LOS CARNICEROS DEL NORTE + THE DARK SHADOWS, 31 de octubre de 2013, Sala Wurlitzer Ballroom, Madrid

31/10/13
Noche de Difuntos en Madrid, Día de los Muertos en México. Halloween para algunos, que llena de fantoches disfrazados las calles, capullos que esa noche deciden ser vampiros de pega para demostrar lo mucho que les influencian las festividades de origen celta, Samhain y todo eso. Lo de los USA es pura coincidencia. Planazo que algún imbécil cree en el Gruta 77 y allí se dirige, después todo son prisas. Y es que es en la Wurli, en Gran Vía nada menos, tontoloscojones. En fin, más disfraces, más tráfico, más complicado aparcar. Llego a tiempo, por poco. La noche promete dos conciertos y un espectáculo en forma de presentación de línea de ropa. Finalmente tendremos que esperar para la misma, hasta la clausura de la propia Semana Gótica que hoy se inaugura. Los Carniceros del Norte y las Dark Shadows serán, o eso esperamos, motivos suficientes.

Una máscara blanca que terminará en manos de la enfervorizada fan que tengo a mi derecha. Unas alitas negras y una cresta. Rojo Profundo empieza la historia. Los tres carniceros y su caja de ritmos. Teatrales y ajustados. No suena mal, nada mal. Un poco embarullado el sonido tal vez, pero sin exagerar. Proyecciones al fondo, películas de miedo que inspiran las letras del trío. ¿De dónde se va a colgar Txarly? No hay sitio para ello, repito, no es el Gruta. Ya encontrará alguna solución supongo. Monólogo inspirado, es El Cuervo. ¿Vincent Price? en pantalla, como dando réplica. Mientras atronan guitarras y bajos, el respetable disfruta. No podía ser de otro modo. La estupenda Las Manos De Orlac cierra la “primera parte” del show. Se los ve a gusto, pese al escaso espacio que tienen y a que el público anda aún un poco frío. Nada que no arregle el tiempo, empero.

Miss Muerte y Sardú En El Teatro De Lo Macabro siguen dónde lo dejaron las anteriores. Ya está todo el mundo mucho más entregado y aunque (debiera decir por fortuna) no hay ansias de hacer el bestia, sí que se respira el ambiente de las grandes veladas, ese en el que arriba y abajo de la tarima hay un único sentimiento. Hasta ahora, sólo se ha colado Las Manos De Orlac del reciente 2013 Maniakos, trabajo que presentan en sociedad esta noche. Está siendo un setlist de lo más repartidito. El Ataúd Del Vampiro o Poltergeist, bien interpretadas, me conducen inexorablemente a una de mis favoritas: El Hombre de los Rayos X. Ahora sí que grita todo el mundo, ese “¡Arráncatelos!” se presta a ello. Al alarido desfasado. Grandísimo tema. El trío sigue demostrando que son, indudablemente, un grupo de directo, uno de los mejores del género hoy en día en España. Al menos para mi gusto. Todo lo que pueda parecer repetitivo de un estilo que, no nos engañemos, es lo que es, sobre el escenario queda en segundo plano. La Novia de Frankenstein, Gritos En la Noche o Capitán Howdy deben muchísimo a la excelente representación que de ellos se hace. Pienso que si el grupo se limitara a tocar canciones sin más, sin teatro, sin el juego que a Mr. Usher le dan los dos micrófonos (con diferentes tratamientos de efectos), sin el desenfreno de Nando Fausto y Hugo Zombie a sus respectivos, serían un grupo del montón. No porque las canciones sean malas, que no lo son, sino porque practican una mezcla de deathrock, horrorpunk y afterpunk que oída una vez, oída mil veces. Lo que aportan de propio, las imágenes, el espectáculo visual, etc, los hace diferentes y francamente apetecibles en directo.

El 8avo Pasajero, Kill Baby Kill, Los Muertos Vivientes o Al Otro Lado Del Cementerio pasan deprisa. El cansancio no parece hacer mella alguna, las miradas enloquecidas, los bajos contundentes, las guitarras aceradas se mantienen como al principio. Está a punto de llegar al bloque final, tras la novísima Tu Madre Se Ha Comido A Mi Perro, con Txarly Usher sudado y casi sin ropa ya, la sala llena, sonrisas de placer entre los asistentes, etc. Cuatro cortes quedan, todos del repertorio clásico: Doctor Caligari, Nosferatu Vive En Barakaldo, Hotel Overlook y Nekromántikos. No sabría con cual quedarme, tal vez con la coreada Nosferatu, un himno en toda regla. Quizás con Doctor Caligari, energética. O con los cambios de ritmo de H. Overlook. O puede que con el punk sucio de Nekromántikos. Bueno, ¿por qué quedarse solo con una?


Quedaban los bises, suponíamos. Entendíamos que alguna versión caería, más allá de los más o menos solapados homenajes que son una de las señas de la banda, los dos EPs tributo (a Lux Interior y a Parálisis Permanente) así lo presagiaban. Las experiencias de “cuchilladas” anteriores, también. Bez Konca, de los punkis polacos Siekiera, empezó dándonos la razón. Más oscura que la original, la recreación que hacen los de la carnicería resulta más que digna, es de esas versiones que casi se podría decir que mejoran el original. Unidos de los citados Parálisis fue la segunda escogida. Mas punkarra que la de los de Benavente y Curra, más “electrónica” también (la caja tiene la culpa), desató a los pocos que quedaran sin hacerlo. Y eso que faltaba el broche: Alucarda. Con una sugerente teatralidad. Un oso de peluche acuchillado, daga ritual, higadillos de los de verdad… Todo entre el paroxismo de una canción todavía más enloquecida que lo habitual y unos constantes cambios de ritmo que la hacen de lo más recomendable (si es que no ha quedado claro ya que todas lo son) del repertorio. Culmina con ella un repaso bastante exhaustivo a la discografía del combo, con pocas concesiones a su nuevo trabajo (cosa que agradecí enormemente pues a esas alturas todavía no lo había degustado convenientemente) y un sinfín de temas que ya se han convertido en iconos, por derecho propio. A Carniceros se les pueden achacar muchas cosas, criticar otras (yo, hoy, me/os lo voy a ahorrar), pero no desde luego la falta de entrega ni el currarse un espectáculo lo más universal posible, desde el vestuario a la interpretación, desde la teatralidad al tratamiento audiovisual, todo con el sentido de conseguir el difícil reto del “show global”. Muy pocos lo logran.



