KATZKAB: Object Nº1 (Projekt 2013)

25/2/13
Ha pasado ya mucho tiempo desde que la gente de La Cripta (aka De Profundis) nos proporcionó la oportunidad de ver a Katzenjammer Kabarett en directo. Mucho tiempo desde que nos impresionara su propuesta original, fresca y divertida hasta el punto de propiciar el entrevistarlos. Años (y algún disco) después supimos que Klischee y Mr Guillotine habían remodelado al grupo, acortando el nombre e incorporando a Viktor B, Mr Monsterhead y Mr Max: la historia iba a ser reescrita. O eso creímos entonces. Un EP bastante prometedor el año pasado nos confirmó que todo había cambiado para que nada cambiase. Y ahora, felices nosotros, nos encontramos con este Object nº1 que nos ocupa. Once canciones sin desperdicio. Once canciones que mezclan sin vergüenza alguna (como debe de ser) un montón de géneros diferentes para lograr lo que decíamos al principio: algo original, fresco y divertido.

Y es que Katzkab no hacen deathrock. No son excesivamente darkcabareteros. Ni electrónicos. Ni punks. Ni góticos. Ni oscuros. Ni poppies. No hacen electro, ni synth-nada, ni minimal, ni ninguna etiqueta que se te ocurra. Bueno, no solo, quiero decir. Porque se podría decir que hacen cada uno de los estilos citados y se estaría en lo cierto. En la misma medida que si dices que no hacen nada de eso. Porque esa es una de las virtudes del quinteto, combinar todo eso, combinarlo bien, en una amalgama de sabor complejo y aroma a veces indescifrable. Si le añades además (a los “tradicionales” piano, sintetizador, guitarra, bajo, batería) violines, saxos, órganos hammond o incluso un Moog theremin pues te sale lo que puedes encontrar aquí. Siempre y cuando lo hagas con talento y de ese, en Katzkab hay a espuertas.

El violín y el ritmo de Miracle, el aire casi jazzístico, hasta que entra la voz de Viktor B y junto con el piano dotan al tema de intensidad cabaretera. Hay algo que me recuerda el Lovecats de los Cure, pero no sabría decir qué. The Baron Samedi’s End apunta en dirección similar, aunque más acelerada, más rápida de ejecución. Aires añejos, el bajo lo dice. Harold And The Body, electrónica y oscura, muy de los ochenta. Reciclada, eso sí. Sinking, mi favorita o casi. A mí es la que más me recuerda a la formación anterior, la más inmersa en aquello que (creo sinceramente que sin querer) iniciaron los primeros Dresden Dolls (si es que iniciaron algo) y que proliferó hace unos años. Pero modernizado ahora. Imposible quedarse quieto con esta canción. Let’s burn them es casi tecnopop, delicioso. Boliw, instrumental, no termina de entrarme, probablemente por la combinación saxo-bajo, es una composición muy diferente al resto, no digo peor, solo que no me gusta tanto como por ejemplo The Silent Guest (combinando con gracejo voces masculina y femenina) dónde regresa el sabor maravillosamente rancio, a garito infecto y minifalda de flecos, al principio sobre todo, luego termina casi en disco setentero. Pasado por el filtro, por descontado. Voodoo Catwalk tiene un aire afterpunk en lo sincopado de la guitarra que muda a algo cercano casi al ska en cuanto toma tiempo. La voz de Viktor B hace el resto. Un tema pegadizo hasta decir basta. Interlude es eso, un pequeño interludio dónde vuelve a dominar el saxofón para desembocar en Lithopedion Boy: una continuación de dicho Interlude, con voz masculina y ritmo bailable, casi funky. No termina de convencerme mucho tampoco, cuestión de gustos. Chopped Off es otra cosa, tan oscura como la mejor Siouxsie (sin que acierte a explicar por qué me viene a la cabeza, tanto la de los Banshees como el Headhunter del Front 242, bajado de vueltas pero igual de intenso), reconcilia y resume todo lo bueno de este Object nº 1, que es mucho. Once momentos en los que destacar la mezcla de estilos, el buen gusto, la impecable ejecución. Once canciones notables de media, con algún sobresaliente por ahí. Un muy buen “debut” que espero que sea sólo el principio de algo tan grande como sugiere.


