MERZBOW Vs NORDVARGR: Partikel III (Cold Spring Records 2013)

6/6/13
Henrik Nordvargr Björkk es un músico bastante prolífico. Casi treinta álbumes en once años así lo atestiguan. Y eso, solo contando trabajos firmados como Nordvargr (es cabeza visible también de proyectos como MZ.412, Folkstorm, Toroidh y un largo etcétera). Dark ambient, industrial, experimental, drone, noise o incluso doom metal, son etiquetas que no le resultan ajenas. Una obra que roza lo inabarcable (por cantidad y calidad), lo convierte por derecho propio en una de las mentes más lúcidas y en uno de los artistas más geniales dentro de los géneros citados. Pero claro, todo esto (sobre todo la parte de la prolificidad), si lo comparas con su colega de trilogía (el amigo Merzbow -Masami Akita si eres aún más amigo-) es una tontería. Casi doscientos cincuenta álbumes desde los ochenta es una cifra absolutamente invencible. Al menos yo no conozco a nadie capaz de hacerle sombra al maestro japanoise. En el caso de Mr. Akita su carrera podría centrarse en ese cajón inmenso que engloba el término noise. Generalmente en su vertiente (si las hay) más cruda, más experimental, más, si se me permite la expresión, “ruidosa”.

Partikel III es, como su propio nombre indica (de ahí el III, no hace falta ser ingeniero) la tercera y última parte de una trilogía iniciada en el año 2004. Como las otras dos partes, no hay en estos Partikel ninguna concesión, cosa que, por otro lado, ni se espera ni se necesita. Quien se acerca a estos tipos ya sabe lo que se va a encontrar: ruido árido, electrónica experimental, supuesto caos sonoro, ambientes enrarecidos, violencia sónica, postindustrial, ausencia casi absoluta de melodía, aparente anarquía… todos los elementos del puto apocalipsis. Porque es eso, ni más ni menos, lo que estos dos enfermos prometen y proporcionan. ¿Duele? Pues claro. Pero menos de lo que podría, ya que el talento para la atmósfera opresiva y oscura de Mr. Nordvragr lima un poco la aspereza de su compañero nipón. Juntos, a través de un sinfín de ruiditos, samplers, máquinas, etc (cualquier cosa que se pueda controlar y que haga ruido sirve), logran transmitir una extraña y aplastante belleza. Sí, amigos, he dicho belleza. Porque es posible encontrar bonito el sonido de una apisonadora como la que escupe este Partikel III en el rato que dura. Porque la combinación, malsana e, insisto, deliciosamente enferma, de elementos de diferentes escenas; la mezcla de ruido puro, sucio, doloroso casi, con ritmos endiablados, oscuridad, elementos orgánicos y buen gusto proporciona un placer difícil de explicar pero que una vez que se instala en tu cerebro se hace tremendamente adictivo.

Me parece absurdo diferenciar canciones. Las cuatro que componen el CD son lo bastante similares en planteamientos como para que hablar de ellas individualmente sea un tanto ridículo. Cuatro temas largos, repetitivos, envolventes, oscuros, ásperos; cuatro taladros que invaden tu cerebro, parasitan tu atención y, creo, te devoran por dentro. El problema es que no quieres que se termine, sabes que no puede ser bueno, pero al mismo tiempo te gustaría que se prolongara siempre. Ojo, no es una droga que pueda contentar a todo el mundo, no hay letra, en muchos casos ni siquiera hay música, es “sólo” ruido inarmónico. No es para cualquier oído, no todos los estómagos lo soportan. Pero una vez que estás dentro, ay, no hay manera de salir, no la habría aunque quisieras, imagínate en este caso, que ni siquiera quieres. Un disco, en definitiva, tremendamente interesante por lo que aporta, desde la excelente y reveladora foto de la portada, hasta cada elemento sonoro empleado; desde el cuidadísimo digipack, hasta cada puñetazo en la boca del estómago; desde la propia concepción de la trilogía, hasta la necesidad de que la colaboración entre estos dos genios se perpetúe en el tiempo. Un disco que sería equivalente al hallazgo de flores en medio de la basura. Marchitas, sí, pero aún con eso y con todo (o tal vez por eso y por todo) preciosas.


0 comentarios: