empero.

Miss Muerte y Sardú En El Teatro De Lo Macabro siguen dónde lo dejaron las anteriores. Ya está todo el mundo mucho más entregado y aunque (debiera decir por fortuna) no hay ansias de hacer el bestia, sí que se respira el ambiente de las grandes veladas, ese en el que arriba y abajo de la tarima hay un único sentimiento. Hasta ahora, sólo se ha colado Las Manos De Orlac del reciente 2013 Maniakos, trabajo que presentan en sociedad esta noche. Está siendo un setlist de lo más repartidito. El Ataúd Del Vampiro o Poltergeist, bien interpretadas, me conducen inexorablemente a una de mis favoritas: El Hombre de los Rayos X. Ahora sí que grita todo el mundo, ese “¡Arráncatelos!” se presta a ello. Al alarido desfasado. Grandísimo tema. El trío sigue demostrando que son, indudablemente, un grupo de directo, uno de los mejores del género hoy en día en España. Al menos para mi gusto. Todo lo que pueda parecer repetitivo de un estilo que, no nos engañemos, es lo que es, sobre el escenario queda en segundo plano. La Novia de Frankenstein, Gritos En la Noche o Capitán Howdy deben muchísimo a la excelente representación que de ellos se hace. Pienso que si el grupo se limitara a tocar canciones sin más, sin teatro, sin el juego que a Mr. Usher le dan los dos micrófonos (con diferentes tratamientos de efectos), sin el desenfreno de Nando Fausto y Hugo Zombie a sus respectivos, serían un grupo del montón. No porque las canciones sean malas, que no lo son, sino porque practican una mezcla de deathrock, horrorpunk y afterpunk que oída una vez, oída mil veces. Lo que aportan de propio, las imágenes, el espectáculo visual, etc, los hace diferentes y francamente apetecibles en directo.

El 8avo Pasajero, Kill Baby Kill, Los Muertos Vivientes o Al Otro Lado Del Cementerio pasan deprisa. El cansancio no parece hacer mella alguna, las miradas enloquecidas, los bajos contundentes, las guitarras aceradas se mantienen como al principio. Está a punto de llegar al bloque final, tras la novísima Tu Madre Se Ha Comido A Mi Perro, con Txarly Usher sudado y casi sin ropa ya, la sala llena, sonrisas de placer entre los asistentes, etc. Cuatro cortes quedan, todos del repertorio clásico: Doctor Caligari, Nosferatu Vive En Barakaldo, Hotel Overlook y Nekromántikos. No sabría con cual quedarme, tal vez con la coreada Nosferatu, un himno en toda regla. Quizás con Doctor Caligari, energética. O con los cambios de ritmo de H. Overlook. O puede que con el punk sucio de Nekromántikos. Bueno, ¿por qué quedarse solo con una?


Quedaban los bises, suponíamos. Entendíamos que alguna versión caería, más allá de los más o menos solapados homenajes que son una de las señas de la banda, los dos EPs tributo (a Lux Interior y a Parálisis Permanente) así lo presagiaban. Las experiencias de “cuchilladas” anteriores, también. Bez Konca, de los punkis polacos Siekiera, empezó dándonos la razón. Más oscura que la original, la recreación que hacen los de la carnicería resulta más que digna, es de esas versiones que casi se podría decir que mejoran el original. Unidos de los citados Parálisis fue la segunda escogida. Mas punkarra que la de los de Benavente y Curra, más “electrónica” también (la caja tiene la culpa), desató a los pocos que quedaran sin hacerlo. Y eso que faltaba el broche: Alucarda. Con una sugerente teatralidad. Un oso de peluche acuchillado, daga ritual, higadillos de los de verdad… Todo entre el paroxismo de una canción todavía más enloquecida que lo habitual y unos constantes cambios de ritmo que la hacen de lo más recomendable (si es que no ha quedado claro ya que todas lo son) del repertorio. Culmina con ella un repaso bastante exhaustivo a la discografía del combo, con pocas concesiones a su nuevo trabajo (cosa que agradecí enormemente pues a esas alturas todavía no lo había degustado convenientemente) y un sinfín de temas que ya se han convertido en iconos, por derecho propio. A Carniceros se les pueden achacar muchas cosas, criticar otras (yo, hoy, me/os lo voy a ahorrar), pero no desde luego la falta de entrega ni el currarse un espectáculo lo más universal posible, desde el vestuario a la interpretación, desde la teatralidad al tratamiento audiovisual, todo con el sentido de conseguir el difícil reto del “show global”. Muy pocos lo logran.



Un ratejo de descanso y las tres sombras oscuras en el escenario. Segundo trío de la noche, primero masculino, segundo femenino… ¿nos habrían deparado la aristocracia del lumpen el tercero, haciendo una especie de trío de tríos? Jamás lo sabremos. Pero calla, empieza el concierto. Inmediatamente, ya con Invisible, confirmo una de las cosas que más me admiran de las australianas: su inmensa capacidad para transmitir buen rollo. Sobre las tablas también. No sé si es la sonrisa perpetua de la señorita Wu cuando empuña las baquetas, la sensación de que se lo está pasando teta. No sé si es el entusiasmo de Carly con las cuatro cuerdas. No sé si es la infinita amabilidad de la Handley. Pero todo ello (y más detalles, claro) hacen que asistir a un concierto de Dark Shadows sea una experiencia divertidísima y llena de eso que más de un panoli llamaría “energía positiva”. Da bastante lo mismo el repertorio, incluso si te gustan o no las canciones. Lógicamente mejor si lo hacen, pero de verdad que tengo la seguridad de que es algo más, algo difícilmente definible, pero sencillo de percibir en un recital del combo. Line Of Sight o Silent Screams confirman lo dicho. Además suena muy bien, da la impresión de que están todavía más ensambladas que hace un par de años (si cabe). Y mira que la Wurli sin ser un antro horroroso, tampoco es el templo del sonido. Pero esa noche lo parece, tanto Carniceros antes como ahora las DShadows han disfrutado (y nos han hecho disfrutar) de un sonido bastante nítido y que ha permitido a cada grupo desarrollar su espectáculo sin incidentes. Nobody Knows, preciosa pieza, perfectamente ejecutada. Estas chicas mezclan perfectamente rock’n’roll clásico, siniestrismo, bastante psychobilly y, sobre todo, buen gusto por arrobas. El resultado es tan original como atractivo. Y eso que hoy han venido más tranquilitas…

