GEOMETRIC VISION: Dream (SwissDarkNights 2013)

31/12/13
Hay discos que tienen extrañas cualidades. Discos (o grupos) que son capaces por sí mismos de producir en quien los escucha -si éste está mínimamente dispuesto, claro- sentimientos, sensaciones, recuerdos, etc. que nada tienen que ver con el disco (o el grupo) en sí. Que no tienen relación alguna con calidades, ni siquiera con cualidades. Que no dependen de estilos, modas, aspectos, estéticas. No dependen de nada más que de la capacidad intrínseca de mover determinadas fibras en el escuchante; hilos que cuelgan, diferentes en cada persona, de recovecos de la memoria que conscientemente no sabías que existían, desconocías su longitud y profundidad. Cuerdas, en mi caso, cabos que de repente una nota, un acorde, una canción, pulsan y estremecen. Sin darte cuenta casi. Repentinamente te ves en otro lugar, en otro tiempo, en otra época. Sin consciencia, percibes todo de otra manera, fuera completamente de la realidad que te circunda. Tiempos ni mejores ni peores, pero sí más frescos. Más intensos por ser más nuevo todo, por falta de experiencias con las que contrastar. Vívidos recuerdos de virginidades auditivas. Que ya no recordabas, que pensabas casi que no habían sido, a fuerza de no tener memoria de ellas. Y entonces, llega un disco (o un grupo, je) y rompe todo. Da un virtual puñetazo y vuelves a tener treinta años. O veinte o quince. Vuelves atrás en el tiempo, imagino que en cada caso concreto el salto será distinto, como es diferente quién o qué lo provocan. Créeme, pues hay discos que hacen eso. Y yo no sé cómo.

Geometric Vision es un trío italiano que debutan en formato CD con este Dream, del que ahora (antes también, por supuesto) hablamos. Diez canciones que tienen esa extraña virtud que comentaba antes. Desde la primera pieza, Chant d'Automne, desde ese primer recitado baudelariano, desde ese francés que funciona tan bien, se empieza a producir el viaje. Cierras los ojos y notas como la temperatura baja diez grados, casi notas el aliento frío del rapsoda al declamar los preciosos versos. Entras totalmente en ambiente, con ese canto de otoño. Solitude Of The Trees marca desde que comienza con ese bajo tan característico (impecable el trabajo de Gennaro Campanile en esas cuatro cuerdas), con esa caja de ritmos, la voz aguda de Ago Giordano, desde el pulso rítmico hasta la bonita (y helada) melodía, por dónde discurrirá todo el “sueño”. Melodías coldwave puras, con aliño afterpunk y la cantidad adecuada de sintetizador clásico. Una vuelta a 1981 en toda regla. Un viaje en el tiempo. Un regreso décadas atrás. Una delicia, vamos. Never Stop The Dance me tiñe las canas. De repente vuelvo al garito que me acogió tantas tardes noches en aquellos, vuelvo a ver a los mismos tipos bailar, saboreo los mismos brebajes que entonces (tranquilos, chicos, los años mejoran el gusto)… continúo mi proceso de reaprendizaje. We Have No Time es puro postpunk moderno. Con los ojos puestos en el clásico, pero la guitarra de Roberto Amato emparenta inmediatamente con ese revival que vivimos (sufrimos y disfrutamos, vida en suma) hoy de esos sonidos otrora añejos, ahora revisitados tantas veces. En este caso el pariente es el talentoso, el casi genial, pues nada envidia a ninguno de los grandes nombres. Nada palidece en la comparación. La sencilla melodía te arrastra sin pausa. Te lleva y se queda contigo. Hasta que el brutal bajo de Skies rompe el hechizo. Fría y cortante como el hielo azul. Las escalas de las teclas apoyan esa atmósfera helada. Oscura, ochentera también, todo encaja como un guante. La guitarras afiladas pero no demasiado, las voces reverberantes, el bajo que sigue martillando, los teclados, la caja… Uno de mis cortes preferidos de todo el disco. Y eso que hay muchos. In My Cold Room tiene estilo y elegancia para regalar. Otra melodía aparentemente sencilla, otro teclado dibujando fino, finísimo. El resto de instrumentos van componiendo capas por encima, multiplicando el efecto. De nuevo vuelvo a hace mucho tiempo. De nuevo se deslizan ante mis ojos imágenes que tenía casi olvidadas, que creía inexistentes incluso. Primeros zarpazos en el alma, primeros arañazos, primeros… todos. La belleza de una melodía. Llevada al extremo. Two Rums (I Miss You) Four Rums (I Lost You) la podrían haber hecho Aviador Dro si hubieran sabido. Y si hubieran sido ingleses, y si. Demasiados y si. Ese ritmo trepidante, el teclado vibrante. Casi ves la ropa de plástico multicolor y los peinados imposibles. Dan ganas de maquillarse. Stranger cambia de nuevo, ligeramente, de registro. Mucho menos nuevaolera que la anterior, retoma el pulso afterpunk frío con teclados. Debería sonar a todas horas en todas partes. Debería enseñarse en los colegios casi. Es una canción de esas que no cansan, puedes oírla una o mil veces. Imprescindible como un anillo con calavera, esencial como In The Flat Field. I’m In Space confirma que estamos en algún lugar hace tres décadas. El aire huele a ozono y a humo seco de ese. Y a laca y a jabón cardados. Un póster de Annie Lennox en una pared y otro con una foto de Depeche (con Gahan con mechas rubias y traje y camisa pastel) en la opuesta. Tres espabilaos bailan a su bola en la pequeña pista y un tipo le cuenta a otro lo maravilloso de ser bisexual. Se ven pocos sombreros, aún, se ve mucha chavalada intentando encontrar su estilo. Algunos lo harán. Justo antes de que la nostalgia me dé arcadas comienza el último corte del disco, Dream. Onírica como el título, con las voces desdibujadas al fondo, es el cierre perfecto para que te apetezca empezar de nuevo. Volver al pasado, degustarlo despacio. Volver no para quedarse, inútil y absurdo sería renunciar a lo logrado y a lo aprendido en estos años, volver para saber que está ahí todavía. Que esas sensaciones siguen (y seguirán hasta que muera, sea pronto o tarde) en lo más profundo del corazón. Volver para mantener viva la esperanza de que se sigan haciendo discos que permitan esto, discos que te toquen tan dentro. Discos con juventud, insultante juventud, en cada surco.

Recuerda que lo puedes adquirir vía SwissDarkNights o a través de nosotros. O también enviando un correo electrónico a laletracapital@hotmail.com.


EDREDON: Yuri Triem (Origami Records 2013)

Los madrileños EdredóN acaban de dar a luz (bueno, exagero, salió a finales de octubre) su segundo trabajo tras el esperanzador debut de hace tres años. Yuri Triem es su nombre y da una vuelta de tuerca a lo ya demostrado en el disco citado: pop, electrónica, buen gusto… krautrock, sintetizadores de sabor añejo, indie… atmósferas, capas, tejidos futuristas… podríamos seguir así dos horas y, por fortuna, no estaríamos ni un centímetro más cerca de “definir” lo que la banda entrega en este CD. Si algo distingue al quinteto (ahora mismo cuarteto), aparte del eclecticismo absoluto, es la también absoluta no-intención de sonar como nada, como nadie. La tremenda capacidad para ser distintos en cada canción, incluso dentro de la misma canción. Eso tiene un ligero defecto, que se acentuaba en su disco homónimo: lo deslavazado del concepto hace parecer casi un recopilatorio cualquier disco, cada tema parece no tener nada que ver con sus “hermanos”. En Yuri Triem, si bien el eclecticismo se mantiene, las diferencias se han limado un poco (probablemente la producción de Sam Willis tenga bastante culpa) y hay una mayor unidad estilística. Identidad lo llaman. Pues bueno, creo que, lo sea o no, es lo de menos. A mí me gusta que requiera un esfuerzo encontrar puntos de unión, nexos entre canciones, incluso referencias e influencias, numerosas pero no tan obvias. Me gusta que no sea sencillo encajonar, clasificar, cuadricular a un grupo. Intentemos, pese a todo, dar algunas pistas.

Yuri Triem se mueve con desparpajo en una tesitura redondeada, plástica, como de futuro setentero. Como un cruce entre 2001 y cualquier fantasía de anticipación de la época. Un toque pulp, un toque vintage (que se lleva mucho ahora el palabro). El uso indiscriminado de teclas de inspiración analógica recuerda esa ciencia ficción cuyo futuro esbozado ya hemos superado, sin por supuesto acercarnos. Un lugar donde reina el teclado, sin disfraces, el que persiguen temas como la esférica e iniciática Caballero!, una especie de extraño encuentro entre el rock y el pop electrónico, oscuro y retro; la reventona y kraftwerkiana Ripoll; la evocadora y enmadejada Matinal. Un lugar también donde la guitarra distorsionada tiene mucho que decir, no está ausente de las piezas más sintéticas, ni siquiera de las citadas pero tras escuchar Palmarés un par de cientos de veces (por nombrar una, también podría decirse lo mismo de Cosmic Chicken), echo de menos más peso en las cuerdas de algunos temas. Densas, intensas, repletas de matices, especialmente Palmarés. Por el contrario, Madame Toussaud se mueve en una calidez inusual, como si la frialdad inducida por Safe Houses (clarísimo single, tal vez sea la más accesible, sobre todo para el público indie) hubiera desaparecido del todo. La voz lejana, casi ininteligible y difusa hace un poco de contrapeso, pero no lo bastante. MToussaud da paso a Interrelox, que nos devuelve a ese futuro distópico intuido en los cortes anteriores, distorsionado como esas guitarras y sus resonancias infinitas, pura esencia shoegaze tortuoso, un tema que segurísimo que gana en directo (como pienso que sucede con todos, si son capaces de acometer el mismo sin echar en falta arreglos). Lottery Man cierra el CD y es, sin embargo, la canción que menos me llega de todas. La más alejada de mi gusto probablemente. La “dejadez” en la manera de cantar, seña de identidad cuando EdredóN decide quitarse la careta instrumental no ayuda mucho en este caso. Una pena por ser el cierre, pero que no empaña el hecho de que es la excepción en un álbum estupendo.