NEW ZERO GOD: MMXIII (Secret Sin Records 2013)

21/2/13
Cuando nos llevamos un disco a la oreja hay varios detalles que nos parecen más fundamentales que otros. La mayoría de ellos los hemos repetido muchas veces, así que no redundaré (o no demasiado, me refiero a aquellos hasta cierto punto intangibles como la creatividad, la originalidad, la calidad…). Otros los hemos tocado menos, me doy cuenta ahora al releer textos pasados. De todos estos últimos, uno de los más importantes (uno de los capitales jajejijoju) es, para nosotros, la falta de prejuicios. Tanto del escuchante como de la banda que proporciona el placer en plástico. La primera noticia que tuve de los griegos New Zero God fue vía Virus G. Ya sabes, esa grandiosa plataforma que permite escuchar gótico (y adláteres) seleccionado por el buen gusto de su cabeza visible, Mr. Billyphobia. Escuchar, probar y, si lo deseas, comprarlo posteriormente. Gran idea y mejor iniciativa. Pues fue allí dónde tuve mi primer acercamiento a NZG y a su segundo álbum, este MMXIII, de inequívoco título. En una primera escucha llama la atención lo variadas que son las canciones, en una segunda, lo bien hechas que están. En una tercera, la seguridad de que habrá una cuarta y muy posiblemente una quinta, una sexta, etc. Pero empecemos desde el principio. 


MMXIII se abre con Damaged, un monumental himno de más de seis minutos que empieza a dejar claro por dónde van los tiros del cuarteto: inapelables guitarras, bajos y baquetas contundentes y variados, voces con personalidad… en un oscuro rock gótico que aunque se enraíza en los noventa termina por ser absolutamente moderno. Otro grupo que hace lo de siempre, que lo hace muy bien, pero que se autofagocita en esa espiral de la autocomplacencia. Pues no. Para nada. Y es ya palpable en Hypnotised. Un tema mucho más corto y de ritmo más rápido. Distorsionado, acoplado a veces, acelerado otras. Parece de otro disco, de otro grupo, hasta la voz parece distinta (ese filtro). La palabra postpunk vuelve a mi cabeza. Pero cuando me quiero dar cuenta empieza No Cure For Love, con un estilo decididamente cultero en sus cuatro minutos y pico. Rockanrolera, el aire de los de Astbury y Duffy impregna toda la canción, pero va mucho más allá, no es una simple copia (hay tantas…). Tres canciones y tres estilos bastante distintos aunque bajo un común denominador: la música es un estado de ánimo, el arte una forma de expresarse. La situación es la que es (en Grecia más) y se ha acabado la fiesta, al menos en las letras y en el envoltorio. Si vienen mal dadas, dejemos el colorín para otros y el optimismo para más adelante.

Sinners And Lovers repite el esquema: el de no repetirse. A mí esta canción me devuelve a los ochenta, no sabría decir por qué. La guitarra aguda y el ritmo hasta cierto punto luminoso son un espejismo, la compleja estructura lo dicta así. In Dreams We Trust también, con ese inicio de pop oscuro casi cureano y la evolución después hacia otros paisajes (a través del vocalista principalmente) desembocando de forma abrupta hacia Freakshow, la otra mirada a los ochenta de este MMXIII del que tras recorrer más de la mitad solo podemos enumerar virtudes, entre ellas la citada variedad estilística que en Angeline roza ya lo apabullante. Clásico rock gótico ya, especialmente en el estribillo y en las nuevas referencias vocales al señor Astbury. Pegadiza, casi pegajosa. Pinups no tanto, la guitarra y la voz muy filtradas sobre la línea gruesa del bajo y el baqueteo inmisericorde recuerdan que habíamos dicho que NZG no tenían prejuicios y que se atrevían a meter en el disco todo lo que les apetece sin buscar el aplauso fácil de un público encantado de que se lo den hecho. Y si también les gusta Killing Joke, bien está. Intoxication es otro cantar, nunca mejor dicho. Una vuelta a lo clásico pero con el sello personal de quién se sabe y se gusta haciéndolo. Until The End Of The Line, la “balada” que cierra el disco sí es más convencional, yo no habría cerrado con ella, te deja un poco de bajón. No por falta de épica ni por supuesto porque no hayan sabido imprimirle el marchamo de calidad, el mismo que salpica todo el CD sino porque, de alguna forma, no hace que le des al botón de “volver a escuchar” en el reproductor, transmite demasiado la idea de final. Dicho esto, no prescindiría de ella, simplemente la cambiaria de sitio en el playlist. Resumiendo MMXIII es, otra vez, un trabajo lleno de calidad, pasión y ganas de transmitir. Al margen de modas, lejos de tópicos, la constatación de que las cosas bien hechas llegan y llegan bien. La constatación de que el estilo está más vivo que nunca.

MIND DRILLER EN MAYO EN LA WURLITZER

18/2/13


THE 69 EYES DE GIRA ESPAÑOLA EN SEPTIEMBRE