GEOMETRIC VISION: Dream (SwissDarkNights 2013)

31/12/13
Hay discos que tienen extrañas cualidades. Discos (o grupos) que son capaces por sí mismos de producir en quien los escucha -si éste está mínimamente dispuesto, claro- sentimientos, sensaciones, recuerdos, etc. que nada tienen que ver con el disco (o el grupo) en sí. Que no tienen relación alguna con calidades, ni siquiera con cualidades. Que no dependen de estilos, modas, aspectos, estéticas. No dependen de nada más que de la capacidad intrínseca de mover determinadas fibras en el escuchante; hilos que cuelgan, diferentes en cada persona, de recovecos de la memoria que conscientemente no sabías que existían, desconocías su longitud y profundidad. Cuerdas, en mi caso, cabos que de repente una nota, un acorde, una canción, pulsan y estremecen. Sin darte cuenta casi. Repentinamente te ves en otro lugar, en otro tiempo, en otra época. Sin consciencia, percibes todo de otra manera, fuera completamente de la realidad que te circunda. Tiempos ni mejores ni peores, pero sí más frescos. Más intensos por ser más nuevo todo, por falta de experiencias con las que contrastar. Vívidos recuerdos de virginidades auditivas. Que ya no recordabas, que pensabas casi que no habían sido, a fuerza de no tener memoria de ellas. Y entonces, llega un disco (o un grupo, je) y rompe todo. Da un virtual puñetazo y vuelves a tener treinta años. O veinte o quince. Vuelves atrás en el tiempo, imagino que en cada caso concreto el salto será distinto, como es diferente quién o qué lo provocan. Créeme, pues hay discos que hacen eso. Y yo no sé cómo.

Geometric Vision es un trío italiano que debutan en formato CD con este Dream, del que ahora (antes también, por supuesto) hablamos. Diez canciones que tienen esa extraña virtud que comentaba antes. Desde la primera pieza, Chant d'Automne, desde ese primer recitado baudelariano, desde ese francés que funciona tan bien, se empieza a producir el viaje. Cierras los ojos y notas como la temperatura baja diez grados, casi notas el aliento frío del rapsoda al declamar los preciosos versos. Entras totalmente en ambiente, con ese canto de otoño. Solitude Of The Trees marca desde que comienza con ese bajo tan característico (impecable el trabajo de Gennaro Campanile en esas cuatro cuerdas), con esa caja de ritmos, la voz aguda de Ago Giordano, desde el pulso rítmico hasta la bonita (y helada) melodía, por dónde discurrirá todo el “sueño”. Melodías coldwave puras, con aliño afterpunk y la cantidad adecuada de sintetizador clásico. Una vuelta a 1981 en toda regla. Un viaje en el tiempo. Un regreso décadas atrás. Una delicia, vamos. Never Stop The Dance me tiñe las canas. De repente vuelvo al garito que me acogió tantas tardes noches en aquellos, vuelvo a ver a los mismos tipos bailar, saboreo los mismos brebajes que entonces (tranquilos, chicos, los años mejoran el gusto)… continúo mi proceso de reaprendizaje. We Have No Time es puro postpunk moderno. Con los ojos puestos en el clásico, pero la guitarra de Roberto Amato emparenta inmediatamente con ese revival que vivimos (sufrimos y disfrutamos, vida en suma) hoy de esos sonidos otrora añejos, ahora revisitados tantas veces. En este caso el pariente es el talentoso, el casi genial, pues nada envidia a ninguno de los grandes nombres. Nada palidece en la comparación. La sencilla melodía te arrastra sin pausa. Te lleva y se queda contigo. Hasta que el brutal bajo de Skies rompe el hechizo. Fría y cortante como el hielo azul. Las escalas de las teclas apoyan esa atmósfera helada. Oscura, ochentera también, todo encaja como un guante. La guitarras afiladas pero no demasiado, las voces reverberantes, el bajo que sigue martillando, los teclados, la caja… Uno de mis cortes preferidos de todo el disco. Y eso que hay muchos. In My Cold Room tiene estilo y elegancia para regalar. Otra melodía aparentemente sencilla, otro teclado dibujando fino, finísimo. El resto de instrumentos van componiendo capas por encima, multiplicando el efecto. De nuevo vuelvo a hace mucho tiempo. De nuevo se deslizan ante mis ojos imágenes que tenía casi olvidadas, que creía inexistentes incluso. Primeros zarpazos en el alma, primeros arañazos, primeros… todos. La belleza de una melodía. Llevada al extremo. Two Rums (I Miss You) Four Rums (I Lost You) la podrían haber hecho Aviador Dro si hubieran sabido. Y si hubieran sido ingleses, y si. Demasiados y si. Ese ritmo trepidante, el teclado vibrante. Casi ves la ropa de plástico multicolor y los peinados imposibles. Dan ganas de maquillarse. Stranger cambia de nuevo, ligeramente, de registro. Mucho menos nuevaolera que la anterior, retoma el pulso afterpunk frío con teclados. Debería sonar a todas horas en todas partes. Debería enseñarse en los colegios casi. Es una canción de esas que no cansan, puedes oírla una o mil veces. Imprescindible como un anillo con calavera, esencial como In The Flat Field. I’m In Space confirma que estamos en algún lugar hace tres décadas. El aire huele a ozono y a humo seco de ese. Y a laca y a jabón cardados. Un póster de Annie Lennox en una pared y otro con una foto de Depeche (con Gahan con mechas rubias y traje y camisa pastel) en la opuesta. Tres espabilaos bailan a su bola en la pequeña pista y un tipo le cuenta a otro lo maravilloso de ser bisexual. Se ven pocos sombreros, aún, se ve mucha chavalada intentando encontrar su estilo. Algunos lo harán. Justo antes de que la nostalgia me dé arcadas comienza el último corte del disco, Dream. Onírica como el título, con las voces desdibujadas al fondo, es el cierre perfecto para que te apetezca empezar de nuevo. Volver al pasado, degustarlo despacio. Volver no para quedarse, inútil y absurdo sería renunciar a lo logrado y a lo aprendido en estos años, volver para saber que está ahí todavía. Que esas sensaciones siguen (y seguirán hasta que muera, sea pronto o tarde) en lo más profundo del corazón. Volver para mantener viva la esperanza de que se sigan haciendo discos que permitan esto, discos que te toquen tan dentro. Discos con juventud, insultante juventud, en cada surco.

Recuerda que lo puedes adquirir vía SwissDarkNights o a través de nosotros. O también enviando un correo electrónico a laletracapital@hotmail.com.


EDREDON: Yuri Triem (Origami Records 2013)

Los madrileños EdredóN acaban de dar a luz (bueno, exagero, salió a finales de octubre) su segundo trabajo tras el esperanzador debut de hace tres años. Yuri Triem es su nombre y da una vuelta de tuerca a lo ya demostrado en el disco citado: pop, electrónica, buen gusto… krautrock, sintetizadores de sabor añejo, indie… atmósferas, capas, tejidos futuristas… podríamos seguir así dos horas y, por fortuna, no estaríamos ni un centímetro más cerca de “definir” lo que la banda entrega en este CD. Si algo distingue al quinteto (ahora mismo cuarteto), aparte del eclecticismo absoluto, es la también absoluta no-intención de sonar como nada, como nadie. La tremenda capacidad para ser distintos en cada canción, incluso dentro de la misma canción. Eso tiene un ligero defecto, que se acentuaba en su disco homónimo: lo deslavazado del concepto hace parecer casi un recopilatorio cualquier disco, cada tema parece no tener nada que ver con sus “hermanos”. En Yuri Triem, si bien el eclecticismo se mantiene, las diferencias se han limado un poco (probablemente la producción de Sam Willis tenga bastante culpa) y hay una mayor unidad estilística. Identidad lo llaman. Pues bueno, creo que, lo sea o no, es lo de menos. A mí me gusta que requiera un esfuerzo encontrar puntos de unión, nexos entre canciones, incluso referencias e influencias, numerosas pero no tan obvias. Me gusta que no sea sencillo encajonar, clasificar, cuadricular a un grupo. Intentemos, pese a todo, dar algunas pistas.

Yuri Triem se mueve con desparpajo en una tesitura redondeada, plástica, como de futuro setentero. Como un cruce entre 2001 y cualquier fantasía de anticipación de la época. Un toque pulp, un toque vintage (que se lleva mucho ahora el palabro). El uso indiscriminado de teclas de inspiración analógica recuerda esa ciencia ficción cuyo futuro esbozado ya hemos superado, sin por supuesto acercarnos. Un lugar donde reina el teclado, sin disfraces, el que persiguen temas como la esférica e iniciática Caballero!, una especie de extraño encuentro entre el rock y el pop electrónico, oscuro y retro; la reventona y kraftwerkiana Ripoll; la evocadora y enmadejada Matinal. Un lugar también donde la guitarra distorsionada tiene mucho que decir, no está ausente de las piezas más sintéticas, ni siquiera de las citadas pero tras escuchar Palmarés un par de cientos de veces (por nombrar una, también podría decirse lo mismo de Cosmic Chicken), echo de menos más peso en las cuerdas de algunos temas. Densas, intensas, repletas de matices, especialmente Palmarés. Por el contrario, Madame Toussaud se mueve en una calidez inusual, como si la frialdad inducida por Safe Houses (clarísimo single, tal vez sea la más accesible, sobre todo para el público indie) hubiera desaparecido del todo. La voz lejana, casi ininteligible y difusa hace un poco de contrapeso, pero no lo bastante. MToussaud da paso a Interrelox, que nos devuelve a ese futuro distópico intuido en los cortes anteriores, distorsionado como esas guitarras y sus resonancias infinitas, pura esencia shoegaze tortuoso, un tema que segurísimo que gana en directo (como pienso que sucede con todos, si son capaces de acometer el mismo sin echar en falta arreglos). Lottery Man cierra el CD y es, sin embargo, la canción que menos me llega de todas. La más alejada de mi gusto probablemente. La “dejadez” en la manera de cantar, seña de identidad cuando EdredóN decide quitarse la careta instrumental no ayuda mucho en este caso. Una pena por ser el cierre, pero que no empaña el hecho de que es la excepción en un álbum estupendo.

Yuri Triem es uno de esos trabajos que ganan con cada escucha, uno de esos discos que te reconcilian con la música sin apellidos, que te abren la mente y que te enseñan a mirar más allá del tópico. Lejos de etiquetas, de estilos, de definiciones torticeras. Música bien hecha. Sin más. Ni menos.