Un ratejo de descanso y las tres sombras oscuras en el escenario. Segundo trío de la noche, primero masculino, segundo femenino… ¿nos habrían deparado la aristocracia del lumpen el tercero, haciendo una especie de trío de tríos? Jamás lo sabremos. Pero calla, empieza el concierto. Inmediatamente, ya con Invisible, confirmo una de las cosas que más me admiran de las australianas: su inmensa capacidad para transmitir buen rollo. Sobre las tablas también. No sé si es la sonrisa perpetua de la señorita Wu cuando empuña las baquetas, la sensación de que se lo está pasando teta. No sé si es el entusiasmo de Carly con las cuatro cuerdas. No sé si es la infinita amabilidad de la Handley. Pero todo ello (y más detalles, claro) hacen que asistir a un concierto de Dark Shadows sea una experiencia divertidísima y llena de eso que más de un panoli llamaría “energía positiva”. Da bastante lo mismo el repertorio, incluso si te gustan o no las canciones. Lógicamente mejor si lo hacen, pero de verdad que tengo la seguridad de que es algo más, algo difícilmente definible, pero sencillo de percibir en un recital del combo. Line Of Sight o Silent Screams confirman lo dicho. Además suena muy bien, da la impresión de que están todavía más ensambladas que hace un par de años (si cabe). Y mira que la Wurli sin ser un antro horroroso, tampoco es el templo del sonido. Pero esa noche lo parece, tanto Carniceros antes como ahora las DShadows han disfrutado (y nos han hecho disfrutar) de un sonido bastante nítido y que ha permitido a cada grupo desarrollar su espectáculo sin incidentes. Nobody Knows, preciosa pieza, perfectamente ejecutada. Estas chicas mezclan perfectamente rock’n’roll clásico, siniestrismo, bastante psychobilly y, sobre todo, buen gusto por arrobas. El resultado es tan original como atractivo. Y eso que hoy han venido más tranquilitas…

Distänt Mind no es la excepción. Sigue el repaso al novísimo Autumn Still… (que reúne un puñado de canciones nuevas con las publicadas en diferentes singles y eps en los últimos años). Pop, punk, algobilly: talento. Mucho talento. Y oscuridad, perfectamente medida. The Boy From Berlin es un tema especial. Me encanta la dulzura que destila, no exenta de fuerza. La melodía, la voz, todo al milímetro. Me encanta que sigan las sonrisas. Entre el público también abundan. La conocida Dark Shadow termina de levantar el ánimo de la gente. Llevamos más de medio concierto previsto y ya ha quedado claro que hoy no es el día de la furia desmedida, es más el del chorro de voz de Brigitte H., el de la excelencia rítmica de sus dos compañeras (iba a escribir que lo de la Chalker con el bajo no tenía nombre pero es que lo de Nerida Wu en la batería tampoco), el de la guitarra que se basta para sostener un repertorio que en directo es un cañonazo. Y eso que, como digo, la noche venía relativamente tranquila. Blame es tremenda, Twinns increíble, pero lo de Written In The Snow roza lo incalificable. En disco es buenísima pero en directo, a dos metros, es sencillamente impresionante. Lamentablemente es una de las últimas. No queda mucho show ya y es una pena. Apetecen más canciones, apetece que nada se quede en tintero alguno.


Todavía estaban pendientes dos broches de oro. Dos versiones. Una conocida, otra no. Como versiones de las de Sydney quiero decir. Una dentro del set “normal”, para cerrar éste, otra como bis único (culpa de los problemas de tiempo, se quedó alguna canción sin degustar). No me entretengo, los primeros acordes de Eisbär ya suenan. El tema original es por desgracia un ejemplo de One Hit Wonder de los suizos ochenteros Grauzone. Digo que desgraciadamente porque, aun siendo un temazo como la copa de un ciprés, los de Berna tienen al menos otra decena de canciones tan buenas como esta, tan merecedoras de convertirse en himno como pueda ser la del oso polar. Y me quedo corto, probablemente. La versión que de la sensacional (una cosa no quita la otra) tonada hacen The Dark Shadows tiene todos los ingredientes que, para mí, constituyen una buena versión. Es lo bastante parecida a la original como para resultar respetuosa, manteniendo la esencia y el alma de un corte que, de otro modo, podría resultar difícil de digerir. Es una melodía que cualquiera de los presentes ha oído mil veces, así que la posibilidad de caer en el vil destrozo es enorme. Por tanto, la primera condición, la del respeto absoluto, se cumple. Por otro lado, la versión ha sido trabajada hasta lograr que esté totalmente inmersa en el sonido “natural” de las muchachas estas, sustituyendo teclados por cuerdas y manteniendo atmósferas in perder ni cambiar instrumentación. De modo que, respeta la primigenia y actualiza-transforma su sonido. ¿Se puede pedir más? Honestamente lo dudo y viendo la reacción del respetable, no me quedo solo pensándolo.


La otra versión, ya en los bises (el bis, ya dije) era a la vez un riesgo inmenso y una apuesta segura. Transmission de los tópicos y rearquetípicos Joy Division. Sobadísima canción, mil veces versionada, con mejor o peor fortuna. De ahí el riesgo. Transmission de los adorados y sempiternos Joy Division. Magnífica canción, mil veces coreada, por propios y extraños. De ahí la apuesta segura. Desde las primeras notas, se adivina que sucede un poco como con Eisbär, interpretación respetuosísima con el original pero a la vez hecha propia. No sé si es la mejor interpretación de este clasicazo que haya podido oír nunca, pero sí que estoy seguro de que es una de las mejores. Sin duda ninguna. Por todo ello, me pareció un acierto para el cierre, por más que sea casi un “lugar común” entre las versiones siniestras. Dejó muy buen sabor de boca, aunque hubiera preferido que tocaran más rato…


En definitiva, por ir concluyendo. La SGM 2013 no podía empezar mejor, con dos tríos presentando sendos nuevos discos y demostrando, otra vez, que tienen en el directo su mejor virtud (entre muchas). La organización (exquisita, como siempre) se marcó una estupenda fiesta con dos espectáculos muy muy distintos pero que creo que cumplieron con creces. Si tengo que elegir, me quedo con las sensaciones de las australianas, incluso aunque deba reconocer que como show es más completo el carnicero. Pero ciertamente, se complementan estupendamente. El único pero (por una cuestión egoísta) es el habernos quedado sin La Aristocracia Del Lumpen, tendremos que dejarlo para otra ocasión…


TROUM: Syzygie (Cold Spring Records 2013)

30/10/13
Troum son un dúo de origen germano que llevan más de quince años -desde 1997- explorando las fronteras del Dark Ambient más atmosférico y onírico (de hecho Troum es “sueño” en alemán antiguo). Glit[S]ch y Baraka[H] tratan, con su delicada combinación de paisajes sonoros, de dirigirse directamente al subconsciente del oyente, a algún lugar más allá de lo puramente auditivo. Ese lugar que buscan, incluso desesperadamente, tantos artistas pero que muy pocos logran encontrar. Un lugar personal, reservado solo para uno mismo, únicamente accesible para su propio “dueño”. Para ello cualquier forma es válida, tanto da si es a través de complejos loops repetitivos superpuestos, ruido aparentemente caótico, samplers de cualquier procedencia o sonidos obtenidos de manera más orgánica. Al final, el resultado siempre es el mismo: una deliciosa tela sonora tejida de belleza y atmósfera. En ocasiones relajada, en otras arcana; a veces (ya lo he dicho antes) onírica, otras más mundana. Siempre preciosa.

Syzygie es una colección de temas perdidos y raros, grabados entre 1999 y 2002 y repartidos originalmente por un sinfín de recopilatorios. Cold Spring los recupera en este bonito cd de portada más que evocadora a modo de aperitivo del prometido nuevo trabajo de los de Bremen, previsto para el año que viene. La verdad es que pese a tener procedencias diversas, las nueve canciones del álbum siguen la misma línea, el mismo espíritu las adorna. Delicadezas instrumentales, texturas, bucles infinitos superpuestos, todo al servicio de esa idea de trascender la consciencia y de acariciar (no hay golpeo aquí) lo más profundo de la mente del escuchante. Digo escuchante porque tras un par de vueltas al plástico, no hay ya oyente posible, no hay posibilidad alguna de mantener la obra de Troum en un segundo plano, exige toda tu atención. Y te transporta. A uno de esos mundos sugeridos desde la portada, oscuros, fríos, pero a la vez llenos de vida. Uno de esos territorios inexplorados (por definición, lo bueno que tiene el inconsciente –entre otras cosas- es que cambia cada vez, no es siempre lo mismo, no es igual, cada vez que “entras” lo encuentras diferente) de más allá de uno mismo, algo que solo la absoluta excelencia musical permite. Ya sabéis, hay otros mundos pero están en este y todo eso. Ahora, llegar a ellos es otro cantar… instrumental en este caso.

Entrar en disecar cada tema, en esta ocasión huelga. No porque sean parecidos, no lo son. No porque no recreen momentos distintos pues lo hacen. Porque es del todo innecesario. Sí añadiré que, para mí, los más logrados me han parecido Ganymed y S’engourdir. Son los que han conseguido penetrar más profundamente en mi mente. ¿Son los mejores? Probablemente no. Son los mejores hoy, eso sí. Y es qué este tipo de música tiene esa extraña virtud, la de trascender el tiempo además del espacio. Hoy son estas dos “canciones” las que consiguen atraparme, mañana puede ser Ater o pasado mañana Fantauma. Depende muchísimo del estado de ánimo en el que te pille. Decía antes que el subconsciente tiene la virtud de ser totalmente diferente cada vez que te deja entrar, distinto en cada visita. Pues a Syzygie le pasa lo mismo. No es siempre el mismo disco, no genera las mismas sensaciones, ni de lejos, a cada escucha, no provoca los mismos sentimientos. Tienes un álbum entre manos que es un NUEVO álbum cada vez. Con todo lo bueno y lo malo que eso representa, pues es como los sueños. Imposible volver a ellos, sí a recordarlos (a veces) pero no es posible soñarlos varias veces. No es posible revivir exactamente los mismos pasajes, las mismas sendas. En esta colección de canciones tampoco. Te las puedes poner una y otra vez, pero van a ser discos distintos. A mí me parece una gran virtud. Hoy, claro. Mañana…


NOMADA SESSION 011: WARM UP PARTY V SGM FEST




SCOTT MILLER/LEE CAMFIELD/MERZBOW: No Closure (Cold Spring Records 2013)

29/10/13
MerzbowLa música experimental o de vanguardia suele ser tremendamente difícil de adjetivar, ya que - en ocasiones por “culpa” de la casi total ausencia de melodía, armonía, letra (parámetros habituales y conocidos dentro del palo) o en otras por la tentación de caer en el “suena todo igual”- tiene la costumbre de romper los límites de lo establecido o, al menos, de resquebrajarlos. Suele suceder también que se nos olvida cual es la razón última de aquello que llamamos música y nos centramos, con demasiada frecuencia, en lo accesorio, en lo “bonito”, en lo que somos capaces de encasillar en nuestra anquilosada manera de entender las cosas. Haciendo paralelismos con otros artes, es como restringir la pintura al realismo o la arquitectura a los bloques de pisos de suburbio urbano. El arte es solo (y no es poco) una forma de expresión, una manera de transmitir sensaciones, sentimientos, lo que sea. No sé si el medio es el lenguaje como aseguraba McLuhan, no sé si es verdad todo aquello de la Galaxia Gutenberg, la Marconi o la Faraday. Ni lo sé ni creo que tenga importancia. De lo que si estoy seguro es de que si el arte (o más bien la intención artística) no llega, no es. Obviamente cuando despojas esa intención de todo artificio, cuando quitas todo lo accesorio, cuando tratas de reducir las formas a algo que sea lo más parecido posible al fondo tienes que andarte con muschísimo cuidado. El arte desnudo, vacío de efectos, corre el riesgo de no llegar, de no ser. Y la música experimental de vanguardia se ha ido con el tiempo especializando precisamente en ello. En llegar con lo mínimo posible en cuanto a obviedades. En llegar “renunciando” a cualquier canal habitual. Y eso que este No Closure se aleja bastante de la “bestialidad” acostumbrada sobre todo por el bicho Merzbow. La inclusión de instrumentos tradicionales, el aporte de guitarras y bajos, de sonidos de teclados convencionales le aporta al conjunto una textura diferente, menos complicada, menos árida.

Ojo, No Closure está repleto de ruido. Ahíto de sonidos indefinibles, acerados, casi desagradables muchas veces. Seguimos hablando de lo que estamos hablando. Pero todo ello va envuelto en un cierto acercamiento, si es que se puede considerar así, a estilos menos vanguardistas, menos extremos. Tangencial, puede, pero extraño dentro de la amplísima (hasta el esperpento si comparas con otros) trayectoria de Mr. Akita, desusado. Se nota la mano de Scott Miller y Lee Camfield, se nota la influencia (difusa) de otros estilos como el doom o el black metal más tenebroso y menos heviorro. Como si el trío hubiera decidido proyectar los dos temas que componen el álbum (I y II, viva la concreción) para uso y disfrute de varios tipos de oyentes distintos. Los que disfrutan de los ambientes oscuros, los del ruido extremo e incluso los amantes de sonidos y canciones más “convencionales” (imprescindibles las comillas). Como si todos estos artistas dijeran: No te voy a golpear con grandes armonías, no te voy a emocionara con letras intrincadas ni con sencillos pedazos de alma expuestos, no te conquistaré con elaboradas melodías. No, te golpearé con ruido, aparentemente inconexo, te machacaré y te meceré, te llevaré por dónde yo quiera y lo haré mediante la adición de sonidos, mediante la sencilla pero efectiva superposición de texturas sonoras. Nada que ver con la canción. Nada que ver con lo que el canon ordena. Nada que ver con nada que hayas podido degustar antes. Pero a la vez te daré algo de tregua, no mucha, hasta qyue te confíes. Y entonces… Tranquilo, será rápido aunque no sé si indoloro. Tranquilo, casi no te darás cuenta de lo que está pasando antes de que sea demasiado tarde. Cuando te quieras enterar, No Closure habrá terminado. Y solamente podrás escucharlo de Nuevo. Sabrás que aquí el Arte ES.