Yuri Triem es uno de esos trabajos que ganan con cada escucha, uno de esos discos que te reconcilian con la música sin apellidos, que te abren la mente y que te enseñan a mirar más allá del tópico. Lejos de etiquetas, de estilos, de definiciones torticeras. Música bien hecha. Sin más. Ni menos.


FUNERARY CALL: The Mirror Reversed - Part 1 (Cyclic Law 2013)

El legendario proyecto canadiense Funerary Call (o lo que es lo mismo, Harlow Macfarlane) recala ahora en Cyclic Law y presenta un nuevo mordisco: The Mirror Reversed (según la promo Part I aunque en el disco no se indique el ordinal). Limitado a quinientos ejemplares, en cuidado digipack diseñado por Dehn Sora y masterizado por el propio Frederic Arbour, estamos ante un larguísimo (y único) corte de más de cuarenta y siete minutos que trata de reflejar lo que representa, siempre desde el personalísimo punto de vista de Macfarlane, el Árbol de la Muerte, como contrapunto del Árbol de la Vida, ambos de la tradición cabalística hebrea, luego adaptada por innumerables religiones y creencias. Ya sabes, los sefirot o las diez emanaciones de Dios (Kéter, Jojmá, Biná, Jesed, Gevurá, Tiféret, Netsaj, Hod, Yesod y Maljut) a través de cuyas “bondades” se creó el mundo y sus contrapuestos Qlifot, como caras o huestes de la maldad (Taumiel, Jaigidel, Satariel, Gamjikot, Golajab, Tagirion, A'arab Zarqa, Samael, Gamaliel y Nehemot). No deja de ser, si profundizas un poco, un sistema medio mitológico, medio teosófico bastante interesante, todo esto de la Cábala y la Gematría. Incluso dejando aparte posteriores esoterismos.

Centrándonos en el disco en sí, se comprende que desfilan por esa inspiración, demonios, diferentes estratos infernales, distintas entidades que reinan de algún modo en ese caos informe que describen esas añejas tradiciones. El bueno de Macfarlane lo intenta, como viene siendo norma en el proyecto, a través de un negrísimo black ambient, oscuro, malsano y, por supuesto, delicioso y embriagador. Es complicado definir adecuadamente un disco como este The Mirror Reversed o, por lo menos, ser lo bastante ajustado como para que te hagas una idea ANTES de escucharlo. Es complicado por lo de siempre, es difícil definir o encuadrar texturas, sonidos diversos, atmósferas… es arduo concretar la abstracción, cuanto más cuando ésta es bastante pura. Sí que se puede decir, no obstante, que pese a tratarse de un único corte, hay “momentos” diferenciados, hay ciertos altibajos sonoros que permiten de algún modo convertir una pieza de tres cuartos de hora en trozos “masticables” o al menos en todo lo digerible que puede ser un ladrillo sonoro de estas características. Sin letra, por supuesto, casi sin melodía muchas veces, solo sonido hacedor de sensaciones, solo (no es poco, no) “ruido” capaz de transmitir imágenes, ambientes, temperaturas incluso. Decía antes que es un disco (y un proyecto, que llevamos desde los noventa degustándolo) oscuro, tenebroso y malsano. Transmite perfectamente estas sensaciones, no hay nada bueno detrás de todo ese muro sónico enfermo. Nada que permita mantener ningún tipo de esperanza. Es un álbum conceptual, ocultista, deliberadamente hermético e increíblemente desolador y tétrico, con partes absolutamente terroríficas y otras dónde la tensión se mastica como polvo en la boca: un impresionante puzle que debe ser degustado (o así lo creo) preferiblemente de noche, sin distracciones, otorgándole la atención que merece. Solo así se puede percibir toda la magia que encierra. Sí, es extremo; sí, es áspero. Es exactamente el tipo de sonido subterráneo y helado capaz de sugerir una verdadera tormenta de sensaciones, oscilantes entre el miedo puro, primigenio, arcano y el deseo de comprender esa incognoscible maldad, esa ininteligible expresión del horror más puro, menos justificado (si es que alguno lo está). Delicioso y embriagador, decía antes. Tanto como maléfico y ritual. Un ritual ciertamente terrible, como solamente músicos del empaque y el talento de este buen tipo es capaz de transmitir. Místico, sobrenatural, demoníaco también. Si en el infierno escuchan música, tienen un nuevo referente que pinchar a todas horas. Es la perfecta banda sonora del mal.


PARHELION & ZAC KEILLER: Farthest North (Cyclic Law 2013)