FUNERARY CALL: The Mirror Reversed - Part 1 (Cyclic Law 2013)

El legendario proyecto canadiense Funerary Call (o lo que es lo mismo, Harlow Macfarlane) recala ahora en Cyclic Law y presenta un nuevo mordisco: The Mirror Reversed (según la promo Part I aunque en el disco no se indique el ordinal). Limitado a quinientos ejemplares, en cuidado digipack diseñado por Dehn Sora y masterizado por el propio Frederic Arbour, estamos ante un larguísimo (y único) corte de más de cuarenta y siete minutos que trata de reflejar lo que representa, siempre desde el personalísimo punto de vista de Macfarlane, el Árbol de la Muerte, como contrapunto del Árbol de la Vida, ambos de la tradición cabalística hebrea, luego adaptada por innumerables religiones y creencias. Ya sabes, los sefirot o las diez emanaciones de Dios (Kéter, Jojmá, Biná, Jesed, Gevurá, Tiféret, Netsaj, Hod, Yesod y Maljut) a través de cuyas “bondades” se creó el mundo y sus contrapuestos Qlifot, como caras o huestes de la maldad (Taumiel, Jaigidel, Satariel, Gamjikot, Golajab, Tagirion, A'arab Zarqa, Samael, Gamaliel y Nehemot). No deja de ser, si profundizas un poco, un sistema medio mitológico, medio teosófico bastante interesante, todo esto de la Cábala y la Gematría. Incluso dejando aparte posteriores esoterismos.

Centrándonos en el disco en sí, se comprende que desfilan por esa inspiración, demonios, diferentes estratos infernales, distintas entidades que reinan de algún modo en ese caos informe que describen esas añejas tradiciones. El bueno de Macfarlane lo intenta, como viene siendo norma en el proyecto, a través de un negrísimo black ambient, oscuro, malsano y, por supuesto, delicioso y embriagador. Es complicado definir adecuadamente un disco como este The Mirror Reversed o, por lo menos, ser lo bastante ajustado como para que te hagas una idea ANTES de escucharlo. Es complicado por lo de siempre, es difícil definir o encuadrar texturas, sonidos diversos, atmósferas… es arduo concretar la abstracción, cuanto más cuando ésta es bastante pura. Sí que se puede decir, no obstante, que pese a tratarse de un único corte, hay “momentos” diferenciados, hay ciertos altibajos sonoros que permiten de algún modo convertir una pieza de tres cuartos de hora en trozos “masticables” o al menos en todo lo digerible que puede ser un ladrillo sonoro de estas características. Sin letra, por supuesto, casi sin melodía muchas veces, solo sonido hacedor de sensaciones, solo (no es poco, no) “ruido” capaz de transmitir imágenes, ambientes, temperaturas incluso. Decía antes que es un disco (y un proyecto, que llevamos desde los noventa degustándolo) oscuro, tenebroso y malsano. Transmite perfectamente estas sensaciones, no hay nada bueno detrás de todo ese muro sónico enfermo. Nada que permita mantener ningún tipo de esperanza. Es un álbum conceptual, ocultista, deliberadamente hermético e increíblemente desolador y tétrico, con partes absolutamente terroríficas y otras dónde la tensión se mastica como polvo en la boca: un impresionante puzle que debe ser degustado (o así lo creo) preferiblemente de noche, sin distracciones, otorgándole la atención que merece. Solo así se puede percibir toda la magia que encierra. Sí, es extremo; sí, es áspero. Es exactamente el tipo de sonido subterráneo y helado capaz de sugerir una verdadera tormenta de sensaciones, oscilantes entre el miedo puro, primigenio, arcano y el deseo de comprender esa incognoscible maldad, esa ininteligible expresión del horror más puro, menos justificado (si es que alguno lo está). Delicioso y embriagador, decía antes. Tanto como maléfico y ritual. Un ritual ciertamente terrible, como solamente músicos del empaque y el talento de este buen tipo es capaz de transmitir. Místico, sobrenatural, demoníaco también. Si en el infierno escuchan música, tienen un nuevo referente que pinchar a todas horas. Es la perfecta banda sonora del mal.


PARHELION & ZAC KEILLER: Farthest North (Cyclic Law 2013)

Farthest North es el nombre que recibe la colaboración musical entre el proyecto canadiense Parhelion y el artista australiano Zac Keiller. Ambos caballeros se han especializado en los últimos tiempos en darle forma sonora a paisajes desolados, si bien el amigo Keiller lo hace desde un punto de partida más experimental y un poco menos ambiental que el del oscurísimo Ihor Dawidiuk. En este caso la “musa” e inspiración es el más lejano norte del título y dicho nombre no podría ser más acertado. El frío, desolado, solitario e inmenso norte. El helado. La intención es hacer sentir al escuchante las sensaciones y sentimientos que pueda generar ese tipo de paisaje y a fe mía que lo logran. En ocasiones acercándose a los mejores Lycia (que también tuvieron su acercamiento al tema en Cold, aunque fuera desde otro prisma), en otras desde una perspectiva más orgánica, en otras más experimental. Un disco que combina perfectamente momentos de gran densidad con otros de delicada y casi minimalista belleza. A través de loops sonoros, samplers, voces susurradas, casi murmullos, un sinfín de elementos que en conjunto atrapan al oyente, lo sumergen en esa sensación de amplitud helada, de paisaje infinito, terriblemente bello. No estamos no obstante, ante un trabajo narrativo, no hay una continuidad entre los temas que desarrolle un discurso coherente, sino que se trata de uno de esos discos casi conceptuales que hace de sus siete temas, siete pedazos, siete maneras de observar y recrear esos panoramas inmensos de hielo y nieve. Atmósferas recreadas, opresivas en por ejemplo In The Midst of Eternal Ice. Ambientes fríos, helados, muertos en su desolación, en el tema homónimo, Farthest North. Para mí, los dos mejores cortes del CD, si bien es complicado destacar alguno, tanto por el nivel de piezas como la oscura Opal Sky o la experimental Perfect Desolation, que perfectamente podrían ser una de esas dos elegidas, como por la ausencia de alguna “canción” que pueda parecer inferior. Difícil subrayar mejores y peores, todas rayan a gran altura.

Uno de esos discos para escuchar y degustar tranquilamente, con la luz apagada (tal vez incluso mejor con cascos), preferiblemente en soledad. Soledad que ya de por sí se hace más grande al seguir el recorrido que ambos artistas proponen, logrando esa áspera sensación perseguida surco a surco, esa tremenda percepción aumentada, nota a nota, ruidito a ruidito. Un dibujo perfecto, una estupenda fotografía a veces fija y otras no, un magnífico retrato de ese lejanísimo norte (más para el 50 % australiano, claro) que no es necesario explicar, pero que apetece sentir una y otra vez. Una abstracción, oscura, amplia, calmada. Dura como el hielo, espacial de algún modo. Porque esa es otra de las facetas de Farthest North: la capacidad de abrir la mente tanto como el propio espacio, también oscuro, también frío, también desolado. Un estupendo, en definitiva, ejercicio paisajístico musical. Un ejercicio que arrastra el dark ambient a cotas difíciles de superar. Un disco para reposar la mente y escuchar tantas veces como se pueda. Calentito, preferiblemente, eso sí.

Farthest North está editado en digipack de seis paneles, limitado a quinientos ejemplares y con un dvd a modo de bonus que proporciona a través de sus imágenes una experiencia audiovisual añadida.


CANIS LUPUS: Shape Of The Ghost (Gothic Music Records 2013)

27/12/13
Últimamente la otrora mucho más metálica Suecia (obviemos ABBAs y Roxettes) es un vergel en el que resplandecen (es un decir) un buen puñado de bandas góticas, en el sentido más purista del término. Incluso en laletracapital nos hemos hecho eco de los trabajos de grupos como Brotherhood, Ritual Reaper o Les Fleurs Du Mal. Sí, ya sé que justo estos tres son malos ejemplos pues, si bien sí son de ese trozo de Escandinavia, no son estrictamente góticos. O al menos, no solo. Con Canis Lupus (gran nombre) haremos una excepción: comentaremos un álbum de un grupo sueco tan puro en sus planteamientos Gothicrockeros que la propia promo define como el encuentro entre Sisters Of Mercy y Nosferatu. Vamos, más auténtico y clásico que el sombrero con chorreras. Tanto que de primeras echa para atrás, musitando aquello de “otro grupo más de guitarras, caja de ritmos y voz cavernosa”. Llámalo prejuicios pero es que hay taaaaantos grupos por ahí haciendo eso mismo... repitiendo una y otra y otra vez los mismos esquemas, los mismos riffs, los mismos ganchos incluso… Bueno, confiemos en el proverbial buen gusto de Mr. Terramortis (capo de Gothic Music Records) y en lo que parece prometer el excepcional libreto de veinte páginas que acompaña al CD. Play.

Canis Lupus no son unos recién llegados a este palo, si bien este Shape Of The Ghost es su primer “plástico”. Se formaron en 1999 y han ido sufriendo cambios de formación, separaciones y “arrejuntamientos” desde entonces. Tienen varias demos repartidas aquí y allá y una trayectoria de conciertos bastante respetable en una banda sin nada publicado oficialmente. Hasta ahora. Shape Of The Ghost recupera algunas canciones de demos anteriores y, sin ser un exhaustivo recopilatorio, tiene ese toque deslavazado entre temas, que en ocasiones resulta bastante irritante, pero que esta vez (aparte de lógico) no supone un problema, toda vez que el estilo en estos años se ha desarrollado de una forma continuada, sin saltos ni estridencias. Symmetry recuerda en el timbre de voz a los alemanes Dreadful Shadows, pero es solo un matiz. Filtrada, rítmica, es gothic rock puro de reminiscencias noventeras pero con una pátina actual y moderna que entronca a estos lobos del norte con esa tercera oleada de la que tanto hemos podido hablar (y disfrutar) en este 2013 que ya termina. Shine My Light es mucho más bailable, rápida y tarareable. Pegadiza, vaya. Rescatada de la demo Chasing the Gods de 2005, resiste perfectamente el paso del tiempo, podría ser de ayer mismo. Uno de los temas que más me gustan de este Shape Of The Ghost. Alone combina voz masculina y femenina y acentúa unos teclados, muy presentes en este tema, quizá uno de los menos ortodoxos (entiéndase el término) del CD. Ritmos complejos, cuidados al milímetro, para un tema deliciosamente ejecutado. Sorprendente pero no tanto como el inicio de Black Magic Dance que amenaza electrónico pero que recupera rápidamente el tono gothicrockero. Con las guitarras ardientes propias del género y todas las características habituales. Pero con la adición de esos teclados que equilibran la canción y le otorgan más matices, diferentes texturas sónicas. Mantra redondea los temas extraídos de la demo citada. También se inicia electrónica pero le cuesta más entrar al rockeo gótico. La forma de cantar, algo más tópica de lo habitual, no desmerece un mantra que seguramente fuera un llenapistas allá dónde queden pistas por llenar. Aquí, ya sabemos. Close Your Eyes es un medio tiempo muy en la línea de lo apuntado. Barroco en arreglos, hay momentos en los que se embarulla un poco el sonido con tanto añadido, nada, no obstante, que no enjugue el tono épico y adecuadamente grandilocuente de la composición. De todos modos, en mi opinión, el tema ganaría creo con más contención, con menos detalles a los que prestar atención y que pueden quitar ésta de la esencia misma del corte. Continuando con los tomados de Lights May Pass (2003) suena Levitation. Teclados que sostienen la melodía principal del tema, guitarras a caballo y ritmos tan concisos como contundentes. Voces de nuevo mixtas para otro de esos cortes que se quedan en la memoria del escuchante, mucho tiempo después de terminar. Tampoco inventa nada pero no era necesario hacerlo. Sedative es más rockera, menos murcielagosa. La voz es más protagonista que nunca y puedes notar en la piel los tonos graves de ésta, otra vez en la más pura tradición de lo que siempre ha sido el rock gótico escandinavo. Mil ejemplos hay. Las teclas suavizan la necesaria aspereza de las guitarras y la canción va creciendo y desarrollándose, va conquistándote con cada nueva escucha. Para terminar tenemos Calling. La canción de procedencia más antigua de todo el CD (once años ha) tiene en los cambios de ritmo, e incluso de registro, uno de sus puntos fuertes. Aunque no es el único. Las guitarras tienen mucho que contar todavía y en Calling lo describen, demostrando que hace más de una década estos suecos ya sabían muy muy bien lo que se cocía. Perfecto cierre para el disco, desde luego.