NEW MODEL ARMY + OCTOBER PEOPLE, 27 de octubre de 2013, Sala Caracol, Madrid

27/10/13
Finales de octubre en Madrid. Dentro de la avalancha de conciertos prevista para otoño (ni aposta, oigan) una fecha marcada en rojo en el calendario. En la últimamente guadianesca Sala Caracol (un sinvivir de aperturas/cierres reaperturas/recierres) un cartel más que atractivo: los británicos New Model Army y acompañándolos los patrios October People (con cantante trasalpino, lo sé, pero como es un italiano castizo, me tomo la licencia). En la preparación mental para el concierto, un gran número de coincidencias. La menos privada: iba a ser la cuarta vez que viera a ambas bandas, las tres anteriores por separado. Hacía buena noche, se presagiaba buen ambiente, en fin, todo preparado para lo que apuntaba una espectacular “velada”. Una noche solo estropeada por la noticia de la muerte de Lou Reed y un deseo, que el espectáculo hiciera de homenaje.


La sala Caracol es una de mis preferidas dentro del circuito madrileño, me gusta la zona en la que está, me parece cómoda de acceso y tiene un sonido y una visibilidad normalmente notables. Tiene también el escenario bastante alto, lo que ayuda a esa visibilidad citada si no estás muy cerca del mismo. En el cartel, abrían October People y yo, aquella noche en concreto, esperaba mucho de ellos. Tienen a punto un nuevo trabajo tras la sensacional noticia del fichaje por AF Music y las tres veces anteriores que los había visto, me habían encantado. Además, por si lo dicho fuera poco, confiaba en la mejora de calidad de sonido respecto a la Wurli o al Siroco (que habían sido las únicas, pocas, pegas). El concierto empezó con un poco de retraso y bastante expectación. Nada del tradicional maltrato hacia la banda que abre. Nada de ese asqueroso desprecio que tanto impresentable lanza a la cara del insultado telonero. No, no esta vez. El público que casi abarrota la Caracol espera que los de octubre den lo mejor de sí. Yo, sinceramente, también.

Wishes para empezar. Voices para seguir. Suena muy bien, la guitarra de Vito más nítida que nunca, más alta. El bajo de Pablo y las baquetas de Dani, contundentes como suelen y Giovanni, enfadado con no oír el teclado (abajo sí suena), no deja que el cabreo empañe nada. Profesionalidad lo llaman. Estoy de acuerdo. When The Sun Goes Down y The Garden marcan el ecuador del corto set. Da rabia, pero se entiende la limitación temporal. Por fortuna, a pesar de esa escasez de minutos, los temas están a la altura de las mejores ocasiones, qué digo, por encima. La única pega es la ausencia de canciones nuevas, no hay sorpresas, no hay estrenos. Se entiende, claro que sí, pero me hubiera gustado poder degustar algo diferente. Manías. Habrá que esperar a la próxima ocasión, que sé que la habrá.


No sería justo si lo dejara aquí. Ellos no lo hicieron, quedaban The Wait y Once Again, dos de los mejores cortes de su homónimo primer disco. Si es que hay peores, que lo dudo muy mucho. Pese a que continuaba el enfado del grupo con el sonido, a mí honestamente me pareció que sonó fenomenal, yo no noté ningún problema, no percibí nada que me hiciera desear mejores condiciones. Es verdad que no se los notaba cómodos, pero no fui capaz de apreciar lo que lo justificara. En mi modesta opinión, las guitarras han evolucionado un montón desde sus inicios, la base rítmica está mejor que nunca, tanto en las cuatro cuerdas como en los parches, la voz la entiendo más madura, más empastada y el teclado, sin restarle importancia, nunca me ha parecido que tuviera tanto peso específico en el sonido de October People, aporta texturas, da algún matiz pero no lo entiendo fundamental. No a la altura del resto, al menos. Y bueno, con la sensación de que Juliet la tocan poco (menos de lo que me gustaría, ¡coño!) y de que si el objetivo, o uno de ellos, era ponérselo difícil a los de Mr. Sullivan, lo habían conseguido con creces, terminó la primera parte del espectáculo. La había disfrutado. Ya se vería si el resto de la noche seguía hacia arriba o se desplomaba totalmente. Las dudas se disiparían en breve.


Cada vez que he podido disfrutar de un concierto de los de Bradford había una razón que lo hacía especial. El tres de junio de 1993 porque fue el primero. Presentaban el “The Love Of Hopeless Causes” pero yo aún tenía fresquísimos Thunder And Consolation, The Ghost Of Cain e Impurity. La segunda vez, porque fue un porrón de años después. Catorce, para ser más exactos. Dimos aquí buena cuenta de ello. La última, en 2009 (también reseñada aquí) porque presentaban Today Is A Good Day, un soplo de aire fresco tras un montón de discos decepcionantes. En esta ocasión, no había razón especial. Between Dog And Wolf (el trabajo que presentaban) no había terminado de enamorarme, el recuerdo del concierto de La Sala estaba todavía presente y bueno, New Model Army son siempre una apuesta segura en directo, pero insisto en que teníamos un otoño de lo más cargadito… Iba a ser, entonces, la primera vez que los viera sin llevar dos meses comiéndome las uñas de impaciencia. Eso tiene la ventaja de rebajar expectativas y la desventaja de que al final no termine de engancharte nada. Tenía todo eso en la cabeza mientras veía cómo iban terminando de acondicionar el escenario, colocando cada cosa en su sitio, con mimo. Tremenda la batería, percusiones a la derecha, junto a un casco de obra con una pegatina de la banda. Semiescondido en la la parte trasera del escenario, el teclado. Guitarras a porrillo al otro lado, preparadas y afinadas. Micros, bajo… en fin, todo listo.


Una especie de versión acordeón de Vagabonds a modo de intro, luces que dejan de hacer su función, el quinteto sobre las tablas, I Need More Time. NMA tienen la virtud (muy poco común, casi ningún otro grupo la tiene) de que prácticamente da igual lo que toquen, lo hacen tan bien, dan tanto, que llegan sin dificultad (aparente) al público. No quiero decir con esto que INMT no sea un temazo, lo es. Probablemente de los más “himno” de Between Dog And Wolf, pero es que podrían haber abierto con cualquier otra, con la que hubieran querido. El rugido de respuesta habría sido muy parecido. Detrás de dónde salto y grito, un grupo de fans de estos que van a todas partes con el grupo, empiezan también su “actuación”. Seudohooligans ingleses, sudorosos, dando empujones y patadas como si estuviéramos en el 84 y sonara Betcha. Delante de mí, sus novias, más comedidas, groupies también pero respetuosas. Today Is A Good Day mantiene el listón. Me parece que suena todavía un poco flojo, como si Justin and co. estuvieran todavía fríos. El tipo del pelo rosa (luego me enteraría de que responde al curioso nombre de Ceri Monger) está a lo suyo, él no necesita calentamiento. Tiene veinte o veinticinco años menos, igual es eso. La guitarra de Marshall Gil tampoco requiere presentación, suena lejana hasta ahora, se entonará en seguida. March In September demuestra rápidamente dos cosas: lo buen batería que es Michael Dean y que la voz de Justin Sullivan ha envejecido, no tiene el chorro de rabia de antaño, pero conserva suficiente mala baba y ha ganado tanto empaque como para que eso tampoco importe. Sabe perfectamente que “tecla” pulsar a cada momento y te va llevando de un sentimiento a otro a su antojo. A esas alturas, uno estaba ya disfrutando del concierto como un cochino en el barro o como un taxista de los de palillo en la comisura de la boca con Jimenez Losantos, perdóneseme el pleonasmo. Ya olvidados (por poco importantes) titubeos iniciales y con algún ausente en la cabeza. Majo, no sabes lo que te perdiste.


Did You Make It Safe? Conjuga perfectamente la percusión, la dulzura, la denuncia… como Pull The Sun pero en otro rollo, más rítmico, menos acústico. Los esquimos de todo a cien siguen a lo suyo, de espaldas al escenario, interpretando las canciones moviendo las manos y gritando la letra pero molestan menos. Hasta que llega The Hunt, claro. Entonces todo se desata de nuevo, su idiocia y mi arrobo. Temazo que lo tiene todo, primer gran clásico de la noche. Interpretación desgarrada y contenida al mismo tiempo, no sabría explicarlo. Se nota la rabia pero no es la de antaño. Por supuesto, ni falta que hace. La sorpresa, para mí, de la noche es la increíble Archway Towers, canción que jamás hubiera soñado escuchar en directo. Y mira que el crescendo gritón final da juego pero… demasiado rara, demasiado oscura, demasiado… buena. ¿Panfletaria? Pues sí, un poco. Todas las de los de Bradford (o casi) lo son en alguna medida. Pero más actual que hablar de la puta crisis, también. Here Comes The War pone el cierre al primer grupo de clásicos. A lo grande. Sin concesiones. Con la banda ya caliente (desde hace un rato) y el público más, el paroxismo llevado a explorar algún límite. Y lo marcial apuntando por dónde. Knievel, siendo una canción preciosa, a estas alturas es un poco cortarrollos. Entiendo la razón de incluirla ahí, no todo puede ser la rabia y la furia. Un poco de relax, un merecido descanso, tan necesario en ese momento como poco deseado. Between Dog And Wolf vuelve al terreno de la percusión marcada, que no tribal, que no, pero a estas alturas de bolo no molesta. No, en absoluto. Empiezo a comprender porque los tipos de sombrero mantienen que BDAW necesita unas cuantas oídas para revelarse un discazo. Por lo menos en su versión concertil. Stormclouds me cuenta lo mismo. Sin redundar pues es distinto el corte, aunque la esencia coincide. Once piezas llevamos y se ha pasado volando. A ver que nos queda.

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No Rest, otra de las fijas, de las que no pueden faltar, Si ATowers me parecía un poco panfleto… Aún con ello, imprescindible. Como High, si es dedicada a Madrid, más. Y eso que fue antes de la huelga de recogida de basura. Mientras me dejo mecer por la canción, dejo también que me empapen recuerdos. Es lo que tiene llevar una eternidad escuchando a un grupo, que al final tu vida y la música se entrelaza y un puñado de notas y unas cuantas frases más o menos rimadas son muchísimo más que eso. Pedazos de existencia. Como espero que algún día sea Horsemen. Ahora sí tribal, como de indio Navajo, por más que el West Yorkshire nada tenga que ver con Arizona. O puede que sí, quien sabe. Cuestión de vagabundear lo bastante, imagino. Con violín hecho guitarra (otra vez), urge recuperar a Ed-Alleyne o a su primo si este maneja el violín púrpura la décima parte de bien. Más pronto que tarde. Menos mal que el exceso de sobe de Vagabonds no la ha destrozado del todo. Sigue sonando magnífica pese al “detalle” guitarrero. Aún así, sobada, sobadísima, como Get Me Out. Me sigue encantando aullarla pero a la vez apetece aullar otras menos recurrentes, menos típicas. Quedan los bises, esperamos los presentes, ojalá caiga 51 State, para que se calle el cansino que lleva todo el concierto gritándola.




De momento habrá que esperar. Seven Times es la elegida para recuperar el pulso. Nueve canciones del nuevo disco, muy pocas concesiones a ningún otro si obvias los clasicazos. Seven Times está bien, pero a años luz de los mejores momentos del combo. La interpretación, tan correcta como el resto de la noche, no aporta nada que no tenga ya de por sí. Pues bien, pues vale. Pues eso. Green And Grey y ver como todo el escenario se tiñe de verde. Un hooligan abraza a su chica (supongo porque no lo rechaza a pesar del deplorable estado) y se la canta al oído, precioso. Conteniendo la arcada decido olvidarme de la constatación de un amor tan bonito que trasciende sudores y humores varios y centrarme en la balada. Otro imprescindible, otra canción que amenaza diluirse por la reiteración. No es la noche, en cualquier caso. El momento es para disfrutarlo sin pensar más. Y a fe mía que así lo hacemos. Termina Green And Grey y el quinteto vuelve a irse. No puede haber acabado ya, tiene que haber más. Las barbas calvas e imposibles, los pelos rosas, las greñacas y los dientes partidos tienen que tener más que decir.


Wonderful Way To Go. Cerrará el concierto. El tema que da comienzo a Strange Brotherhood (uno de los más salvables del LP), lleno de energía, como si tuviera diez o quince años más, como si fuera extraído de otros tiempos, de otra película, una en formato trío, antes de la retirada de dos tercios, uno obligado, el otro por algún tipo de cansancio, el primero irreversible, el segundo… también supongo. Eran ya digo, otros tiempos. En los de ahora son otros los encargados de expandir sensaciones, de derramar sentimientos. Son otros, no peores, no mejores, distintos. Solo queda Mr. Sullivan de quienes iniciaron esta bonita historia que en lo que se refiere a la gira del reciente Between Dog And Wolf y su paso por los madriles ya termina.


Concluimos. Con October People las expectativas eran altísimas y los madrileños (etc, etc) las cumplieron con solvencia. Un concierto cortito, propio del papel asignado, pero muy bien ejecutado. A mí me sonaron bien, convincentes, demostrando lo buenos músicos que son, desarrollando unas canciones que no por conocidas se estancaron en su interpretación. Un grupo que no deja de crecer y que, además no ha perdido la capacidad de sorprender. Ni las ganas de agradar. Estupendo presente y aún mejor futuro, vaticinado. Con New Model Army, sin embargo, las esperanzas eran mucho menores. Sin embargo, los británicos (ejem) fueron capaces de superar con creces la idea que me había prefijado y basando su recital en ese último disco todavía irregular en mi forma de apreciarlo, con contadas concesiones al repertorio exigido, un puñadito de hits indiscutibles y alguna sorpresa (todavía me estremece el recuerdo de la sensacional Archway Towers) se marcaron un pedazo de concierto increíble. Tremendo en la transmisión, con un excelente sonido y una perfecta conjunción instrumental y vocal, demostrando estar al menos en la misma buena forma de siempre y dando la sensación constante de que ni los años pesan tanto (todavía) ni tiene demasiada importancia el repertorio escogido. Siempre dan lo mejor y, claro, así es muy sencillo. O igual no tanto, viendo lo que se arrastra por ahí últimamente. Pero lo parece.



LA SEMANA GÓTICA DE MADRID PRESENTA: NEW MODEL ARMY WARM UP PARTY Y PRESENTACIÓN DEL NUEVO ALBUM

24/10/13



ATARI TEENAGE RIOT + SHORAI EN NOVIEMBRE EN MADRID

22/10/13



COVENANT + SOLAR FAKE + MONDTRÄUME EN DICIEMBRE EN MADRID




RECORDATORIO: FRONT 242 + INTERFRONT + LIEBKNECHT EN NOVIEMBRE EN MADRID



HOY COMIENZA LA SEMANA GÓTICA DE MADRID: VENTANA OSCURA


Hoy a las 19:00 comienza la Semana Gótica de Madrid con #Ventanaoscura en Conde Duque http://www.semanagoticademadrid.com/ventana.html


MALALTS DE KITSCH - ESKITSCHOFRÈNIA (Autoproducido 2013)

21/10/13


- 1993: Un buen amigo me pasa una cassette (sí, jovenzuelos, en aquel entonces existían unas curiosas cajitas de plástico que contenían cintas magnéticas y estas permitían grabar en ellas diferentes cosas una y otra vez, el medievo casi, vamos) con dos grabaciones, una de ellas no tiene más importancia. La otra era Kitsch II de los catalanes Kitsch, que tenía ya algún tiempo. Me gustó mucho aquella mezcla de pop oscuro (sobre todo El Vent Dels Deus), las letras en catalán, la voluntad inequívoca de expresarse, al margen de modas y muy por encima de lo que pudiera tener algún sentido comercial ya en aquella época… Luego, lamentablemente, les perdí la pista a los de Banyoles.

-2003: Al poco tiempo de iniciar su andadura laletracapital, tuvimos ocasión de entrevistar a los también catalanes Casual. Aquella entrevista “me” recuperó la memoria de un grupo que, en boca de ellos, eran como sus tíos. Una influencia, una inspiración, una forma de hacer las cosas que los hacía herederos de algún modo. Dos generaciones diferentes pero la misma manera de entender el arte. El mismo idioma, en todos los sentidos.

-2013: Quiere la casualidad que veinte años después del primer “encuentro” y diez desde el recordatorio, vuelva a tener noticias de Kitsch. Y otra vez de la mano de Mon a la Cova (cantante y compositor de Casual). En esta ocasión se trata de la edición de un disco homenaje, de un recopilatorio de dieciséis canciones versionadas o recreadas para mayor gloria (si cabe) de los gerundenses. Un homenaje perpetrado por los “Enfermos de Kitsch”, que de forma más apegada al original o llevando las canciones a su propio terreno, conforman una declaración de intenciones, una “explicación” de por qué un grupo tan alejado del mainstream tiene tantísima trayectoria a sus espaldas y tantos y tan fieles seguidores. Solo repiten los propios Casual con dos estupendos temas como son Hora Fosca y Desbarrant, oscuros ya de por sí pero que en las manos de los citados toman unos tintes aún más siniestros y desgarrados. Una razón más (otra entre las muchas) para lamentar la desaparición de los mismos, no sé si los auténticos herederos pero sí unos de los que mejor han sabido reinterpretar ese legado, llevarlo más lejos y que, ahora, dejan huérfano de siniestrismo el panorama catalán. Queda Mon a la Cova, claro, que aquí borda (con la colaboración de Indi) Introspecció, en ese “nuevo” estilo tranquilo y preciosista que ya pudimos degustar en Sessions Greus. Aunque aquí mantenga el protagonismo guitarrero. ¿El resto? Pues de todo hay, y variadito. Desde los toques hawaianos de Kasimiro Makarrón (Sentits) a la guitarra acústica de Sicran (A La Casa De La Mort) o de Abús (Dominis); desde el pop electrónico oscurillo de Abisme (Confessió) o Les Nenes Maques (Perversió) al rock de aire pop (o el pop de aire rock) de Alises (Ludwig), Acid Uric (Art De Trair) o Samitier (El Titella); desde la fidelidad de los oscuros Morelands (Aurora) al death metal de Desafiant (que también hacen Dominis, irreconocible); desde la personal visión acelerada de Lalaw Junk (Glaucoma) al gusto por las guitarras de The L.I.P (Cicle). En fin, un recorrido por muchos estilos, por muchas facetas de un mismo sentimiento.

Personalmente he de decir que no me entusiasman demasiado los recopilatorios y que los homenajes (más si son en vida) me suelen producir sentimientos encontrados. No es el caso. No lo es porque también es verdad que cuando nos encontramos ante el indiscutible “cariño” que destilan las dieciséis recreaciones aquí contenidas; cuando el respeto y el “amor” son los que dirigen un proyecto como este; cuando la intención es la que es en este caso: me quito el imaginario sombrero y no puedo más que recomendar encarecidamente este trabajo, que sirva para dar a conocer a los de Banyoles, que de una vez por todas obtengan el reconocimiento que merecen, que el escucharlos en manos de estos enfermos, haga no solo propiciar el acercamiento a estos, sino a los que tan amablemente rinden tributo. Que, en definitiva, este Eskitschofrenia sirva para extender y contagiar esta enfermedad, que sea pandemia, que no tengan que pasar otros diez años…

Lo puedes escuchar en: http://sicran.bandcamp.com/album/eskitschofrenia-malalts-de-kitsch
Lo puedes comprar (lo debes, de hecho) en: http://www.kitsch.cat/site/index.php?sec=11


LOS CARNICEROS DEL NORTE: GIRA PRESENTACIÓN 2013 MANIAKOS




NUEVO DISCO DE THE DARK SHADOWS

18/10/13


AEON SABLE: Aequinoctium EP (Afmusic 2013)

17/10/13
Ya hemos comentado muchas veces en esta páginas que estamos ciertamente ante una nueva edad dorada de la música oscura, tras años de sequía casi continuada. En los últimos años han ido apareciendo un montón de grupos, tanto en esa nueva-vieja corriente que ahora les ha dado por llamar postpunk, como prácticamente en cualquiera de los subgéneros más o menos góticos. Concretamente, el gótico de guitarras vive un clarísimo renacer. Dentro de esta nueva escena, polarizada más o menos dónde siempre, hay unos cuantos que destacan por encima de otros, evidentemente, uno de ellos el dúo que nos ocupa. Aeon Sable llevan aproximadamente tres años definiendo un estilo que, pese a ser fácilmente rastreable en cuanto a influencias, se ha convertido en seguida en personal e intransferible. No se me ocurre una razón concreta para ello, al fin y al cabo hablamos de un tipo de música muy asentada, con muy poco margen para la maniobra y que, además, ha sido recreada en tantas ocasiones por tantas bandas que a priori se antoja poco menos que imposible hoy día resultar mínimamente original o distinto. Ya sabes, guitarreo, bajos abrasivos, ritmos entre el medio tiempo y la épica profunda, voces graves… nada que no se haya hecho un millón de veces. Nada que no haya hecho un millón de veces e incluso muchas bien y algunas muy bien… De ahí, imagino, el recelo que me produce (casi prejuicio) el tener noticias de la enésima banda que frecuenta estos lugares comunes a todo buen gótico que se precie. Y, en este caso, de ahí que hasta hace relativamente poco no haya prestado a Aeon Sable la atención que merecen. Suerte que quedan profetas, suerte que quedan predicadores libres de prejuicios, suerte que tuvieron a bien advertirme de mi error.