Farthest North es el nombre que recibe la colaboración musical entre el proyecto canadiense Parhelion y el artista australiano Zac Keiller. Ambos caballeros se han especializado en los últimos tiempos en darle forma sonora a paisajes desolados, si bien el amigo Keiller lo hace desde un punto de partida más experimental y un poco menos ambiental que el del oscurísimo Ihor Dawidiuk. En este caso la “musa” e inspiración es el más lejano norte del título y dicho nombre no podría ser más acertado. El frío, desolado, solitario e inmenso norte. El helado. La intención es hacer sentir al escuchante las sensaciones y sentimientos que pueda generar ese tipo de paisaje y a fe mía que lo logran. En ocasiones acercándose a los mejores Lycia (que también tuvieron su acercamiento al tema en Cold, aunque fuera desde otro prisma), en otras desde una perspectiva más orgánica, en otras más experimental. Un disco que combina perfectamente momentos de gran densidad con otros de delicada y casi minimalista belleza. A través de loops sonoros, samplers, voces susurradas, casi murmullos, un sinfín de elementos que en conjunto atrapan al oyente, lo sumergen en esa sensación de amplitud helada, de paisaje infinito, terriblemente bello. No estamos no obstante, ante un trabajo narrativo, no hay una continuidad entre los temas que desarrolle un discurso coherente, sino que se trata de uno de esos discos casi conceptuales que hace de sus siete temas, siete pedazos, siete maneras de observar y recrear esos panoramas inmensos de hielo y nieve. Atmósferas recreadas, opresivas en por ejemplo In The Midst of Eternal Ice. Ambientes fríos, helados, muertos en su desolación, en el tema homónimo, Farthest North. Para mí, los dos mejores cortes del CD, si bien es complicado destacar alguno, tanto por el nivel de piezas como la oscura Opal Sky o la experimental Perfect Desolation, que perfectamente podrían ser una de esas dos elegidas, como por la ausencia de alguna “canción” que pueda parecer inferior. Difícil subrayar mejores y peores, todas rayan a gran altura.

Uno de esos discos para escuchar y degustar tranquilamente, con la luz apagada (tal vez incluso mejor con cascos), preferiblemente en soledad. Soledad que ya de por sí se hace más grande al seguir el recorrido que ambos artistas proponen, logrando esa áspera sensación perseguida surco a surco, esa tremenda percepción aumentada, nota a nota, ruidito a ruidito. Un dibujo perfecto, una estupenda fotografía a veces fija y otras no, un magnífico retrato de ese lejanísimo norte (más para el 50 % australiano, claro) que no es necesario explicar, pero que apetece sentir una y otra vez. Una abstracción, oscura, amplia, calmada. Dura como el hielo, espacial de algún modo. Porque esa es otra de las facetas de Farthest North: la capacidad de abrir la mente tanto como el propio espacio, también oscuro, también frío, también desolado. Un estupendo, en definitiva, ejercicio paisajístico musical. Un ejercicio que arrastra el dark ambient a cotas difíciles de superar. Un disco para reposar la mente y escuchar tantas veces como se pueda. Calentito, preferiblemente, eso sí.

Farthest North está editado en digipack de seis paneles, limitado a quinientos ejemplares y con un dvd a modo de bonus que proporciona a través de sus imágenes una experiencia audiovisual añadida.


CANIS LUPUS: Shape Of The Ghost (Gothic Music Records 2013)

27/12/13
Últimamente la otrora mucho más metálica Suecia (obviemos ABBAs y Roxettes) es un vergel en el que resplandecen (es un decir) un buen puñado de bandas góticas, en el sentido más purista del término. Incluso en laletracapital nos hemos hecho eco de los trabajos de grupos como Brotherhood, Ritual Reaper o Les Fleurs Du Mal. Sí, ya sé que justo estos tres son malos ejemplos pues, si bien sí son de ese trozo de Escandinavia, no son estrictamente góticos. O al menos, no solo. Con Canis Lupus (gran nombre) haremos una excepción: comentaremos un álbum de un grupo sueco tan puro en sus planteamientos Gothicrockeros que la propia promo define como el encuentro entre Sisters Of Mercy y Nosferatu. Vamos, más auténtico y clásico que el sombrero con chorreras. Tanto que de primeras echa para atrás, musitando aquello de “otro grupo más de guitarras, caja de ritmos y voz cavernosa”. Llámalo prejuicios pero es que hay taaaaantos grupos por ahí haciendo eso mismo... repitiendo una y otra y otra vez los mismos esquemas, los mismos riffs, los mismos ganchos incluso… Bueno, confiemos en el proverbial buen gusto de Mr. Terramortis (capo de Gothic Music Records) y en lo que parece prometer el excepcional libreto de veinte páginas que acompaña al CD. Play.