Un disco que, otra vez, demuestra con creces por dónde van los tiros en el gótico actual y que mantiene a Suecia como uno de los países que a día de hoy exporta mucho de lo interesante en cuanto a escena oscura se refiere. Un disco, limitado a solo 1000 ejemplares, que, por supuesto, puedes adquirir vía Gothic Music Records o a través de nosotros. O también por correo a laletracapital@hotmail.com. Una buena adquisición para terminar el año, sin duda alguna.


TARJA DE GIRA POR ESPAÑA

18/12/13


DEATH IN JUNE EN BARCELONA



THE FLOOD: In Love Or Despair (Danse Macabre 2013)

17/12/13
Hay electrónica y electrónica. Indudablemente. Depeche Mode son electrónica. Deine Lakaien también. Y Front 242, por seguir con los clásicos (he estado tentado de citar también a Vangelis, hablando de clásicos, pero sería a lo mejor rizar el rizo). Y, por supuesto, toda la cohorte de Ebemeros más o menos duros, más o menos oscuros. Lo dicho, hay electrónica y electrónica. Reconozco que cuando recibí este disco (cortesía de Danse Macabre) y el resto de los que lo acompañaban (próximamente, pero no en los mejores cines, en estas mismas páginas) me surgieron dudas. Qué puedo yo decir de un disco de este estilo, etc, etc. Pues lo primero que debo decir es que lo que aquí hace Mr. Hof es pop. Fundamentalmente pop. Basado en sintetizadores, sí; a ratos bailable, también; con ramalazos oscuros e influencias de la darkwave (fundamentalmente de la germana de los noventa), claro. Pero pop, pop de lo más resultón. Muy bien hecho, por cierto.

El proyecto de Markus Hof (aunque cuenta con la “ayuda” de Manuel Richter y de las guitarras de Thomas Haubner de cuando en cuando) debuta en CD largo con este In Love Or Despair (tras su Something In The Way, ep del año pasado) y lo hace desarrollando sus composiciones en algún lugar intermedio entre el tecnopop primigenio y las grandes y electrónicas bandas alemanas de la década antes citada. Lo hace sin esconder influencias, recubriendo la sobresaliente voz (a la altura de los mejores, si no por encima) de un pelaje típicamente sintético, tan frío, tan bailable, tan delicioso como puedas imaginar. De vez en cuando además, adoba lo anterior de oscuridad bien entendida y de alguna manera abandona un poco la “felicidad” y lo cristalino de ese sonido que tan fácilmente etiquetan por ahí (lo siento, no puedo con lo de Futurepop; al cumplir el Future veinte o treinta años, ¿no deja de serlo?). Vamos que se agradecen los nubarrones por más que sean poco frecuentes. En conjunto, resulta difícil destacar alguna canción por encima de otras, todas tienen un nivel similar. Sí que sorprende dicho nivel (bastante alto) en un disco debut. No es muy corriente encontrar en un primer trabajo, tanta calidad, tanta canción redonda, tanto tema al que resulte francamente difícil poner alguna pega mínimamente objetiva. Sí, puede que por una cuestión de estilo, este no sea tu sonido favorito, pero ese es otro tema que nada tiene que ver con lo que hablamos. Lo hacemos de catorce cortes entre los que no tengo demasiado interés por destacar ninguno. No estaría bien, no sería justo. Si no tengo más remedio que quedarme con alguna, tal vez la estupenda Never Wanted sea una de mis favoritas. Bastante más atmosférica que en la versión original (ya estaba en el EP de 2012), las texturas, la envoltura dramática, la adición de capas de sonidos a una composición que ye era brillante per se, la hacen especial. Al menos hoy, pues este es uno de esos discos que te hacen cambiar de “favorita” en cada escucha. Las guitarras omnipresentes y tratadas de Don’t Miss You, también me parecen dignas de mención y le otorgan al tema un aire completamente darkwavero, muy agradable de escuchar. Se apoyan en unos ritmos crecientemente más complejos y la voz (siempre la voz) llena de matices termina por redondear un conjunto también destacable. Melodías elaboradas a la vez que cristalinas, sentimientos perfectamente expresados que nada tienen que envidiar a los “grandes” nombrados, nada de nada. No tiene The Flood la profundidad de Deine Lakaien, tampoco seguramente lo pretenda. No tiene la frescura del primer tecnopop, treinta años son demasiados. Pero no me cabe ninguna duda de que a los fans de ambos “extremos” (si es que lo fueran, que tampoco eso lo tengo demasiado claro) les debería gustar este In Love Or Despair. Les debería gustar mucho.


NUEVO PROYECTO DE KOVALSKI

16/12/13
Kovalski compondrá la Banda Sonora del nuevo videojuego de Fictiorama Studios.



El grupo de rock madrileño está trabajando en un nuevo proyecto: la banda sonora de “Dead Synchronicity: Tomorrow comes Today”, primer capítulo de la nueva aventura gráfica de Fictiorama Studios. Descrita por algunos medios especializados como “la aventura gráfica más ambiciosa de 2014” o como “una aventura gráfica española sin igual”, Dead Synchronicity da a la oportunidad a Kovalski de desarrollar su creatividad musical en un nuevo y estimulante ámbito: el videojuego. Así, la banda, compuesta por Nayra García (bajo y teclados), Mario Oliván (Guitarra solista) y Alberto Oliván (voz, composición, guitarra rítmica y programaciones), estará trabajando en ello hasta mediados de 2014.


¿Qué vas a hacer cuando el tiempo se disuelva? Con esta inquietante frase nos asomamos al nuevo proyecto de Fictiorama, que fue presentado con notable expectación en la Feria londinense del Videojuego Adventurex. A ella acudieron representantes notables del mundo de la aventura gráfica y del videojuego como Charles Cecil, cofundador de Revolution Software y uno de los creadores de Broken Sword. Dead Syncronicity pudo ser jugada en versión demo, y se presentó una de los primeros temas de la banda sonora como acercamiento a lo que será; nosotros nos quedamos con la frase de C. Cecil al oírla… “Love the music!”.

¿Quieres escucharla? Entra en: https://soundcloud.com/kovalski-rock/kovalski-dead-synchronicity

Página oficial de la banda: www.kovalski.org
Spotify de Kovalski: https://play.spotify.com/artist/28ul79FdRceXGkg0p898Md
Página web de Fictiorama Studios: http://www.deadsynchronicity.com/


THE DARK SHADOWS: Autumn Still... (Select-A-Vision Records 2013)

Existen un sinfín de grupos que manejan perfectamente bien su estilo, que son capaces de ampliar horizontes, de trascender lo meramente formal y que, ajustándose a los parámetros con los que han decidido acometer la intención de expresarse artísticamente, logran exactamente lo que se proponen, sin alejarse un centímetro de SU género escogido. Existen, lógicamente, aún más grupos que tratan de llegar a lo anterior, pero que fracasan en el intento. No consiguen sonar lo bastante bien o no consiguen superar sus propias influencias y se convierten en “más de lo mismo”. Del mismo modo, existen otras bandas (pocas, muy pocas, estas son muy escasas) que lo que hacen es (a fuerza de mezclar gustos, influencias, inspiraciones, …) tremendamente diferente a cualquier cosa que hayas oído antes, siendo al mismo tiempo tremendamente sencillo rastrear algunas de sus innumerables raíces. Bandas que suenan distinto a todo, pareciéndose a la vez a un montón de grupos y estilos, lo suficiente como para resultar atractivas al público potencial de todos esos estilos. De entre estas pocas, algunas (poquísimas) consiguen también resultar excepcionales dentro de lo ya original. Exquisitas dentro de lo excepcional. Delicadas y elegantes perlas con las que te encuentras muy de vez en cuando pero que cuando lo haces no puedes sino rendirte a lo obvio. The Dark Shadows son, para mí, una de estas delicatessen. Un trío de sydneysiders que mezclan sin ningún tipo de vergüenza (ni falta que les hace) afterpunk, siniestreo, rock’n’roll y cualquier estilo que se os ocurra que acabe en billy para hacer un sonido tan personal como accesible, tan trabajado como refinado. Autumn Still… es su segundo disco largo y se presentó recientemente en vinilo limitado a 333 ejemplares y en digipack. Compendia tema de sus recientes singles (Eisbar, Distant Mind, Written In The Snow) y eps (Invisible, 11:11), con un puñado de temas nuevos. Vamos con ellos. Con todos.

Distänt Mind rompe el hielo. Después te rompe a ti por dentro. Llena de fuerza contenida, oscura, elegante, intensa… como dijimos ya en su momento: pop con energía punk o punk con dulzura pop. Como prefieras. La actitud es la misma… The Boy From Berlin es uno de los temas nuevos. Un medio tiempo, de sabor clásico, con bellos coros y taaaan europea… una letra cuidada (tampoco es ninguna novedad) hace el resto. Una de esas canciones que no te cansas de escuchar una y otra y otra vez. Line Of Sight ya apareció en 11:11, es vieja conocida. Vuelven a destacan los coros en un corte mucho más rockero, de sencilla estructura pero engañosa simplicidad. Tarareable a más no poder. Oscura y bailable al tiempo. Déjate mecer por su cadencia, déjate empapar por la lluvia. Una versión, la conocida de Grauzone, Eisbär, tremenda. Con la guitarra haciendo de teclas, aportando intensidad y originalidad. Muy respetuosa con el tema original, lo dota de una energía diferente, más fuerte, más urgente, más potente. Y menos fría, eso también. Emergency, del EP Invisible. La vuelta al clasicismo rockero. Rock relajado, tranquilo, para paladares exigentes, para degustar despacio. No hay prisa pese al título, no hay premura en paladearla, no es necesario apresurarse. Disfruta cada nota, cada palabra entonada, cada golpe de baqueta. Estaríamos tremendamente impresionados si fuera la primera vez que oyéramos la canción, si acabáramos de conocer al trío neosurgalés. Still Lives... recitada. Preciosa. Otra de las rescatadas de Invisible en este disco tan otoñal como reza el título, combinando frialdad y calidez, melodías secas como hojas, con melancólicos aguaceros. Still Lives… con el sabor que le da la guitarra acústica y el empaque del texto medio susurrado. Si no te pone los pelos de punta… háztelo mirar. Nobody Knows, ochentera, pop, una de las nuevas. Una letra que habla, en el fondo, de la importancia de lo importante, filigranas vocales (en la principal y en los acertados coros) que revisten la melodía, virtud fundamental del tema. Tres minutos y medio de la cara más dulce de las australianas como demostraron recientemente en su última visita a Europa. Llevamos medio disco y las impresiones no pueden ser mejores. Written In The Snow...no puede hacer otra cosa que confirmarlas. Si digo que es una de mis canciones favoritas, posiblemente me quede corto. Las líneas que dibuja la guitarra perfectamente sustentada en el grueso trazo de la sección rítmica que en esta canción (concretamente, aunque lo haga en muchas) supera con creces el notable, la indiscutible fuerza que destila, imposible quedarse quieto. De verdad, de verdad, un temazo. La cara opuesta a Scissors, balada de terciopelo, perfecto contrapunto al arrase anterior. Otra canción nueva, otra muesca más que añadir a las anteriores. Nocturna, casi nictófila, morbosa e inquietante, a la par que bella (o tal vez precisamente por esto). Porque la garra no es solo guitarreo. No solo de ritmos rápidos y desatados vive el escuchante. Pese a lo que parezca indicar el punteo inicial de Dark Shadow. Rescatada de 11:11, el corte se arrastra sinuoso como la sombra del título y es de esas que se te meten en la cabeza y ya no te sueltan. Buena culpa la tiene la contención no exenta de energía. Y los cambios de ritmo, claro. Otro de los “must” de la carrera de las mocicas estas. De Silent Screams ya hablamos también en su momento. Letanías dulces, voces de fino satén, letras desgarradoras. Estamos solos ante el miedo y el dolor. Y que te lo cuenten meciéndote… Ya está terminando el CD, solo resta Twinns. Otra nueva para terminar, por cierto. Las armonías vocales vuelven otra vez a la década de los ochenta, acariciando un medio tiempo que, de nuevo, parece indicar el camino, el nuevo rumbo que emprenden The Dark Shadows, un rumbo menos evidente en ritmos que en sus comienzos, con más lugar para el sentimiento, para la sensación a flor de piel, más desnuda, menos envuelta en ritmos acelerados. Igual de intensa, eso sí, eso no se ha perdido con la ralentización de compases. Realmente más que un nuevo sonido es una lógica diversificación del de siempre. Es una ampliación de miras, un abrazar más influencias y una también lógica madurez estilística.

Decir que Autumn Still… es un gran disco sería una obviedad. No decirlo, una bajeza. Decir que el que suscribe disfruta como un enano con la sabia mezcla de estilos aquí supuran, sería repetirse. La elegancia, la sofisticación, la energía a diferentes temperaturas, la capacidad casi infinita de emocionar, están presentes en las doce canciones que conforman el CD. Aun así, cabe la posibilidad de que no haya sido capaz de expresar por escrito todo lo que te dan esa docena de piezas musicales, puede ser que no haya quedado claro. Quizá no estés de acuerdo (o no del todo) o alo mejor lees estas líneas y crees que lo dicho no es suficiente como para comprártelo, pero claro, estarás equivocado. Autumn Still… es un imprescindible en cualquier discoteca que se precie de serlo. El tiempo te lo demostrará si no lo ha hecho ya, no me cabe duda alguna.


STEREOMOTION: Days Of Faith (Danse Macabre 2013)

9/12/13
La electrónica bailable nunca ha estado entre mis estilos preferidos. Vaya por delante. De hecho, nunca he escuchado nada de ese palo que me haya llamado lo suficiente la atención como para merecer una segunda escucha. Electro (y sus doscientos mil apellidos, tan imaginativos como fatuos y, en muchas ocasiones, sobreactuados), EBM o ese grandioso saco de la electrónica oscura que llenó de bakalas los antros góticos de mediados de los noventa. Mentiroso el saco, también, pues oscuro, oscuro, lo que se dice oscuro… Y todas las infinitas variantes, subvariantes, fusiones entre estilos, zarandajas varias. Que si Harsh, que si Aggrotech, que si, incluso, Futurepop, Synthpop, etc, etc. O sea teclados, ritmos acelerados (dichosos bpm) e intención bailable. Durante muchos años, para mi chunda chunda con más o menos ínfulas. Para más INRI, de un tiempo a esta parte, casi todos esos estilos acumulan el adjetivo Old School o el prefijo Nu. Sin medida ninguna, además. Etiquetas todas que me han dejado siempre bastante frío. Por ser suave.

Pero, indudablemente, me he hecho mayor. Mal que me pese. Y los años me han dado el suficiente juicio (vosotros diréis si es malo o bueno, a mí a estas alturas me da bastante igual) como para intentar hablar o reseñar o criticar un disco tratando de ser objetivo y de salirme del guión que me plantea mi propio gusto personal, que a nadie más que a mi concierne. Salirme de la obviedad de discriminar en “bueno” o “malo”, lo que solamente significa “me pone” o “no me pone”. Y llego a conclusiones, claro. Si puedo discernir y hablar de algo saliéndome del corsé del paladar propio, si puedo ser capaz de explicaros (hasta el punto de que os aumenten o disminuyan las ganas de acercaros o alejaros de un disco o grupo) las sensaciones que podéis experimentar a la escucha de determinado trabajo. Lo voy a intentar, por lo menos. Ya me diréis que sale.

Tengo entre manos un bonito digipack con lo último de los germanos Stereomotion y veo (leo) que el bueno de Bruno Kramm (musicazo en Das Ich y capo en Danse Macabre) ha intervenido en la producción. Hojeo (y ojeo) el libreto mientras pincho el CD. De inmediato los ritmos, los teclados, las adiciones de capas electrónicas sobre más y más capas del mismo corte me llenan los oídos. Ya incluso en el Prologue. Suena europeo, suena alemán, suena a la Electronic Body Music de siempre, la bien hecha (más allá, insisto, debo hacerlo, de gustos). Voces lo suficientemente recias; ritmos, suficientemente fríos. Hay temas más oscuros que otros (dentro de lo dicho), temas en los que si sustituyes teclas por cuerdas de guitarra afilada te encuentras con otros estilos mucho menos ásperos, mucho menos bailables. Es el caso, por poner solo un ejemplo o dos, de The Voice Of Freedom o de In My Arms, dónde hay presentes matices que no acostumbran a encontrarse en piezas más puramente danzarinas (Days Of Faith o Fallen son buenos ejemplos, entre las más dirigidas a la pista de baile). No todo van a ser los sempiternos beats per minute (puto beatmatching), parecen demostrar la más introspectiva Rebellion Of Dreams, que acerca el sonido a otras ramas, también electrónicas, pero mucho más introspectivas, rozando la época dorada del tecnopop ochentero o la melancólica Unbreakable, con un Florian Jäger de garganta acariciante, transmitiendo sentimientos. Por todo esto digo y no me duelen prendas que este Days Of Faith del dúo Stereomotion, a quiénes debo de reconocer que no tenía el gusto, se marcan en este final de 2013 que nos entretiene un auténtico pelotazo. Que hará seguramente las delicias de pinchadiscos diversos (centroeuropeos mayormente, de nacimiento o afiliación, poco importa) pero también de quienes gustan de escuchar sin la imperiosa necesidad de destrozarse las rodillas bailando. Que debería gustar a cualquier aficionado a la música bien realizada, por lo menos hasta el punto de apreciarlo, si para el enamoramiento se es más “de miras cerradas”. Porque Days Of Faith es un disco muy bien hecho. Tanto si te gusta este palo como si no, de tontos sería negarlo.

NOMADA SESSION 012: SATURNALIA




AFTER DUSK: End Of Our Days (Gothic Music Records 2013)

22/11/13
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A mediados de los noventa Alemania se llenó de grupos que, decididos a recuperar la esencia ochentera del gothic rock de guitarras y voz profunda (no daré nombres, no hace falta), renovaron un género que ya en aquel momento se debatía entre ramalazos electrónicos y asimilación de otros estilos que algún iluminado consideró tangentes y que terminaron con la escena tal y como se conocía. Nombres como Dreadful Shadows, Love Like Blood o un largo etcétera, se diluyeron intentando (normalmente a través de endurecer guitarras y aproximarse al metal) reinventarse, quedando en una especie de tierra de nadie que fue el germen del Gothic Metal y el canto del cisne de casi todos ellos. Algunos todavía los recordamos, todavía nos estremecemos con esos discos ya añejos y mira que algunos, bastantes de ellos, han envejecido fatal. Pero ¡ay! Resulta que llevamos unos pocos años donde no estamos solos, un lustro escaso en el que hay un puñado de bandas empeñadas en rescatar aquel sonido, esos años. Unos cuantos proyectos que se apoyan en ese recuerdo, en esas influencias, para desarrollar su propio estilo. Aquí hemos hablado de muchos de ellos, de algunos mejor y de otros sin tanta alabanza. Sucede que da la sensación de que ha habido un desplazamiento geográfico en ese seguir el palo y parece que ya no está todo tan centrado en Alemania (Centroeuropa, ja). Sigue habiendo buenas bandas allí, claro, pero se ha producido una cierta “democratización” geográfica y a día de hoy, Suecia y Grecia (entre otros) son naciones bastante pujantes en esto del Gothic Rock de raíces. La sorpresa viene de los helenos (en Escandinavia siempre ha habido escena); la sorpresa, en este caso, se llama After Dusk.

End Of Our Days es su primera referencia discográfica y viene avalada por Gothic Music Records (GMR003). Lo primero que llama la atención de la música de estos tres tipos es ese respeto casi reverencial que citábamos a los clásicos más clásicos de hace veinticinco años. Lo segundo, cómo cogen ese respeto y le dan la vuelta, cómo logran no sonar arcaicos, gothic rock contemporáneo y actual pero enraizado en la firme tierra de quien ya lo hizo bien antes. Así, Strange Aeon’s Signs que abre el CD se apoya en guitarras y ritmos para ir deslizándose. Recuerda precisamente al gótico épico nórdico noventero pero tiene en la voz, bastante diferente de timbre a lo habitual, una de las virtudes que la actualizan. Suena inspirada pero no copia nada. End Of Our Days es de esos temas que te imaginas pinchados hasta la saciedad. Los efectos de las guitarras, el trabajo inconmensurable en el tratamiento de la programación, los infinitos matices vocales… la lógica dramática del renovado sonido, la fuerza melódica, todos ingredientes que no por conocidos pierden importancia. Trascendencia rockera y oscura. Recupera ese espíritu algo más heavie, como sucede con Under Dismay, donde los teclados no pueden engañarte: no lo hacían en los germanos finiseculares. No, mientras las guitarras anden a esa temperatura. Un calor que se mantiene en la aparentemente más calmada Insight. Hasta que explota, claro. La voz que clama, crescendo imparable de seis cuerdas, para regresar a la ficticia tranquilidad empujada por el teclado emulapianos, que es quien sostiene el pulso de la canción. The Bitter Love es ciertamente más ortodoxa. De marcado acento clásico, tiene de nuevo en la melodía su mayor acierto, aunque peque un poco del tópico encabalgamiento instrumental. Pero vamos, nada que no solucione Ghouls In Disguise. Más original (sin tampoco resultar super rompedora, ni falta que hace), es fresca y tenebrosa a partes iguales, un poco como la manera de quemar del hielo, no sé si me explico. Buen gótico para paladares exigentes. The Seas Of Infinity, rítmica, de largo desarrollo y cambios de ritmo acertados, es otra cara de la misma moneda. Acelerada, larguísima, es un muy buen ejemplo de lo que estos tipos son capaces de hacer. Como el mar, alternativamente te mece y te golpea, te empapa y te empuja a la orilla. Quieras o no. Te obliga. Pues esta canción hace algo similar, sin ahogarte, sin dejar de apretarte. Midnight de nuevo regresa a la senda clásica. Guitarras deudoras de Dreadful Shadows, por ejemplo, más cerca de estos que de Hermanas o de antiguos demonios hebreos. Pero con un toque distinto, moderno. Otro de esos temas que apetece pinchar mil veces. Por lo que transmite, fundamentalmente. Take Me Far Away es para mí, la constatación de lo dicho. La más completa en cuanto a la instrumentación, me chirría un pelín la interpretación vocal. Una pena, pues hubiera sido un hit en toda regla. With Curses And Dreams se mantiene en la senda clásica, en el camino tallado por sus compañeras de disco, los toques culteros la enriquecen si cabe. Raise Your Eyes acierta en la combinación de sonidos, en el apoyo en las teclas pero sin perder la cuerda metálica su protagonismo absoluto. Es decir, como tiene que ser en el palo. Como sucede también, de hecho, en el penúltimo corte: Revelations Of Rebirth. Otra vez las guitarras cabalgando desbocadas, como gusta a los asiduos al género, como nos hace felices a algunos. Una de esas piezas que no quieres que termine. Pero lo hace, lo hace desembocando en una versión del ínclito y nunca suficientemente bien ponderado Paul Roland, en su arquetípico Nosferatu. Con ese remozado clavicordio inicial, con toda la fuerza del original pero con el filtro, lógico, de quien reinterpreta respetando. Ayuda la gravedad vocal pero es importante mantener la admiración por el icono para no destrozarlo. Los atenienses After Dusk no lo hacen, mantienen delicadamente y con cuidado todo lo construido, no es el momento de rebajar un ápice lo edificado con tanto ahínco, no. Y es que End Of Our Days es una grata sorpresa, un soplo fresco que viene a demostrar, otra vez, el buen gusto del sello que lo edita y, por supuesto, como se puede hacer de lo actual, un nuevo clásico. Porque es eso, ni más ni menos, lo que logran After Dusk con este disco: Un Nuevo Clásico.

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12/11/13

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11/11/13


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TRAS PLATAFORMA G, TRIBUTO AL PHOBIA




NEW MODEL ARMY: Between Dog And Wolf (Attack Attack 2013)

Es difícil pensar en algo relacionado con la música sin que salga a relucir NMA... NMA es, y será, algo muy especial para mí. Por lo que significa en mi vida ‘musical’, porque siempre recurro a ellos cuando no sé que escuchar... por tantas cosas. Es un grupo recurrente, nunca te falla. Despues de más de 30 años en la música y con una extensa discografía a sus espaldas (doce álbumes en estudio, más otros tantos en directo, rarezas, proyectos en solitario...) poco se les puede reprochar. O sí.

Reconozco que hace varios trabajos que NMA dejaron de sorprenderme (con el Today Is A Good Day recuperé la esperanza). Desde el The Love of Hopeless Causes (1993) no me ha impresionado ninguno de sus trabajos. Sí, es verdad que en todos los discos tenían una o dos canciones que destacaban, pero de esas dos canciones no pasabas, por más oportunidades que le dieses.
Se volvieron previsibles, monótonos y demasiado constantes y repetitivos en sus composiciones. Nada nuevo que aportar al mundo, nada. NMA siguen siendo NMA pero últimamente les falta algo que todavía espero que llegue. Con el Today Is a Good Day parecía que casi lo habían conseguido y con este nuevo trabajo tenía la esperanza de que nos lo volviesen a ofrecer. Esa rabia, ese enfado con el mundo..., además prometía, tenían todo lo necesario: muy buenos músicos, reconocido productor (Joe Barresi, que ha trabajado con Melvins, L7, The Jesus Lizard, Tool, Queens Of The Stone Age, Bad Religion, Soundgarden...), lo que le daba una energía inesperada en comparación con los últimos trabajos. O eso creía yo. Y llegó el esperado día... pero no llegó la sorpresa. Era un trabajo monótono, lineal. ¿Tribal? Dónde, o qué se supone que es lo tribal que no lo encuentro. Ni una canción con fuerza, nada de contundencia. Quizá gane en directo, no lo discuto, pero en estudio a mí me ha decepcionado bastante.
Le seguiré dando oportunidades, son NMA, pero todavía estoy esperando.

We don’t want to be like you,
don’t want to live like you
Learn by our own mistakes, thank you
Forcing time and pushing through


You are not our heroes anymore

Por cierto. Algo positivo es el diseño, buenísimo como siempre.


Dawn e Ijzys


VIOLET SKY: Demo (Autoproducido 2013)

10/11/13
Una de las mayores satisfacciones que me produce (y no es de ahora, es de siempre) esto de escribir sobre música es, sin duda, la posibilidad de conocer nuevas bandas y más si, como es el caso, te permiten conocerlas en “estado de demo”. Los tiempos de las maquetas en cassette ya pasaron y hoy en día, lógicamente, las posibilidades de hacer algo con un mínimo de calidad sin gran inversión económica y de manera más o menos artesanal son enormes y están al alcance de casi cualquier artista. Así, actualmente es difícil diferenciar muchas veces los “productos” autoproducidos de los que tienen detrás compañías discográficas, etc, etc. Además esas mismas “nuevas” tecnologías permiten que no existan fronteras, que sea igual (o casi) de sencillo conocer lo que están haciendo cuatro muchachos en un garaje de Tbilisi que dos calles más allá de donde vivas. Todo esto podría banalizar las sensaciones que se producen al acceder a dicho conocimiento, pero, por fortuna, la satisfacción sigue siendo la misma, eso no ha cambiado un ápice, no se ha perdido. Es más, se acrecienta ésta cuando el grupo que te envía su demo es de fuera, no por nada concreto, sólo por lo que tiene de universalización del trabajo que haces. Suma más, claro.


Un buen amigo, colaborador de estas letras, me habló de Violet Sky. Me habló muy bien, quiero decir. Tanto que creó unas expectativas tal vez demasiado grandes, pero bueno, consiguió que me pusiera en contacto con el grupo y ellos gentilmente me enviaron su demo. Tras una primera escucha, debo decir que no cumplieron las ideas que me había hecho sobre ellos. Me parecieron correctos sin más, con grandes y marcadas influencias que me dio la sensación de que deslucían el resultado final. Pero tuve el buen juicio de no dejarme convencer por esa primera toma de contacto y decidí darle más oportunidades al disco. Poco a poco, escucha tras escucha, mi impresión es bastante diferente a esa primera. Porque resulta que es cierto que Dark Emotions bebe claramente de aguas conocidas, con esa voz femenina llena de ecos y esa guitarra repleta de efectos que la hacen parecer un teclado. Es cierto, que el ritmo lento con el estribillo más pop trae a la cabeza otros grupos, otros genios. Pero también es verdad que es una de esas canciones pegajosas que se te meten bajo la piel y son difíciles de quitar, especialmente porque las sensaciones que producen son tan placenteras que tampoco hay nada que invite a hacerlo. Melancholia, repite la guitarra distorsionadísima y el recuerdo de los del vals con Mefisto. Repite el cantar medio susurrado de Morgane y, por suerte, repite también la descarga de siniestrismo oscuro, murcielagoso, calavérico. Del que nos gusta y nos emociona desde hace décadas. Dos canciones y la constatación de que en la originalidad brutal y sin concesiones no está la mayor virtud de estos franceses. También de que no siempre es imprescindible. Decadence tiene un ritmo más rápido (sin exagerar) y sigue recordando un poco en exceso a los antes mencionados, en su mejor época, por cierto. Pero desarrolla la línea, la tela de araña que tejieron los Bari Bari y compañía, no se queda en la mera copia formal sino que va más allá, como si fueran de algún modo herederos, más que simples seguidores. Per Amorem confirma esta impresión. Las campanas, las atmósferas, ahora sí más personales, alejan el sonido de las influencias citadas. Se mantiene el aire deathrockero en la que, para mí, es uno de los aciertos de la demo. Lo tiene todo, personalidad, fuerza, oscuridad… unos crescendos de lo más resultones. Tenebrosa y bailable al mismo tiempo. Night Steps también se aleja de influencias obvias. Según va transcurriendo el álbum va haciéndose más personal el sonido, más original, dentro de que las coordenadas en las que se mueven el dúo son de sobra conocidas. Las guitarras de Erik D. empastan perfectamente con la voz sinuosa de Morgane y te van conquistando poco a poco. Damnation, otro de los hits de la demo, la misteriosa y dura Black Soul, la preciosa Sidh… confluyen en el mejor “bloque” del disco, ese que por sí mismo justifica su compra. Las tres, las cinco, cada una en su estilo, son un ejemplo de por qué hay que dar varias oportunidades a algunos cedés, especialmente si confías en quien te los recomienda. Waking Fairies me parece más floja. Algo tópica, no termina de entrarme, le reconozco valía pero me parece a años luz de las citadas. Possession no termina de remontar aunque lo intenta. Spirit, por el contrario, sí que tiene un cierto espíritu de ser punto de inflexión, llega tarde pero llega y te desarma de nuevo. Algo barroca de instrumentación, algo confusa, me parece una muy buena pieza. Me hace gracia que termine todo con Mephisto Inside. Estoy seguro de que no es una declaración de intenciones pero… Instrumental, es un buen cierre para un disco que como he dicho varias veces he necesitado escuchar varias veces para que me entrara pero que después se ha revelado como un trabajo más que notable. Más, tratándose de una primera demo. Especialmente porque no lo parece. Podría ser un tercer, un cuarto trabajo sin ningún problema. No ve en él ninguno de los habituales defectos de las primeras maquetas, no veo tanteo, no veo amateurismo. Sí que por el contrario me parece que las ideas están claras y están bien definidas e interpretadas. Queda solamente pulir un poco el sonido para hacerlo aún más personal y et voilá, estaremos posiblemente ante unos de los grandes. Si es que no lo estamos ya. Mi más sincera enhorabuena a Erik D. y a Morgane, les ha quedado un disco muy bonito.

VIDI AQUAM: Fog Vision (Rosa Selvaggia 2013)

7/11/13

Vidi Aquam es una banda italiana que, con altibajos, lleva activa desde hace casi veinte años. Siempre han estado presentes en bastantes recopilatorios y tienen una trayectoria discográfica tan prolífica como brillante (Fog Vision es su décimo lanzamiento) pero como sucede en demasiadas ocasiones, no han terminado de ser un grupo conocido, al menos por estos lares. Una realidad que por conocida no es menos injusta. Digo esto porque ciertamente Vidi Aquam son notables en muchos aspectos y, desde luego, su capacidad para combinar elementos puramente góticos con darkwave resultona, deathrock abrasador o, incluso, estilos más pausados y melancólicos está fuera de toda duda a poco que revises su historia. Fog Vision no es una excepción. Los tres años transcurridos desde el también estupendo "The World Dies" no han hecho más que acentuar los rasgos que han definido siempre al trío: calidad, creatividad y talento. Tres virtudes imprescindibles para poder mezclar rock gótico del bueno, ramalazos deathrockeros, algo de afterpunk y el toque darkwave elegante, casi sensual, que es también marca de la casa. Tres virtudes indispensables para poder combinar tradición y modernidad, lo mejor de los ochenta y noventa con todo el eclecticismo de estos últimos años.