Aequinoctium es su nueva obra. Un EP de cinco temas definitivos. Brutalmente definitivos. Din-Tah Aeon y Nino Sable saben lo que buscan y el “problema” (bendito sea) es que en Aequinoctium lo encuentran. Sí, claro, ortodoxia canónica. Ya dije que eran fácilmente detectables las influencias, pero le dan una vuelta (o dos o tres o diez) hasta lograr sonar personales. Aequinoctium (salió en edición digital coincidiendo con el equinoccio de otoño, 22 de septiembre y física en precioso digipack el 4 de octubre) comienza con un tema homónimo, rítmico, casi oriental en los parches, con la guitarra encima y un aire como de los mejores Mission, instrumentalmente hablando. La voz malévola, recitativa, profunda, oscura, ¡en portugués! confiere una pátina especial a una canción preciosa. Intro, sí, pero tan válida como cualquiera. Tenfifteen demuestra que desde que los Sisters Of Mercy explicaran el uso de una caja de ritmos han pasado treinta años y lo absurdo que es continuar repitiendo pasos en la misma senda. Gloriosa, por supuesto, pero más pasada, más caduca que el carracuco. De nuevo es la voz la que marca y remarca la diferencia, llena de matices, envolvente, mucho menos plana que las que suelen poblar el género. Gothic Rock del de toda la vida pero estupendamente bien hecho. Tenfifteen es uno de esos cortes que debieran sonar en las salas cada día si los encargados de poner la música tuvieran idea de qué va esto. Una pena que no sea así y el deseo de que termine por serlo. Your innocence is the price y se paga con gusto. Largos desarrollos instrumentales, marcados por la reverberación del micro y la contundencia en el medio tiempo, la guitarra dibuja donde el resto colorea y viceversa. Secret Flower se llama el cuadro e invita a contemplarlo una y otra vez. La voz de Nino Sable multiplica sus registros, aumenta texturas, define este nuevo-viejo gótico. El que nunca se fue y el que pensábamos que nos había abandonado para siempre. Long Road Out Of Hell (Stormed) está un poco en la misma línea, con la percusión más marcada pero manteniendo la tensión y la pegada, en una especie de larga espiral siempre a punto de explotar que no llega a hacerlo. Menos purista que las anteriores, más ligera y clara (si se me permite la expresión). Por el contrario, Drawing Circles Square... se inicia densa, lenta, oscura. Otra vez los grandes en mente, con un Din-Tah Aeon en absoluto estado de gracia, épica a raudales, crescendos infinitos, guitarras casi fractales, seis minutos y medio de intensidad. Drama, recorre el camino que muestra, mastícalo a cada paso. Can you see the light? Preguntas difíciles. Un pequeño descanso, un silencio y el piano introduciendo sorpresas instrumentales.

Respuestas claras. Los alemanes Aeon Sable son uno de los mejores ejemplos de ese renacer citado. La demostración palpable de que se puede ser respetar lo clásico siendo original. Aequinoctium es indiscutiblemente un disco imprescindible. Ya sabes, los conversos somos los peores.


NIMIO: I Am Your Satellite EP (Origami Records 2013)

15/10/13
Foto de María TrilloFoto de María TrilloNimio engaña. Empecemos por ahí. Nimio para sugerir algo pequeño, poco importante. Algo que difícilmente podrá llamar la atención, porque en su sentido último no hay ninguna pista que sugiera nada más allá de esa sencilla pequeñez insignificante. Como nombre para un proyecto (dúo en este caso) parece sugerir lo mismo. Algo sin importancia, un entretenimiento, algo casi casi de usar y tirar o por lo menos, algo que no merece un segundo vistazo. Y, veremos, es mentira. Mentira podrida que decíamos hace décadas. Nimio es el vehículo mediante el cual Josephine Ayling (es decir, el 33% de Boat Beam, que dice la promo que es una inconformista) da salida a todo lo que no puede enseñar en el trío citado. Es decir, todo lo que se aleja del pop oscurillo, preciosista, basado en melodías y voz, transido todo de belleza. Para darle entidad a ese proyecto, la australiana se junta con el bueno de Carles Guajardo (bRUNA) y, si bien es cierto que casi toda la “porción” compositiva es achacable a la Ayling, también lo es que sin la pericia electrónica del productor, I Am Your Satellite habría sido radicalmente diferente. Pero decía al comienzo que Nimio engañaba porque el resultado final no tiene nada, absolutamente nada, de intrascendente. Nada hay de banal ni en composición ni en interpretación, nada de fútil en todo lo que el EP muestra. Por eso, Nimio es engañoso. Porque transmite una sensación equivocada (hasta cierto punto) aunque si refleja la atención a lo diminuto que también era objeto en Boat Beam, el cuidado en poner el acento en lo que es tan minúsculo que podría pasar desapercibido, injustamente abandonado. Lo hace además sin falsa modestia, exquisitamente tratado, delicado y sutil. Como todo lo grande.

Little Wings abre fuego. Suave, elegantemente se desliza la voz de Josephine sobre la melodía que va tejiendo pop, encantador pop electrónico. Imposible desligarse de Boat Beam: no si cantas con esa voz. De acuerdo, son otras texturas, otro envoltorio, otros ingredientes. Pero el resultado es similar: una pieza de gran belleza artística, para escuchar tranquilo, para degustar y descubrir mil sensaciones, despacito. Give You Up ataca con más fuerza rítmica. También popera, suena más moderna, hipnótica. Para mí el mejor tema del EP. Llena de fuerza, de empaque. Los efectos acoplados a la garganta dulcísima de la Ayling, la envoltura atmosférica que le prepara bRUNA, aleja algo la canción del folk pop moderno habitual en el trío y tal vez sea ahora cuando te des cuenta de las infinitas posibilidades que tienen estas composiciones. I Am Your Satellite es más espacial, más convencional dentro del mundillo pop electrónico. No por eso, obviamente, peor. El teclado te hace coger altura y la voz, con un tratamiento que le otorga un cierto aire etéreo (valga la redundancia), ayuda también a remarcar esa sensación de espacio abierto e infinito. Sobrecogedoramente bello. Waiting empieza con la voz doblada, triplicada, reproducida en un bucle inmenso y casi sin instrumentación. Poco a poco las teclas van tomando el control de la canción, dejando atrás el aire onírico y haciendo más hincapié en la vertiente más electrónica pura, menos pop resultón. Little Wings (Alizzz & Lost Twin Remix), como buen remix es el único corte verdaderamente bailable del EP, desde la parsimonia, lejos del chunda chunda (por fortuna), dándole una vuelta de tuerca al tema original, resultando una remezcla real, de las que hacen que suene diferente, más electropop, menos suave. Distinta. Prefiero la original por una sencilla cuestión de gusto personal, pero sé reconocer cuando un remix es otro punto de vista y no una simple adición de bases. Cuando verdaderamente aporta algo.