Distänt Mind no es la excepción. Sigue el repaso al novísimo Autumn Still… (que reúne un puñado de canciones nuevas con las publicadas en diferentes singles y eps en los últimos años). Pop, punk, algobilly: talento. Mucho talento. Y oscuridad, perfectamente medida. The Boy From Berlin es un tema especial. Me encanta la dulzura que destila, no exenta de fuerza. La melodía, la voz, todo al milímetro. Me encanta que sigan las sonrisas. Entre el público también abundan. La conocida Dark Shadow termina de levantar el ánimo de la gente. Llevamos más de medio concierto previsto y ya ha quedado claro que hoy no es el día de la furia desmedida, es más el del chorro de voz de Brigitte H., el de la excelencia rítmica de sus dos compañeras (iba a escribir que lo de la Chalker con el bajo no tenía nombre pero es que lo de Nerida Wu en la batería tampoco), el de la guitarra que se basta para sostener un repertorio que en directo es un cañonazo. Y eso que, como digo, la noche venía relativamente tranquila. Blame es tremenda, Twinns increíble, pero lo de Written In The Snow roza lo incalificable. En disco es buenísima pero en directo, a dos metros, es sencillamente impresionante. Lamentablemente es una de las últimas. No queda mucho show ya y es una pena. Apetecen más canciones, apetece que nada se quede en tintero alguno.


Todavía estaban pendientes dos broches de oro. Dos versiones. Una conocida, otra no. Como versiones de las de Sydney quiero decir. Una dentro del set “normal”, para cerrar éste, otra como bis único (culpa de los problemas de tiempo, se quedó alguna canción sin degustar). No me entretengo, los primeros acordes de Eisbär ya suenan. El tema original es por desgracia un ejemplo de One Hit Wonder de los suizos ochenteros Grauzone. Digo que desgraciadamente porque, aun siendo un temazo como la copa de un ciprés, los de Berna tienen al menos otra decena de canciones tan buenas como esta, tan merecedoras de convertirse en himno como pueda ser la del oso polar. Y me quedo corto, probablemente. La versión que de la sensacional (una cosa no quita la otra) tonada hacen The Dark Shadows tiene todos los ingredientes que, para mí, constituyen una buena versión. Es lo bastante parecida a la original como para resultar respetuosa, manteniendo la esencia y el alma de un corte que, de otro modo, podría resultar difícil de digerir. Es una melodía que cualquiera de los presentes ha oído mil veces, así que la posibilidad de caer en el vil destrozo es enorme. Por tanto, la primera condición, la del respeto absoluto, se cumple. Por otro lado, la versión ha sido trabajada hasta lograr que esté totalmente inmersa en el sonido “natural” de las muchachas estas, sustituyendo teclados por cuerdas y manteniendo atmósferas in perder ni cambiar instrumentación. De modo que, respeta la primigenia y actualiza-transforma su sonido. ¿Se puede pedir más? Honestamente lo dudo y viendo la reacción del respetable, no me quedo solo pensándolo.


La otra versión, ya en los bises (el bis, ya dije) era a la vez un riesgo inmenso y una apuesta segura. Transmission de los tópicos y rearquetípicos Joy Division. Sobadísima canción, mil veces versionada, con mejor o peor fortuna. De ahí el riesgo. Transmission de los adorados y sempiternos Joy Division. Magnífica canción, mil veces coreada, por propios y extraños. De ahí la apuesta segura. Desde las primeras notas, se adivina que sucede un poco como con Eisbär, interpretación respetuosísima con el original pero a la vez hecha propia. No sé si es la mejor interpretación de este clasicazo que haya podido oír nunca, pero sí que estoy seguro de que es una de las mejores. Sin duda ninguna. Por todo ello, me pareció un acierto para el cierre, por más que sea casi un “lugar común” entre las versiones siniestras. Dejó muy buen sabor de boca, aunque hubiera preferido que tocaran más rato…


En definitiva, por ir concluyendo. La SGM 2013 no podía empezar mejor, con dos tríos presentando sendos nuevos discos y demostrando, otra vez, que tienen en el directo su mejor virtud (entre muchas). La organización (exquisita, como siempre) se marcó una estupenda fiesta con dos espectáculos muy muy distintos pero que creo que cumplieron con creces. Si tengo que elegir, me quedo con las sensaciones de las australianas, incluso aunque deba reconocer que como show es más completo el carnicero. Pero ciertamente, se complementan estupendamente. El único pero (por una cuestión egoísta) es el habernos quedado sin La Aristocracia Del Lumpen, tendremos que dejarlo para otra ocasión…


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