The Puppets Show empieza añeja, con aires circenses o como de tiovivo. En seguida cambia, entra la excepcional guitarra de Daniele, bien acompañada por bajo y teclados, la voz dramatiza, se imposta y retuerce, interpreta. Que se nos ha olvidado eso, que hay cientos de cantantes que lo hacen muy bien, clavando cada nota, sin desafinar pero sin interpretar. No es el caso. Aquí te cuentan una historia (las letras lo hacen) y la voz lo expresa, lo representa, lo glosa. Me parece una diferencia fundamental. Luego ya podemos entrar en si la forma de exposición es la correcta, si tiene un punto de sobreactuación… lo que quieras. Pero es otro tema. Forest Shout recuerda a todos los grandes del género, épica, con el desgarro necesario y a la vez, elegantemente decadente. El ritmo se revela “demasiado” enlatado pero tanto el resto de la instrumentación como la voz, tanto el alma que tiene la canción como la estructura misma del tema, se llevan por delante cualquier crítica. El bajo del tema que da nombre a todo el LP, Fog Vision, vale por sí mismo más que un buen puñado de discografías completas de más de un advenedizo. Fabio maneja las cuatro cuerdas como si diera un cursillo acelerado de siniestrismo. La voz otra vez dramática, menos que en She Says And Does Not Say, dónde la protagonista es la guitarra bien secundada por el teclado de Nikita, la tercera pata del trío (ordénalas como gustes). Una canción para ser pinchada todo el tiempo. 10 Agosto ’44 es ciertamente diferente. La introducción del teclado con guitarrazos distorsionados por detrás, bajos y ritmos casi mortuorios, triste y oscura, la Segunda Gran Guerra de fondo, plomiza como un día de niebla. Igual de magnífica. Pigface parece de clásicos semiolvidados como Sleeping Dogs Wake. Por decirlo de algún modo. Un tema distinto, diferente, repetitivo pero lleno de energía. Tres minutos que se hacen muy cortos. We Bare The Light es más ortodoxa, tal vez demasiado. No es de mis favoritas de Fog Vision, pero sería notable en otros muchos discos. Withered Flowers redunda en el aire puramente gótico de ramalazo deathrockero, bastante difuminado en ese caso. Junto con la anterior, son los temas que menos me llaman la atención, por sensación de ya oídos, no por mediocres. Posiblemente influye la excelencia que los rodea. Ya digo. Nos acercamos al final. Suena una especie de proyector de cine antiguo. Diva Glance. De nuevo la fuerza interpretativa, en este caso en una pieza lenta, que cuenta con la voz de Marta Ultre (a la que ya conocíamos de 10 Agosto ’44, pero que aquí toma mayor preponderancia) y le da un empaque distinto, mejor. Cierra Fosca. De nuevo la interpretación vocal acusada. De nuevo un ejemplo de cómo sí. Un perfecto broche final para un disco que pone a estos italianos en el sitio que llevan ganándose tanto tiempo. Vidi Aquam son una estupenda realidad y Fog Vision no sé si es su mejor obra pero si no lo es, se acerca mucho. Ojalá no haya que esperar otros tres años para volver a disfrutarlos.


...AND WE WERE SHADOWS: Beyond The Lights (Swiss Dark Nights 2013)

4/11/13


Conozco pocos, poquísimos grupos, con un nombre más poético que …And We Were Shadows. Más evocador, más inspirador. No sé, igual me ha cogido sensible, blando, que sé yo. Pero es cierto que desde luego si lo que pretendían con dicha denominación era llamar mi/la atención, lo han conseguido con creces. De modo que al enterarme de la existencia de banda y disco, tras dejarme embriagar por esas cuatro palabras, había que comprobar si detrás de ellas había algo más que la sabiduría absoluta en escoger un nombre que reflejara al mismo tiempo oscuridad, belleza, misterio o sensibilidad. Los culpables son unos sospechosos habituales en los últimos tiempos: SwissDarkNights. Y el resultado de la “colaboración” se llama Beyond The Lights. Una colección de diez canciones con un denominador común: las sombras.



…And We Were Shadows basan su sonido en todo lo que su propio nombre parece indicar. La melancolía, la oscuridad, la frialdad, la niebla, son ingredientes comunes a los diez temas que vertebran este CD. El sonido es húmedo, fresco, levemente inquietante como pueda ser un paisaje nocturno otoñal en ocasiones. En otras avanza la estación y la propuesta se torna mucho más fría, oscura, menos melancólica, más mortuoria. Recogen el testigo que dejó hace ya lustros la mejor coldwave (especialmente la francesa), le añaden filtros de inspiración curera (Seventeen Seconds o Faith están en mi nariz en muchos momentos del disco) y a todo el mejunje sazonan con unas gotas de modernidad contemporánea y de creatividad un poco malsana. Medios tiempos, atmósferas, voces lejanas o no, siempre contenidas, llenas de dolor y pesimismo, pero sin desgarro. Tristeza infinita, serena, no depresiva. Como si fuera algo asumido, como si el dolor fuera asimilado y trasmitido, pero sin desesperación asociada. La sensación de mortaja, de jirón de niebla, de frío mármol de lapida… un disco gris, muy gris. En este sentido, me refiero. …And We Were Shadows son nocturnos y lo demuestran en cada nota. Desde la guitarra acústica que abre en canal la instrumental Beyond The Lights, el dúo italiano trata de enseñar su trocito de alma en cada melodía. In Chains es electrónica en su inicio, para rápidamente entrar en una espiral de coldwave puro, con el terciopelo empapado de la voz de Tommaso Meneghello que, cargada de reverberaciones, da cuenta de esa tristeza que decía antes. Una tristeza tranquila, sin rastro de violencia contenida. Permanent Clouds quizá sea el tema más puramente siniestro de Beyond The Lights, de nuevo la reverberación en la voz susurrada, difusa, otra vez los teclados protagonistas, las atmósferas… una delicia oscura. Out Of Control es armonía suave, tranquila. El pulso lo soporta la guitarra de Michele Gelmo, con la distorsión necesaria para plasmar todo ese gusto por el pop oscuro y frío, por la vertiente más trágica. Muy ochentera, es otro corte destacable. Modern Slavery es bastante diferente ya desde el “explosivo” inicio. Luego el juego del teclado y la voz van tejiendo una tonada hipnótica, evocadora, a ratos más angustiosa, a ratos más épica. Siempre ajustada y eficaz. Lower Tone es más popera aunque mantiene sin dificultad el tipo, no desmerece el trabajo de las anteriores, simplemente ahonda en otros sentimientos menos definidos. Engancha menos al principio pero es buena señal que gane con cada escucha. Heavier To The Ground en apenas cuatro minutos desarrolla un tratado de lo que una voz desganada puede transmitir. Una voz que parece decir en su arrastrarse todo lo que puede significar el dolor profundo, el que se sabe infinito. CDF tiene un ritmo programado a otro registro. Más arreglada, es pura frialdad siniestra. La guitarra parlante contribuye mucho a esa sensación. Una sensación que se acentúa más en el que para mí es el gran e indiscutible hit del CD: Virtuosity. Me encanta como el tema va creciendo poco a poco, recuerda a lo mejor de las décadas pasadas pero no pierde el aire actual, la voz está mejor que nunca y musicalmente es una barbaridad de canción. Acoplada al milímetro, es casi tecnopop ochentero oscuro, una delicia. Beyond The Lights Reprised es una suerte de Outro, también instrumental como la primera, no hace sino refrendar lo que los nueve temas anteriores nos han demostrado, que el estilo está más vivo que nunca y que no todo son guitarrazos góticos y voces profundas. Queda sitio para la sensibilidad, queda espacio para la tristeza, queda público para discos como este. La pena es que no canten en italiano...

Puedes escucharlo y debes comprarlo en http://swissdarknights.bandcamp.com/album/beyond-the-lights o a través de laletracapital por correo o facebook.


NEW ZERO GOD: Destination Unknown SG (Autoproducido 2013)

2/11/13
Tras el estupendo MMXIII que comentamos hace unos meses, los griegos New Zero God presentan ahora (bueno, hace unas semanas) su nuevo single Destination Unknown/Forever Today, que editarán en diciembre en vinilo de color (de momento está disponible en descarga digital).Dos canciones, una por cara, un single clásico, como el propio grupo. Ambas mantienen (como es lógico) el sonido lleno de influencias conocidas del disco citado. Conservan también, por fortuna, el tono original, creativo y repleto de matices que glosamos entonces: guitarra poderosas, voz potente y de gran amplitud de registros, bajos contundentes y baterías de ritmo exquisitos. Vamos con ellas.

Destination Unknown tiene en la melodía de la agudísima guitarra su mayor virtud. Recuerda un poco a los suecos Les Fleurs Du Mal, de los que hemos dado cuenta en laletracapital en numerosas ocasiones este año. Rock oscuro, de claras raíces góticas, alejado de tópicos. La voz rota (solo un poco) canta al presente mirando hacia delante, como ha de ser. Comienza tranquila para ir poco a poco tomando energía. Con el bajo marcando el camino y la voz, tan elegante como siempre, dibujando arabescos que recuerdan vagamente al mejor Hussey (palabras mayores). El desgarro, sobre todo vocal se torna rápidamente protagonista y el tema va discurriendo sin grandes alardes pero a un nivel medio más que notable. New Zero God son una apuesta segura, segurísima. Algo que ya sabíamos tras MMXIII pero que el single no hace sino confirmar. El final algo abrupto refuerza la sensación apuntada. La de gran canción. Claro. Forever Today comienza con el bajo desatado y el ritmo más intenso que en DU. La voz demuestra que tiene más registros, que no se apoya solo en el aire “misionero”. Aquí se percibe más aguardentosa, menos entera, por decirlo de algún modo y con delicadeza no exenta de fuerza va desgranando un texto que destila romanticismo y desilusión a partes iguales. Son, imagino, estos tiempos que nos han tocado vivir. Los cambios de ritmos y la omnipresente guitarra nos empujan hacia un final épico y desgarrado, canónico, este sí, y magnífico. Una de esas canciones que no te cansas de oír.