I Am Your Satellite es un disco que, no podía ser de otra forma, se hace corto. Suele suceder con los EPs pero en este caso es especialmente palpable. Cuatro canciones (cinco si contamos el remix) por las que matarían más de dos y más de tres gurús de la electrónica actual. Con gusto además. Cuatro canciones (cinco, etc) que difícilmente dejarán indiferente a alguien. Da lo mismo que el estilo sea el “tuyo” o no. Es cuestión de sensibilidad y ante eso… Esperemos que no pase mucho tiempo antes de que Nimio se estrene en formato largo. Por fortuna para nosotros (los fans del buen gusto melómano) se anuncia nuevo disco de Boat Beam más pronto que tarde. Entretendremos (como Dios manda) la espera.


ANGELS OF LIBERTY: Angels Of Liberty (Gothic Music Records 2013)

8/10/13
La segunda referencia del sello Gothic Music Records es la esperadísima reedición de los dos eps de 2011 de los británicos Angels Of Liberty: The Black Madonna y Monster In Me. De nuevo el sello finlandés apuesta por la ortodoxia, si bien en esta ocasión lo hace con gothic rock puro, purísimo. De nuevo apuesta por la calidad, más allá de viabilidades comerciales. Y, de nuevo también, lo hace con un cuidado exquisito, tanto en la selección, como en la edición. Doble cd en digipack con libreto de veinte páginas, precioso vamos. Diez temas (ejem) escrupulosamente góticos, deliciosamente siniestros, convenientemente rockeros. Diez temas muy bien hechos que ponen donde deben a la banda (dúo, Voe Saint-Clare y Scarlet Powers) y al sello.

Angels Of Liberty son ingleses, no podía ser de otro modo. Son clásicos, son genuinos, son… puro gothic rock británico. De la vieja escuela, con caja de ritmos, voz grave, etc. Pero a la vez bastante lejos del “mundillo” sisters, recuerdan más a unos Nosferatu en sus mejores años que a los amigos de Eldricht. Solo que, para mi gusto, son mejores que los protransilvanos, aunque estos manejen mayor trayectoria. Más profundos, menos repetitivos, más ricos en sus influencias, más llenos de matices. Hay quien cree que todo terminó en los ochenta. Que desde entonces nada nuevo oscurece nuestros corazones, todo es lo mismo, reciclado. Ya está hecho, no aporta nada nuevo, es lo de siempre. Hay quien mantiene esos postulados y el que esto suscribe en muchas ocasiones no ha tenido más remedio que darles la razón. Sin embargo, claro, eso era en “muchas ocasiones”, no en “todas las ocasiones”. Angels Of Liberty, benditos sean, son una de esas excepciones, más excepcionales (valga el retruécano), si cabe, por escasas.

The Black Madonna abre con la formidable Mars & Minerva. Con letra mitológica, segundas lecturas siempre necesarias. Los dioses romanos de la guerra, más actuales que nunca. Electrónica, rockera, tan clásica como moderna. Los noventa inspiradísimos en la estructura, la épica todavía contenida. The Black Madonna, dio nombre al EP, tiene en los cinco minutos que dura todas las claves para entender (y apreciar) al dúo. La voz, perfecta de ejecución, los teclados, la caja de ritmos nombrada como Echo Von Hammer, acertadísima nominación. Los efectos del micro vuelven a sumergirnos en aquellos noventas de la segunda oleada, pero sin sonar añeja. Simplemente una mirada a hace veinte años para no perder de vista donde estamos ahora. Weaving Spiders Come Not Here es menos obvia. Bailable, no deja que los teclados nos hagan olvidar de qué hablamos, esto es rock gótico amigos, desempolva tus chorreras, mueve tu cardado y tus botas. O no lo hagas, pero dudo que puedas resistirte. One Step Closer tan ortodoxa como la cerveza fría y casi casi tan necesaria. Otro tema imprescindible en cualquier discoteca siniestra, otro clavo en el ataúd donde guardas tus mejores piezas. Hipnótico estribillo, pegajosa melodía, deliciosa. Take Back The Night tiene todo el sabor, todo el poso del mejor gothic rock. Conservadores, garantes de los sonidos ancestrales que hicieron grande la escena, saben llevarlo más allá de la mera recreación. Y el tema que cierra el EP da fe (otra vez) de ello: Xepera Xeperu. Otra vez la mitología (egipcia en esta ocasión), otra vez las segundas lecturas. Desde el piano inicial sabes que te encuentras ante el perfecto broche a un EP sobresaliente. Épica, desatada (ya sí), oscura. Casi puedes sentir la neblina, casi hueles el humo. Un hito, un hit. Insisto, perfecto final.

Monster In Me comienza con la pequeña introducción, The Hermit. Delicada pieza de orfebrería sonora, aires casi dark cabareteros, como de caja de música. Pero con un trasfondo inquietante, tremendamente perturbador. Bastante distinta a lo esperado, también estupenda, es una muestra de creatividad. Pero tranquilos, la transmutación no se ha producido, no tanto. La homónima Monster In Me nos devuelve rápidamente a la épica siniestra, al tono gótico eterno e inmutable. A los abrigos negros y el maquillaje pálido, al romanticismo trágico bien entendido. Blood Thief redunda, para bien y para mal. De nuevo sonido años noventa por doquier. De nuevo el teclado protagonista pero sin que se note. Otra canción que es tan diferente al resto como podría serlo, sin embargo teje un poco más la misma red. Distinta para ser lo mismo. Otro himno goticazo. Perdí la cuenta ya. Shadows Comes From Light no puede ser más representativa. Los juegos vocales, los ritmos cambiantes, los bajos ardientes: cien por cien canónica, noventa y cinco por ciento previsible. Guarda más de lo que podría parecer a primera vista. Necesita un par de escuchas pero entonces… no quiero destapar nada. Según lo previsto aquí termina todo. Pero hay un corte más en el CD, una canción escondida (al igual que en el EP original no se escamotea nada). Asusta lo chunda chunda del inicio pero rápidamente te das cuenta de que es un remix de Monster In Me. Sin más, prefiero la versión original, la remezclada no es lo bastante diferente como para suponer valor ni lo bastante “bailable” para poderla descartar como destrozo. Simplemente es una pequeña vuelta de tuerca.

Tras la escucha pausada me reafirmo en lo que ya dije: el gótico clásico goza de una excelente salud (lo que sin duda es una gran noticia): Angels Of Liberty son un excelente ejemplo de ello, uno de los proyectos más interesantes en este género. Dignísimos herederos, representantes de esa tercera oleada que hoy tenemos la gran suerte de poder disfrutar. Y, también sin duda, el trabajo de gente como la que está detrás de este sello y de algunos otros tiene gran parte de culpa. Ojalá dure.


RECORDATORIO: ¡NEW MODEL ARMY EN OCTUBRE EN ESPAÑA!

2/10/13


En Madrid, con OCTOBER PEOPLE
En Barcelona, con INMUNE
En Valencia, con DOCE LAMENTOS

ENTRADAS YA A LA VENTA


V SEMANA GÓTICA DE MADRID [SGM]: Del 22 de Octubre al 15 de Noviembre de 2013.