Canis Lupus no son unos recién llegados a este palo, si bien este Shape Of The Ghost es su primer “plástico”. Se formaron en 1999 y han ido sufriendo cambios de formación, separaciones y “arrejuntamientos” desde entonces. Tienen varias demos repartidas aquí y allá y una trayectoria de conciertos bastante respetable en una banda sin nada publicado oficialmente. Hasta ahora. Shape Of The Ghost recupera algunas canciones de demos anteriores y, sin ser un exhaustivo recopilatorio, tiene ese toque deslavazado entre temas, que en ocasiones resulta bastante irritante, pero que esta vez (aparte de lógico) no supone un problema, toda vez que el estilo en estos años se ha desarrollado de una forma continuada, sin saltos ni estridencias. Symmetry recuerda en el timbre de voz a los alemanes Dreadful Shadows, pero es solo un matiz. Filtrada, rítmica, es gothic rock puro de reminiscencias noventeras pero con una pátina actual y moderna que entronca a estos lobos del norte con esa tercera oleada de la que tanto hemos podido hablar (y disfrutar) en este 2013 que ya termina. Shine My Light es mucho más bailable, rápida y tarareable. Pegadiza, vaya. Rescatada de la demo Chasing the Gods de 2005, resiste perfectamente el paso del tiempo, podría ser de ayer mismo. Uno de los temas que más me gustan de este Shape Of The Ghost. Alone combina voz masculina y femenina y acentúa unos teclados, muy presentes en este tema, quizá uno de los menos ortodoxos (entiéndase el término) del CD. Ritmos complejos, cuidados al milímetro, para un tema deliciosamente ejecutado. Sorprendente pero no tanto como el inicio de Black Magic Dance que amenaza electrónico pero que recupera rápidamente el tono gothicrockero. Con las guitarras ardientes propias del género y todas las características habituales. Pero con la adición de esos teclados que equilibran la canción y le otorgan más matices, diferentes texturas sónicas. Mantra redondea los temas extraídos de la demo citada. También se inicia electrónica pero le cuesta más entrar al rockeo gótico. La forma de cantar, algo más tópica de lo habitual, no desmerece un mantra que seguramente fuera un llenapistas allá dónde queden pistas por llenar. Aquí, ya sabemos. Close Your Eyes es un medio tiempo muy en la línea de lo apuntado. Barroco en arreglos, hay momentos en los que se embarulla un poco el sonido con tanto añadido, nada, no obstante, que no enjugue el tono épico y adecuadamente grandilocuente de la composición. De todos modos, en mi opinión, el tema ganaría creo con más contención, con menos detalles a los que prestar atención y que pueden quitar ésta de la esencia misma del corte. Continuando con los tomados de Lights May Pass (2003) suena Levitation. Teclados que sostienen la melodía principal del tema, guitarras a caballo y ritmos tan concisos como contundentes. Voces de nuevo mixtas para otro de esos cortes que se quedan en la memoria del escuchante, mucho tiempo después de terminar. Tampoco inventa nada pero no era necesario hacerlo. Sedative es más rockera, menos murcielagosa. La voz es más protagonista que nunca y puedes notar en la piel los tonos graves de ésta, otra vez en la más pura tradición de lo que siempre ha sido el rock gótico escandinavo. Mil ejemplos hay. Las teclas suavizan la necesaria aspereza de las guitarras y la canción va creciendo y desarrollándose, va conquistándote con cada nueva escucha. Para terminar tenemos Calling. La canción de procedencia más antigua de todo el CD (once años ha) tiene en los cambios de ritmo, e incluso de registro, uno de sus puntos fuertes. Aunque no es el único. Las guitarras tienen mucho que contar todavía y en Calling lo describen, demostrando que hace más de una década estos suecos ya sabían muy muy bien lo que se cocía. Perfecto cierre para el disco, desde luego.

Un disco que, otra vez, demuestra con creces por dónde van los tiros en el gótico actual y que mantiene a Suecia como uno de los países que a día de hoy exporta mucho de lo interesante en cuanto a escena oscura se refiere. Un disco, limitado a solo 1000 ejemplares, que, por supuesto, puedes adquirir vía Gothic Music Records o a través de nosotros. O también por correo a laletracapital@hotmail.com. Una buena adquisición para terminar el año, sin duda alguna.


TARJA DE GIRA POR ESPAÑA

18/12/13


DEATH IN JUNE EN BARCELONA



THE FLOOD: In Love Or Despair (Danse Macabre 2013)

17/12/13
Hay electrónica y electrónica. Indudablemente. Depeche Mode son electrónica. Deine Lakaien también. Y Front 242, por seguir con los clásicos (he estado tentado de citar también a Vangelis, hablando de clásicos, pero sería a lo mejor rizar el rizo). Y, por supuesto, toda la cohorte de Ebemeros más o menos duros, más o menos oscuros. Lo dicho, hay electrónica y electrónica. Reconozco que cuando recibí este disco (cortesía de Danse Macabre) y el resto de los que lo acompañaban (próximamente, pero no en los mejores cines, en estas mismas páginas) me surgieron dudas. Qué puedo yo decir de un disco de este estilo, etc, etc. Pues lo primero que debo decir es que lo que aquí hace Mr. Hof es pop. Fundamentalmente pop. Basado en sintetizadores, sí; a ratos bailable, también; con ramalazos oscuros e influencias de la darkwave (fundamentalmente de la germana de los noventa), claro. Pero pop, pop de lo más resultón. Muy bien hecho, por cierto.