New Zero God son una de esas realidades que me hacen decir, no me duelen prendas, que tenemos la inmensa fortuna de vivir una nueva “edad dorada” de la música que amamos, una “nueva era” donde destacan un puñado de bandas (NZG entre ellas) que no es que hagan olvidar a las anteriores oleadas (no podrían ni aunque quisieran, los que contamos suficientes noviembres como para haber pillado al menos los últimos coletazos de la primera y de lleno la segunda podemos dar fe de ello) pero sí que tienen suficiente talento y creatividad como para no permitirnos rezumar nostalgia. Una indiscutible realidad. Y eso que en esta ocasión son solo dos canciones…

SGM FESTIVAL: PHANTOM VISION, TERMINAL GODS, UK DECAY, SOROR DOLOROSA, 2 de noviembre de 2013, Sala Gruta 77, Madrid

No ha podido faltar en 2013, en lo que a las artes oscuras se refiere, el evento musical de la semana gótica para este mes de noviembre, esta vez con un cartel tan ecléctico como irregular en su conjunto, pero no por ello menos disfrutable para los allí presentes, con las clásicas preferencias de cada individuo. Por eso y dadas las características del evento, me gustaría obviar los términos bueno y malo para definir las actuaciones en sí, puesto que cada uno tendrá sus propios gustos y sabrá valorar sin problema quienes fueron sus propios ídolos esa noche.

Respecto al aforo, me pareció que había bastante menos público que en otras ocasiones, si bien la avalancha de conciertos que hubo en ese mismo mes fue apoteósica, y es de comprender, que asistir a todos y cada uno de los eventos acaecidos en la capital en las últimas semanas resulta, cuanto menos, complicado de cuadrar. Imagino que una vez más, será cuestión de posibilidades y gustos de cada uno los que decidan a qué eventos se acude o no.

Si es cierto que, una vez desaparecida la sala ritmo y compás, el Gruta 77 era la mejor opción, por delante de la sala el Sol y otras del estilo, con precios más caros y menos visibilidad en líneas generales. En ese sentido, tanto los conciertos como la post fiesta se pudieron disfrutar de una manera agradable, cómoda y distendida, lo que supone un plus añadido a los grupos en sí, o a la música que pueda sonar en la posterior fiesta.

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El evento comenzó puntual como se había avisado sobre las 23:15h más o menos con los portugueses PHANTOM VISION en su, creo, segunda visita a la capital. Este veterano grupo luso que comenzó en el año 2000 fundado por el cantante Pedro “Morcego” y que ya tiene unos cuantos trabajos circulando, bebe directamente de las fuentes del after punk o el dark wave más básico y tradicional de grupos como Sisters o Bauhaus, pero con algún toque más electrónico y con unas líneas vocales menos virtuosas a mi entender. Personalmente nunca les vi nada en particular, pero cumplieron muy bien su papel (el más difícil y menos agradecido), de abrir el festival ante un público escéptico que iba entrando en el recinto con cuentagotas. El sonido tampoco les acompañó realmente pero supieron bandear todas estas dificultades con energía y mucho valor. Al no llevar un batería físico, ni bajista, todo el sonido recaía en un guitarrista de lo más concentrado en su ejecución y un teclado programado que reproducía el resto de sonidos, teclados, samples, bajos y ritmos, dando pocas alas al error y la improvisación, dando como resultado un concierto “para salir del paso”, en el cual todo el espectáculo escénico recayó en el cantante Pedro, que con su cresta y su baile histérico alentó y exasperó a la audiencia a partes iguales, haciendo gestos, muecas, lamiendo el micro y haciendo el mono hasta que, en el último tema, se quitó la camiseta y salió del escenario sin despedirse, dejando a la banda terminar dicha canción y dando por finalizada la actuación, como un toque de actitud punk, puesto que no creo que fuera por ningún tipo de mosqueo o mal rollo, ya que después estuvo departiendo con fans y asistentes con la mejor de sus sonrisas, así como el resto de la banda.

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Tras unos minutos de descanso y ya con algo más de público salieron los ingleses TERMINAL GODS. Estos jovenzuelos admiradores de Andrew Eldritch, The Wake y Rosetta Stone salieron al comedido escenario del gruta con una actitud acorde a sus perfectos de cuero. Con algo menos de voz por parte del cantante Cowlin que en las grabaciones pero con mucha más energía. Desgranaron casi todos sus temas más potentes como “The Wheels Of Love”, “Machine Beat Blues” o el megahit “Lessons In Fire”, digno sucesor de “Nineties” de STAR INDUSTRY o “Sideshow” de THE WAKE. La gente disfrutó en general bastante con su show, dando ellos todo de su parte para que así fuera, y creo que nadie salió decepcionado. Seguro que en un futuro próximo se oirá hablar bastante de ellos, y su revival del gótico inglés de los años 90. Se lo montan bastante bien en escena, tocando todos en fila con una energía y dinamismo que nos hizo movernos al ritmo de sus canciones, aprovechando una gran mejora de sonido respecto a sus predecesores.

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En teoría, según me contaron, estaba previsto que los veteranísimos U.K. DECAY cerraran la noche, pero por lo visto ellos mismos pidieron a la organización salir los penúltimos. Sus razones tendrían y en el transcurso de la velada me daría cuenta de que fue una más que acertada decisión. Mientras el cantante “Abbo” se abría paso entre el respetable para pedir el último litro de cerveza antes de salir al escenario, turno cedido por un servidor, los señores de Lutton salieron delante de un gran telón con su nombre a desgranar lo más selecto de su escasa discografía.

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Nunca he sido gran fan de esta gente, y su after punk demasíado rítmico y básico nunca me llamó la atención, aunque hay que reconocer que tiene su aquel ver en 2013 uno de los pocos grupos en activo de la primera generación de la escena punk/after. Les honra no venir a deslumbrar a sus acólitos con lo puesto, sino que traían bajo el brazo un nuevo disco llamado “New Hope For The Dead”, que no desvela nada nuevo pero que da que pensar que no hayan vuelto a la carretera sólo por las cervezas o para sacarse unos euros a costa del prestigio que tengan como grupo de culto. Además les ha producido Chris Tsangarides, técnico reputado donde los haya, y responsable de los lanzamientos más populares de grupos como Killing Joke, Helloween, Depeche Mode, Black Sabbath o incluso Barón Rojo. Nunca en su vida sonaron mejor.

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Cayeron temas como “The Black Cat” o “Unexpected Guest”, que calaron bastante hondo entre los fans de after punk más primario. Fue una oportunidad de ver un auténtico grupo de culto sobre el escenario, bastante alejados de su época y contexto, en el que tantas y tantas bandas se quedaron en la cuneta del underground, engullidos por su propia escena.

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SD2Tras unos minutos de descanso entre tanto decibelio, visitas al puesto de Merchandising, salidas a la calle a echar un cigarro, unas cervezas, etc, nos disponíamos a presenciar la actuación de los improvisados cabezas de cartel, ni más ni menos que los franceses SOROR DOLOROSA.


Si no recuerdo mal, es la tercera vez que aterrizan por la capital, si bien es cierto que cada vez arrastran más público y cosechan más éxito. Llama la atención que esta banda es, con toda seguridad, una de las que más está tocando en directo en toda Europa. Salas pequeñas, festivales y auditorios por toda Europa se rinden a sus pies, aunque realmente no han inventado nada nuevo, se nota en sus directos que tocan con toda la sangre y toda la fuerza que se puede imprimir, ellos dan todo, y se nota que sienten cada nota y cada letra como si les quedasen escasos minutos de vida. Su último disco “No More Heroes”, no ha hecho más que situarlos completamente en lo alto de la escena gótica underground, y espero que sigan allí por mucho tiempo y dentro de poco nos ofrezcan algo más de material nuevo para poder seguir saciando la sed.


El lacónico Andy y su banda salieron a por todas, y ¡vaya! Se nota en el tiempo que llevan como banda que cada vez tocan mejor. La cohesión entre los músicos es total y absoluta, sonaron compactos, ensayados y unidos como pocas veces he visto, entregados completamente al ritual. Desgranaron temas de “No More Heroes” y “Blind Scenes” a partes iguales, así como alguna perla de su primer mini lp “Severance”.


Realmente no podías dejar de mirar al escenario, es increíble como logran la perfecta comunión entre banda y público, estuvieron técnicamente perfectos, a pesar del escaso escenario en el que los músicos a duras penas podían dar un paso sin chocar con sus compañeros.


El frontman Andy Julia, como viene siendo habitual, comenzó su personal “descomposición” en escena, empezando enfundado en su clásicas gafas de motorista y chupa de cuero, para acabar semi desnudo tan sólo cubierto con una gran capa de maquillaje blanco, como si fuera el resultado de una fusión nuclear entre Anna Varney Cantodea, Marilyn Manson y Sean Brennan, con la puesta en escena de un primerizo Nick Cave o Iggy pop. Digno de ver.


Su actuación únicamente quedo ensombrecida por el excesivo uso del eco en el micro, no sé si por expreso deseo de Andy o por la sala, pero no se podía entender nada de lo que decía, por una reverberación excesiva del todo, a menos desde la parte central donde yo estaba. He de decir, por algunos asistentes al evento, que realmente si no os gusta el concierto, no vayáis, en vez de andar soltando estupideces a grito pelado y molestando a la gente que quiere ver y escuchar. Que si Andy tiene pinta de heavy, que si se está quedando calvo… ¿Y tú de qué tienes pinta? Qué mala es la envidia. En fin….

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Tras los conciertos, hubo una pequeña fiesta en la que se estuvo pinchando grupos del estilo, mientras tomábamos las últimas cervezas o departíamos con los amigos sobre quién nos había gustado más o menos. Por mi parte creo que lo he dejado bastante claro, y sé que no fui el único.

Solamente nos queda esperar a los próximos eventos y que no estén tan juntos los unos con los otros, y nos permita asistir al máximo de conciertos posibles. ¡Carpe noctem!


Texto: Espíritu
Fotos: Jesús Der Erzengel


LOS CARNICEROS DEL NORTE + THE DARK SHADOWS, 31 de octubre de 2013, Sala Wurlitzer Ballroom, Madrid

31/10/13
Noche de Difuntos en Madrid, Día de los Muertos en México. Halloween para algunos, que llena de fantoches disfrazados las calles, capullos que esa noche deciden ser vampiros de pega para demostrar lo mucho que les influencian las festividades de origen celta, Samhain y todo eso. Lo de los USA es pura coincidencia. Planazo que algún imbécil cree en el Gruta 77 y allí se dirige, después todo son prisas. Y es que es en la Wurli, en Gran Vía nada menos, tontoloscojones. En fin, más disfraces, más tráfico, más complicado aparcar. Llego a tiempo, por poco. La noche promete dos conciertos y un espectáculo en forma de presentación de línea de ropa. Finalmente tendremos que esperar para la misma, hasta la clausura de la propia Semana Gótica que hoy se inaugura. Los Carniceros del Norte y las Dark Shadows serán, o eso esperamos, motivos suficientes.

Una máscara blanca que terminará en manos de la enfervorizada fan que tengo a mi derecha. Unas alitas negras y una cresta. Rojo Profundo empieza la historia. Los tres carniceros y su caja de ritmos. Teatrales y ajustados. No suena mal, nada mal. Un poco embarullado el sonido tal vez, pero sin exagerar. Proyecciones al fondo, películas de miedo que inspiran las letras del trío. ¿De dónde se va a colgar Txarly? No hay sitio para ello, repito, no es el Gruta. Ya encontrará alguna solución supongo. Monólogo inspirado, es El Cuervo. ¿Vincent Price? en pantalla, como dando réplica. Mientras atronan guitarras y bajos, el respetable disfruta. No podía ser de otro modo. La estupenda Las Manos De Orlac cierra la “primera parte” del show. Se los ve a gusto, pese al escaso espacio que tienen y a que el público anda aún un poco frío. Nada que no arregle el tiempo, empero.

