ONIRIC: Mannequins (Caustic Records 2013)

27/5/13
Mannequins es el segundo álbum del dúo italiano Oniric. Tras la muy grata impresión que nos dejó Cabaret Syndrom, esperábamos con emoción a duras penas contenida este “segundo acto”. Confiábamos en que estos cuatro años transcurridos tuvieran su reflejo en el sonido del grupo pero que afectara lo menos negativamente posible, ya sabes, el temor a la pérdida de frescura, a la merma de ese toque especial de ilusión, de entusiasmo ante los nuevos proyectos. Todo apuntaba a que no sería así pero… Vayamos de nuevo al principio. Oniric son Carlo De Filippo a todo lo que se te ocurra que tenga teclas (piano, sintetizador, teclados, acordeón…) y GianVigo (Gianpiero Timbro) al resto, es decir, voz, bajo, guitarra y batería. Curioso reparto. Cuentan, eso sí, con la inestimable colaboración de Simona Giusti en las voces femeninas y de un puñado de colaboradores que añaden violines, percusiones y bajos adicionales. El conjunto es delicadamente barroco y, hasta cierto punto algo sorprendente, perfectamente empastado. El leitmotiv del disco es un sueño real de mediados de otoño. Lo demás, una mezcla de nostalgia y ambientes añejos, como de hace un par de siglos. Aires elegantes, inspiradores, repletos de buen gusto y sabor auténtico hacen el resto.

El disco lo abre Mannequin, con campanas, ruido como de gente que mira pasar algún tipo de desfile o similar que rápidamente da lugar a una percusión hipnótica apoyada en pianos y voces para un tema precioso, envolvente, que va y viene sin terminar de dejarte nunca del todo. Perfecta apertura para lo que, ya, se adivina magnífico. Found Love In A Pain (t) (You Make Me Feel) incorpora voz femenina y deje entre cabaretero y darkfolero, del mejor que se te pueda ocurrir. Decadente, clarísimo single (uno de once, de todos modos). 12 Lune, cantada en francés, tiene todavía más sabor antiguo, si cabe. Una melodía que engancha, el juego de las voces… Poco que ver con Beyond The Others. Más pop, casi todo piano y voz (aunque al progresar se vayan añadiendo instrumentos), lenta, cadenciosa, nostálgica, soñadora. Triste y bella, como todas las tonadas de los italianos, en algunos momentos predomina un sentimiento, en otros una cualidad, pero esa dualidad (si es que es tal), entre lo bonito y lo triste, entre lo melancólico y lo simplemente estético está presente en toda su obra. Tomorrow The Sorrow es una pieza oscuramente circense, como de caja de música, también, incluso, que se te pega a la piel y no te termina de abandonar, como la pena del título en realidad, aunque se adivine esa voluntad de disfrutar hoy y mañana veremos. Referencias mil en un tema que como una muñeca rusa es muchos en uno y todos muy buenos. Suggestions Don't Cost A Penny es un pequeño ejercicio de acordeón que sirve un poco de interludio entre temas, una lástima lo corto pues creo que la melodía que desarrolla daría para algo más largo y complejo. Nirvana (You Make Me Sick) cambia un poco la pauta del disco, es más “convencional” en su sonido. Fresca y diferente como las demás, pero de algún modo parece más “moderna”, menos nostálgica. El violín ayuda, supongo. Y llegamos a la estupenda y tristísima (o eso me parece) Little James (The Soldier). Una canción para dejarte arrastrar por ella, aunque te quede mal cuerpo después. Ya vendrá My Oniric War Machine a compensarte con su elegancia de nuevo decadente, como de minué trasnochado y precioso por ello. Me recuerda al cabaret oscuro de, sí, de esos. Y al cine mudo. Y a tantas cosas… para bien todas. O sumérgete en Requiem For A Soldier, dónde otra vez el piano y el violín desgarran sentimientos. No deja de ser un réquiem, claro, la percusión así lo atestigua. Profundamente sentida, la tonada no da respiro alguno. Instrumental casi toda, la aparición de la voz le proporciona un cierto tono épico que se estrella como una ola contra las piedras en el penúltimo corte: Sensazioni. Con el acordeón otra vez trayendo el darkfolk y Simona recordando en el timbre a las mejores, con el juego vocal entre el susurro masculino y lo femenino etéreo (me recuerda al Mike Oldfield de los ochenta, el de Maggie Reilly, etc), con el buen gusto por encima de todo. Talento puro. Como Macabre History, que cierra Mannequins de la mejor manera posible, resumiendo todo lo escuchado en las anteriores: oscuridad, sabor a antiguo, buen gusto, talento, belleza, melancolía, nostalgia, brillantez compositiva, interpretación a la altura… Resumen, por ponerlo en tres palabras: Un trabajo estupendo. Enorme colección de canciones, en definitiva, que recomendamos sin ambages.

http://www.oniricband.org
http://www.causticrecords.com

2 comentarios:

alec dijo...

Un disco imprescindible que sigo disfrutando con cada escucha...

AVATAR dijo...

Mucha razón tienes, caballero.