El proyecto de Markus Hof (aunque cuenta con la “ayuda” de Manuel Richter y de las guitarras de Thomas Haubner de cuando en cuando) debuta en CD largo con este In Love Or Despair (tras su Something In The Way, ep del año pasado) y lo hace desarrollando sus composiciones en algún lugar intermedio entre el tecnopop primigenio y las grandes y electrónicas bandas alemanas de la década antes citada. Lo hace sin esconder influencias, recubriendo la sobresaliente voz (a la altura de los mejores, si no por encima) de un pelaje típicamente sintético, tan frío, tan bailable, tan delicioso como puedas imaginar. De vez en cuando además, adoba lo anterior de oscuridad bien entendida y de alguna manera abandona un poco la “felicidad” y lo cristalino de ese sonido que tan fácilmente etiquetan por ahí (lo siento, no puedo con lo de Futurepop; al cumplir el Future veinte o treinta años, ¿no deja de serlo?). Vamos que se agradecen los nubarrones por más que sean poco frecuentes. En conjunto, resulta difícil destacar alguna canción por encima de otras, todas tienen un nivel similar. Sí que sorprende dicho nivel (bastante alto) en un disco debut. No es muy corriente encontrar en un primer trabajo, tanta calidad, tanta canción redonda, tanto tema al que resulte francamente difícil poner alguna pega mínimamente objetiva. Sí, puede que por una cuestión de estilo, este no sea tu sonido favorito, pero ese es otro tema que nada tiene que ver con lo que hablamos. Lo hacemos de catorce cortes entre los que no tengo demasiado interés por destacar ninguno. No estaría bien, no sería justo. Si no tengo más remedio que quedarme con alguna, tal vez la estupenda Never Wanted sea una de mis favoritas. Bastante más atmosférica que en la versión original (ya estaba en el EP de 2012), las texturas, la envoltura dramática, la adición de capas de sonidos a una composición que ye era brillante per se, la hacen especial. Al menos hoy, pues este es uno de esos discos que te hacen cambiar de “favorita” en cada escucha. Las guitarras omnipresentes y tratadas de Don’t Miss You, también me parecen dignas de mención y le otorgan al tema un aire completamente darkwavero, muy agradable de escuchar. Se apoyan en unos ritmos crecientemente más complejos y la voz (siempre la voz) llena de matices termina por redondear un conjunto también destacable. Melodías elaboradas a la vez que cristalinas, sentimientos perfectamente expresados que nada tienen que envidiar a los “grandes” nombrados, nada de nada. No tiene The Flood la profundidad de Deine Lakaien, tampoco seguramente lo pretenda. No tiene la frescura del primer tecnopop, treinta años son demasiados. Pero no me cabe ninguna duda de que a los fans de ambos “extremos” (si es que lo fueran, que tampoco eso lo tengo demasiado claro) les debería gustar este In Love Or Despair. Les debería gustar mucho.


NUEVO PROYECTO DE KOVALSKI

16/12/13
Kovalski compondrá la Banda Sonora del nuevo videojuego de Fictiorama Studios.



El grupo de rock madrileño está trabajando en un nuevo proyecto: la banda sonora de “Dead Synchronicity: Tomorrow comes Today”, primer capítulo de la nueva aventura gráfica de Fictiorama Studios. Descrita por algunos medios especializados como “la aventura gráfica más ambiciosa de 2014” o como “una aventura gráfica española sin igual”, Dead Synchronicity da a la oportunidad a Kovalski de desarrollar su creatividad musical en un nuevo y estimulante ámbito: el videojuego. Así, la banda, compuesta por Nayra García (bajo y teclados), Mario Oliván (Guitarra solista) y Alberto Oliván (voz, composición, guitarra rítmica y programaciones), estará trabajando en ello hasta mediados de 2014.


¿Qué vas a hacer cuando el tiempo se disuelva? Con esta inquietante frase nos asomamos al nuevo proyecto de Fictiorama, que fue presentado con notable expectación en la Feria londinense del Videojuego Adventurex. A ella acudieron representantes notables del mundo de la aventura gráfica y del videojuego como Charles Cecil, cofundador de Revolution Software y uno de los creadores de Broken Sword. Dead Syncronicity pudo ser jugada en versión demo, y se presentó una de los primeros temas de la banda sonora como acercamiento a lo que será; nosotros nos quedamos con la frase de C. Cecil al oírla… “Love the music!”.

¿Quieres escucharla? Entra en: https://soundcloud.com/kovalski-rock/kovalski-dead-synchronicity

Página oficial de la banda: www.kovalski.org
Spotify de Kovalski: https://play.spotify.com/artist/28ul79FdRceXGkg0p898Md
Página web de Fictiorama Studios: http://www.deadsynchronicity.com/


THE DARK SHADOWS: Autumn Still... (Select-A-Vision Records 2013)

Existen un sinfín de grupos que manejan perfectamente bien su estilo, que son capaces de ampliar horizontes, de trascender lo meramente formal y que, ajustándose a los parámetros con los que han decidido acometer la intención de expresarse artísticamente, logran exactamente lo que se proponen, sin alejarse un centímetro de SU género escogido. Existen, lógicamente, aún más grupos que tratan de llegar a lo anterior, pero que fracasan en el intento. No consiguen sonar lo bastante bien o no consiguen superar sus propias influencias y se convierten en “más de lo mismo”. Del mismo modo, existen otras bandas (pocas, muy pocas, estas son muy escasas) que lo que hacen es (a fuerza de mezclar gustos, influencias, inspiraciones, …) tremendamente diferente a cualquier cosa que hayas oído antes, siendo al mismo tiempo tremendamente sencillo rastrear algunas de sus innumerables raíces. Bandas que suenan distinto a todo, pareciéndose a la vez a un montón de grupos y estilos, lo suficiente como para resultar atractivas al público potencial de todos esos estilos. De entre estas pocas, algunas (poquísimas) consiguen también resultar excepcionales dentro de lo ya original. Exquisitas dentro de lo excepcional. Delicadas y elegantes perlas con las que te encuentras muy de vez en cuando pero que cuando lo haces no puedes sino rendirte a lo obvio. The Dark Shadows son, para mí, una de estas delicatessen. Un trío de sydneysiders que mezclan sin ningún tipo de vergüenza (ni falta que les hace) afterpunk, siniestreo, rock’n’roll y cualquier estilo que se os ocurra que acabe en billy para hacer un sonido tan personal como accesible, tan trabajado como refinado. Autumn Still… es su segundo disco largo y se presentó recientemente en vinilo limitado a 333 ejemplares y en digipack. Compendia tema de sus recientes singles (Eisbar, Distant Mind, Written In The Snow) y eps (Invisible, 11:11), con un puñado de temas nuevos. Vamos con ellos. Con todos.

Distänt Mind rompe el hielo. Después te rompe a ti por dentro. Llena de fuerza contenida, oscura, elegante, intensa… como dijimos ya en su momento: pop con energía punk o punk con dulzura pop. Como prefieras. La actitud es la misma… The Boy From Berlin es uno de los temas nuevos. Un medio tiempo, de sabor clásico, con bellos coros y taaaan europea… una letra cuidada (tampoco es ninguna novedad) hace el resto. Una de esas canciones que no te cansas de escuchar una y otra y otra vez. Line Of Sight ya apareció en 11:11, es vieja conocida. Vuelven a destacan los coros en un corte mucho más rockero, de sencilla estructura pero engañosa simplicidad. Tarareable a más no poder. Oscura y bailable al tiempo. Déjate mecer por su cadencia, déjate empapar por la lluvia. Una versión, la conocida de Grauzone, Eisbär, tremenda. Con la guitarra haciendo de teclas, aportando intensidad y originalidad. Muy respetuosa con el tema original, lo dota de una energía diferente, más fuerte, más urgente, más potente. Y menos fría, eso también. Emergency, del EP Invisible. La vuelta al clasicismo rockero. Rock relajado, tranquilo, para paladares exigentes, para degustar despacio. No hay prisa pese al título, no hay premura en paladearla, no es necesario apresurarse. Disfruta cada nota, cada palabra entonada, cada golpe de baqueta. Estaríamos tremendamente impresionados si fuera la primera vez que oyéramos la canción, si acabáramos de conocer al trío neosurgalés. Still Lives... recitada. Preciosa. Otra de las rescatadas de Invisible en este disco tan otoñal como reza el título, combinando frialdad y calidez, melodías secas como hojas, con melancólicos aguaceros. Still Lives… con el sabor que le da la guitarra acústica y el empaque del texto medio susurrado. Si no te pone los pelos de punta… háztelo mirar. Nobody Knows, ochentera, pop, una de las nuevas. Una letra que habla, en el fondo, de la importancia de lo importante, filigranas vocales (en la principal y en los acertados coros) que revisten la melodía, virtud fundamental del tema. Tres minutos y medio de la cara más dulce de las australianas como demostraron recientemente en su última visita a Europa. Llevamos medio disco y las impresiones no pueden ser mejores. Written In The Snow...no puede hacer otra cosa que confirmarlas. Si digo que es una de mis canciones favoritas, posiblemente me quede corto. Las líneas que dibuja la guitarra perfectamente sustentada en el grueso trazo de la sección rítmica que en esta canción (concretamente, aunque lo haga en muchas) supera con creces el notable, la indiscutible fuerza que destila, imposible quedarse quieto. De verdad, de verdad, un temazo. La cara opuesta a Scissors, balada de terciopelo, perfecto contrapunto al arrase anterior. Otra canción nueva, otra muesca más que añadir a las anteriores. Nocturna, casi nictófila, morbosa e inquietante, a la par que bella (o tal vez precisamente por esto). Porque la garra no es solo guitarreo. No solo de ritmos rápidos y desatados vive el escuchante. Pese a lo que parezca indicar el punteo inicial de Dark Shadow. Rescatada de 11:11, el corte se arrastra sinuoso como la sombra del título y es de esas que se te meten en la cabeza y ya no te sueltan. Buena culpa la tiene la contención no exenta de energía. Y los cambios de ritmo, claro. Otro de los “must” de la carrera de las mocicas estas. De Silent Screams ya hablamos también en su momento. Letanías dulces, voces de fino satén, letras desgarradoras. Estamos solos ante el miedo y el dolor. Y que te lo cuenten meciéndote… Ya está terminando el CD, solo resta Twinns. Otra nueva para terminar, por cierto. Las armonías vocales vuelven otra vez a la década de los ochenta, acariciando un medio tiempo que, de nuevo, parece indicar el camino, el nuevo rumbo que emprenden The Dark Shadows, un rumbo menos evidente en ritmos que en sus comienzos, con más lugar para el sentimiento, para la sensación a flor de piel, más desnuda, menos envuelta en ritmos acelerados. Igual de intensa, eso sí, eso no se ha perdido con la ralentización de compases. Realmente más que un nuevo sonido es una lógica diversificación del de siempre. Es una ampliación de miras, un abrazar más influencias y una también lógica madurez estilística.