Miss Muerte y Sardú En El Teatro De Lo Macabro siguen dónde lo dejaron las anteriores. Ya está todo el mundo mucho más entregado y aunque (debiera decir por fortuna) no hay ansias de hacer el bestia, sí que se respira el ambiente de las grandes veladas, ese en el que arriba y abajo de la tarima hay un único sentimiento. Hasta ahora, sólo se ha colado Las Manos De Orlac del reciente 2013 Maniakos, trabajo que presentan en sociedad esta noche. Está siendo un setlist de lo más repartidito. El Ataúd Del Vampiro o Poltergeist, bien interpretadas, me conducen inexorablemente a una de mis favoritas: El Hombre de los Rayos X. Ahora sí que grita todo el mundo, ese “¡Arráncatelos!” se presta a ello. Al alarido desfasado. Grandísimo tema. El trío sigue demostrando que son, indudablemente, un grupo de directo, uno de los mejores del género hoy en día en España. Al menos para mi gusto. Todo lo que pueda parecer repetitivo de un estilo que, no nos engañemos, es lo que es, sobre el escenario queda en segundo plano. La Novia de Frankenstein, Gritos En la Noche o Capitán Howdy deben muchísimo a la excelente representación que de ellos se hace. Pienso que si el grupo se limitara a tocar canciones sin más, sin teatro, sin el juego que a Mr. Usher le dan los dos micrófonos (con diferentes tratamientos de efectos), sin el desenfreno de Nando Fausto y Hugo Zombie a sus respectivos, serían un grupo del montón. No porque las canciones sean malas, que no lo son, sino porque practican una mezcla de deathrock, horrorpunk y afterpunk que oída una vez, oída mil veces. Lo que aportan de propio, las imágenes, el espectáculo visual, etc, los hace diferentes y francamente apetecibles en directo.

El 8avo Pasajero, Kill Baby Kill, Los Muertos Vivientes o Al Otro Lado Del Cementerio pasan deprisa. El cansancio no parece hacer mella alguna, las miradas enloquecidas, los bajos contundentes, las guitarras aceradas se mantienen como al principio. Está a punto de llegar al bloque final, tras la novísima Tu Madre Se Ha Comido A Mi Perro, con Txarly Usher sudado y casi sin ropa ya, la sala llena, sonrisas de placer entre los asistentes, etc. Cuatro cortes quedan, todos del repertorio clásico: Doctor Caligari, Nosferatu Vive En Barakaldo, Hotel Overlook y Nekromántikos. No sabría con cual quedarme, tal vez con la coreada Nosferatu, un himno en toda regla. Quizás con Doctor Caligari, energética. O con los cambios de ritmo de H. Overlook. O puede que con el punk sucio de Nekromántikos. Bueno, ¿por qué quedarse solo con una?


Quedaban los bises, suponíamos. Entendíamos que alguna versión caería, más allá de los más o menos solapados homenajes que son una de las señas de la banda, los dos EPs tributo (a Lux Interior y a Parálisis Permanente) así lo presagiaban. Las experiencias de “cuchilladas” anteriores, también. Bez Konca, de los punkis polacos Siekiera, empezó dándonos la razón. Más oscura que la original, la recreación que hacen los de la carnicería resulta más que digna, es de esas versiones que casi se podría decir que mejoran el original. Unidos de los citados Parálisis fue la segunda escogida. Mas punkarra que la de los de Benavente y Curra, más “electrónica” también (la caja tiene la culpa), desató a los pocos que quedaran sin hacerlo. Y eso que faltaba el broche: Alucarda. Con una sugerente teatralidad. Un oso de peluche acuchillado, daga ritual, higadillos de los de verdad… Todo entre el paroxismo de una canción todavía más enloquecida que lo habitual y unos constantes cambios de ritmo que la hacen de lo más recomendable (si es que no ha quedado claro ya que todas lo son) del repertorio. Culmina con ella un repaso bastante exhaustivo a la discografía del combo, con pocas concesiones a su nuevo trabajo (cosa que agradecí enormemente pues a esas alturas todavía no lo había degustado convenientemente) y un sinfín de temas que ya se han convertido en iconos, por derecho propio. A Carniceros se les pueden achacar muchas cosas, criticar otras (yo, hoy, me/os lo voy a ahorrar), pero no desde luego la falta de entrega ni el currarse un espectáculo lo más universal posible, desde el vestuario a la interpretación, desde la teatralidad al tratamiento audiovisual, todo con el sentido de conseguir el difícil reto del “show global”. Muy pocos lo logran.



Un ratejo de descanso y las tres sombras oscuras en el escenario. Segundo trío de la noche, primero masculino, segundo femenino… ¿nos habrían deparado la aristocracia del lumpen el tercero, haciendo una especie de trío de tríos? Jamás lo sabremos. Pero calla, empieza el concierto. Inmediatamente, ya con Invisible, confirmo una de las cosas que más me admiran de las australianas: su inmensa capacidad para transmitir buen rollo. Sobre las tablas también. No sé si es la sonrisa perpetua de la señorita Wu cuando empuña las baquetas, la sensación de que se lo está pasando teta. No sé si es el entusiasmo de Carly con las cuatro cuerdas. No sé si es la infinita amabilidad de la Handley. Pero todo ello (y más detalles, claro) hacen que asistir a un concierto de Dark Shadows sea una experiencia divertidísima y llena de eso que más de un panoli llamaría “energía positiva”. Da bastante lo mismo el repertorio, incluso si te gustan o no las canciones. Lógicamente mejor si lo hacen, pero de verdad que tengo la seguridad de que es algo más, algo difícilmente definible, pero sencillo de percibir en un recital del combo. Line Of Sight o Silent Screams confirman lo dicho. Además suena muy bien, da la impresión de que están todavía más ensambladas que hace un par de años (si cabe). Y mira que la Wurli sin ser un antro horroroso, tampoco es el templo del sonido. Pero esa noche lo parece, tanto Carniceros antes como ahora las DShadows han disfrutado (y nos han hecho disfrutar) de un sonido bastante nítido y que ha permitido a cada grupo desarrollar su espectáculo sin incidentes. Nobody Knows, preciosa pieza, perfectamente ejecutada. Estas chicas mezclan perfectamente rock’n’roll clásico, siniestrismo, bastante psychobilly y, sobre todo, buen gusto por arrobas. El resultado es tan original como atractivo. Y eso que hoy han venido más tranquilitas…

Distänt Mind no es la excepción. Sigue el repaso al novísimo Autumn Still… (que reúne un puñado de canciones nuevas con las publicadas en diferentes singles y eps en los últimos años). Pop, punk, algobilly: talento. Mucho talento. Y oscuridad, perfectamente medida. The Boy From Berlin es un tema especial. Me encanta la dulzura que destila, no exenta de fuerza. La melodía, la voz, todo al milímetro. Me encanta que sigan las sonrisas. Entre el público también abundan. La conocida Dark Shadow termina de levantar el ánimo de la gente. Llevamos más de medio concierto previsto y ya ha quedado claro que hoy no es el día de la furia desmedida, es más el del chorro de voz de Brigitte H., el de la excelencia rítmica de sus dos compañeras (iba a escribir que lo de la Chalker con el bajo no tenía nombre pero es que lo de Nerida Wu en la batería tampoco), el de la guitarra que se basta para sostener un repertorio que en directo es un cañonazo. Y eso que, como digo, la noche venía relativamente tranquila. Blame es tremenda, Twinns increíble, pero lo de Written In The Snow roza lo incalificable. En disco es buenísima pero en directo, a dos metros, es sencillamente impresionante. Lamentablemente es una de las últimas. No queda mucho show ya y es una pena. Apetecen más canciones, apetece que nada se quede en tintero alguno.


Todavía estaban pendientes dos broches de oro. Dos versiones. Una conocida, otra no. Como versiones de las de Sydney quiero decir. Una dentro del set “normal”, para cerrar éste, otra como bis único (culpa de los problemas de tiempo, se quedó alguna canción sin degustar). No me entretengo, los primeros acordes de Eisbär ya suenan. El tema original es por desgracia un ejemplo de One Hit Wonder de los suizos ochenteros Grauzone. Digo que desgraciadamente porque, aun siendo un temazo como la copa de un ciprés, los de Berna tienen al menos otra decena de canciones tan buenas como esta, tan merecedoras de convertirse en himno como pueda ser la del oso polar. Y me quedo corto, probablemente. La versión que de la sensacional (una cosa no quita la otra) tonada hacen The Dark Shadows tiene todos los ingredientes que, para mí, constituyen una buena versión. Es lo bastante parecida a la original como para resultar respetuosa, manteniendo la esencia y el alma de un corte que, de otro modo, podría resultar difícil de digerir. Es una melodía que cualquiera de los presentes ha oído mil veces, así que la posibilidad de caer en el vil destrozo es enorme. Por tanto, la primera condición, la del respeto absoluto, se cumple. Por otro lado, la versión ha sido trabajada hasta lograr que esté totalmente inmersa en el sonido “natural” de las muchachas estas, sustituyendo teclados por cuerdas y manteniendo atmósferas in perder ni cambiar instrumentación. De modo que, respeta la primigenia y actualiza-transforma su sonido. ¿Se puede pedir más? Honestamente lo dudo y viendo la reacción del respetable, no me quedo solo pensándolo.


La otra versión, ya en los bises (el bis, ya dije) era a la vez un riesgo inmenso y una apuesta segura. Transmission de los tópicos y rearquetípicos Joy Division. Sobadísima canción, mil veces versionada, con mejor o peor fortuna. De ahí el riesgo. Transmission de los adorados y sempiternos Joy Division. Magnífica canción, mil veces coreada, por propios y extraños. De ahí la apuesta segura. Desde las primeras notas, se adivina que sucede un poco como con Eisbär, interpretación respetuosísima con el original pero a la vez hecha propia. No sé si es la mejor interpretación de este clasicazo que haya podido oír nunca, pero sí que estoy seguro de que es una de las mejores. Sin duda ninguna. Por todo ello, me pareció un acierto para el cierre, por más que sea casi un “lugar común” entre las versiones siniestras. Dejó muy buen sabor de boca, aunque hubiera preferido que tocaran más rato…


En definitiva, por ir concluyendo. La SGM 2013 no podía empezar mejor, con dos tríos presentando sendos nuevos discos y demostrando, otra vez, que tienen en el directo su mejor virtud (entre muchas). La organización (exquisita, como siempre) se marcó una estupenda fiesta con dos espectáculos muy muy distintos pero que creo que cumplieron con creces. Si tengo que elegir, me quedo con las sensaciones de las australianas, incluso aunque deba reconocer que como show es más completo el carnicero. Pero ciertamente, se complementan estupendamente. El único pero (por una cuestión egoísta) es el habernos quedado sin La Aristocracia Del Lumpen, tendremos que dejarlo para otra ocasión…