Decir que Autumn Still… es un gran disco sería una obviedad. No decirlo, una bajeza. Decir que el que suscribe disfruta como un enano con la sabia mezcla de estilos aquí supuran, sería repetirse. La elegancia, la sofisticación, la energía a diferentes temperaturas, la capacidad casi infinita de emocionar, están presentes en las doce canciones que conforman el CD. Aun así, cabe la posibilidad de que no haya sido capaz de expresar por escrito todo lo que te dan esa docena de piezas musicales, puede ser que no haya quedado claro. Quizá no estés de acuerdo (o no del todo) o alo mejor lees estas líneas y crees que lo dicho no es suficiente como para comprártelo, pero claro, estarás equivocado. Autumn Still… es un imprescindible en cualquier discoteca que se precie de serlo. El tiempo te lo demostrará si no lo ha hecho ya, no me cabe duda alguna.


STEREOMOTION: Days Of Faith (Danse Macabre 2013)

9/12/13
La electrónica bailable nunca ha estado entre mis estilos preferidos. Vaya por delante. De hecho, nunca he escuchado nada de ese palo que me haya llamado lo suficiente la atención como para merecer una segunda escucha. Electro (y sus doscientos mil apellidos, tan imaginativos como fatuos y, en muchas ocasiones, sobreactuados), EBM o ese grandioso saco de la electrónica oscura que llenó de bakalas los antros góticos de mediados de los noventa. Mentiroso el saco, también, pues oscuro, oscuro, lo que se dice oscuro… Y todas las infinitas variantes, subvariantes, fusiones entre estilos, zarandajas varias. Que si Harsh, que si Aggrotech, que si, incluso, Futurepop, Synthpop, etc, etc. O sea teclados, ritmos acelerados (dichosos bpm) e intención bailable. Durante muchos años, para mi chunda chunda con más o menos ínfulas. Para más INRI, de un tiempo a esta parte, casi todos esos estilos acumulan el adjetivo Old School o el prefijo Nu. Sin medida ninguna, además. Etiquetas todas que me han dejado siempre bastante frío. Por ser suave.

Pero, indudablemente, me he hecho mayor. Mal que me pese. Y los años me han dado el suficiente juicio (vosotros diréis si es malo o bueno, a mí a estas alturas me da bastante igual) como para intentar hablar o reseñar o criticar un disco tratando de ser objetivo y de salirme del guión que me plantea mi propio gusto personal, que a nadie más que a mi concierne. Salirme de la obviedad de discriminar en “bueno” o “malo”, lo que solamente significa “me pone” o “no me pone”. Y llego a conclusiones, claro. Si puedo discernir y hablar de algo saliéndome del corsé del paladar propio, si puedo ser capaz de explicaros (hasta el punto de que os aumenten o disminuyan las ganas de acercaros o alejaros de un disco o grupo) las sensaciones que podéis experimentar a la escucha de determinado trabajo. Lo voy a intentar, por lo menos. Ya me diréis que sale.

Tengo entre manos un bonito digipack con lo último de los germanos Stereomotion y veo (leo) que el bueno de Bruno Kramm (musicazo en Das Ich y capo en Danse Macabre) ha intervenido en la producción. Hojeo (y ojeo) el libreto mientras pincho el CD. De inmediato los ritmos, los teclados, las adiciones de capas electrónicas sobre más y más capas del mismo corte me llenan los oídos. Ya incluso en el Prologue. Suena europeo, suena alemán, suena a la Electronic Body Music de siempre, la bien hecha (más allá, insisto, debo hacerlo, de gustos). Voces lo suficientemente recias; ritmos, suficientemente fríos. Hay temas más oscuros que otros (dentro de lo dicho), temas en los que si sustituyes teclas por cuerdas de guitarra afilada te encuentras con otros estilos mucho menos ásperos, mucho menos bailables. Es el caso, por poner solo un ejemplo o dos, de The Voice Of Freedom o de In My Arms, dónde hay presentes matices que no acostumbran a encontrarse en piezas más puramente danzarinas (Days Of Faith o Fallen son buenos ejemplos, entre las más dirigidas a la pista de baile). No todo van a ser los sempiternos beats per minute (puto beatmatching), parecen demostrar la más introspectiva Rebellion Of Dreams, que acerca el sonido a otras ramas, también electrónicas, pero mucho más introspectivas, rozando la época dorada del tecnopop ochentero o la melancólica Unbreakable, con un Florian Jäger de garganta acariciante, transmitiendo sentimientos. Por todo esto digo y no me duelen prendas que este Days Of Faith del dúo Stereomotion, a quiénes debo de reconocer que no tenía el gusto, se marcan en este final de 2013 que nos entretiene un auténtico pelotazo. Que hará seguramente las delicias de pinchadiscos diversos (centroeuropeos mayormente, de nacimiento o afiliación, poco importa) pero también de quienes gustan de escuchar sin la imperiosa necesidad de destrozarse las rodillas bailando. Que debería gustar a cualquier aficionado a la música bien realizada, por lo menos hasta el punto de apreciarlo, si para el enamoramiento se es más “de miras cerradas”. Porque Days Of Faith es un disco muy bien hecho. Tanto si te gusta este palo como si no, de tontos sería negarlo.

NOMADA SESSION 012: SATURNALIA