LAGARTIJA NICK, 14 de mayo de 2012, El Sol, Madrid

14/7/12
“Prohibido aparcar desde las 0:00 del 15 de mayo hasta las 0:00 horas del 16”. Rodaje de anuncio publicitario. ¿Rodarán de noche? Rodarán. ¿Se llevará el coche la grúa? Se lo llevará, si pasa por aquí. ¡Pero si en esa otra señal pone 27 de marzo! Ya, sí. Pero primero se lo llevan y luego preguntan. Hazle fotos. Luego puedes reclamar. Luego. Pues como que no. Cambiemos de aparcamiento. Tengo el coche mal aparcado, ¿me esperas un segundo? Porfavor, porfavor. Sí, sí, no te preocupes. Y yo no me preocupé, pero un buen señor de los de traje y Mercedes decidió que era un síntoma del Apocalipsis que nos amenaza el que le dijeran que no a aparcar y decidió bloquear la calle. Sin violencia. Solo con indignación, no puede ser que te digan no salgo y luego salgas. Así va todo. No hay formalidad. Problemas, no obstante que se solucionan solos. Agradecimiento eterno a quien espera… Me acerco a El Sol a ver si me encuentro con algo igualmente inesperado.





Hace veintitantos años cuatro tipos de Graná, cada uno con su bagaje particular, dieron forma a un disco que aún hoy suena contemporáneo. Hace veintitantos años, Hipnosis llenaba los surcos de vinilo de un trabajo que, más allá de alguna letra mejorable o algún detalle muy de la época, iniciaba la impecable carrera de Lagartija Nick. Casi los mismos años hace que el que suscribe se prometió a sí mismo (más como deseo que se antojaba entonces utópico) que algún día vería esas canciones de cerquita. Tuvieron que pasar muchos veranos. Muchos conciertos, muchas canciones, muchas cervezas y muchas tapas de ensaladilla, muchas fotos y muchas charlas. Mucha gente desconocida y alguna conocida. Dos décadas que dan mucho de sí. Porque sí, todos esos díasmesesaños pasaron para que esos cuatro tipos decidieran que era el momento de retomar aquel hipnotizante elepé. Y darle una vuelta, abandonadas ya bisoñeces (si es que alguna vez fueron) y tras cambiar arrolladora e insultante actitud juvenil por canas y alopecias, que, sorprendentemente, no han afectado para nada a lo importante, a la actitud citada. No parece justo. Si los demás somos más viejos…



Lagartija Nick recreando Hipnosis reza el cartel. En gris, con una foto de los muchachos estos y las letras bien grandes. Muy buen cartel. A las 22:00 que se convertirán en 23 y algo. No importa. Importa más que ya suena Sonic Crash. Instrumental, permite entrar en calor, arriba y abajo del escenario. El espíritu de Love & Rockets que impregna alguna camiseta se mezcla con las demás energías, las que vienen de guitarras marcianas (con sonrisa que no es, es mueca), de bajos saturados y de baquetas que ya echan humo. Claro, como en El Sol no hay tarima que pueda ceder…. Veintitantos años. Ja. Como decía Juan Codorniú antes de empezar, es “juntarse los cuatro y parece que han seguido tocando juntos todo el tiempo”. Doy fe, sin duda. Lógicamente no los vi entonces. Pero desde luego no da en absoluto la sensación de que llevan “separados” tanto tiempo. Suena todo como la gran banda que fueron y son. Es pronto, solo una canción, me digo. Ja de nuevo.



Sigue el repaso, tema a tema, de todo el disco. Va a ser verdad lo del recreo. La temperatura sigue subiendo, Tan Raro, Tan Extraño, Tan Difícil. Por increíble que parezca, no es así, todo es fácil, todo resulta natural, todo es Tan Real… Cierra el primer trallazo (sin interrupciones, todo sucede, todo se sucede) Ahora. Brutal. El público a mí alrededor se va desquiciando (aunque alguno ya venía desquiciado de casa) y es lógico. La sala, llena pero sin agobios, como suele ser habitual en El Sol, responde en la medida de lo que se ofrece. Como es mucho, pues responde mucho. Se cierra un primer bloque que debería haber dejado a la banda sin aliento. Pero no es así. Pequeño descanso y No Lo Puedes Ver. Oscurísima, densa, como acostumbra y de ahí al Napalm sobre Vietnam. Primeros tientos collage. Aquí, en la letra, si que hay alguna estrofa que los años han hecho discutibles, por forzada o por lo que sea… poco importa. Antes de que me de cuenta ya está Hipnosis atronando y todo lo demás carece de importancia. Acelerada, más punk. Acelerada, increíblemente interpretada. Me hacen gracia las muecas tan diferentes que muestran las caras de Mr. Pareja y Mr. Codorniú detrás de cada guitarra. Gracia en el buen sentido me refiero, tan tan diferentes y sin embargo, tan en un mismo sentir. Fin del segundo bloque. Presentaciones, innecesarias pero de agradecer.


Empiezan las que para mí son las dos canciones más extrañas de todo Hipnosis. De todo Lagartija, en realidad: El Mundo Desaparecido De Los Guantes y La Gran Depresión. No solo por el sitar de la segunda, que también, sino por las propias letras. En el caso de El Mundo (incluso el título me resulta surrealista) tenía curiosidad por saber como la desarrollarían en directo, nunca antes había tenido el gusto. Aunque sonó bien, muy bien, me gustó más la del hombre que cae y pierde el camino. Por lo que tiene de visionario, entre otras cosas. En fin, surrealismo, sitares, cracks futuristas (aquello de repetir el pasado) y, como dijo ese, la constatación, supongo, de que Lagartija Nick son la única esperanza. Queda al menos otro bloque. Si todo sigue como hasta ahora, clarostá. Déjalos Sangrar, Disneyworld y Un Mundo Real. Tres golpetazos, tres ramalazos más cercanos casi al punk que al rock, tres de mis canciones preferidas del disco. A esas alturas está ya todo el pescado vendido, por decirlo de algún modo. Sudor, mucho sudor, abajo y arriba el escenario. Siempre hay público que parece no disfrutar demasiado, imagino que la procesión irá por dentro. La impresión es que sobre las tablas es distinto, ahí si da la sensación de disfrute absoluto, de diversión. Ayuda el fantástico hacer de Willy como técnico de sonido, en una sala dónde pese a que suele sonar bien, no siempre ha sonado como este día.


Bises. Atropellada presentación, Strummer va y viene. Es una versión, no es una versión. “Por los autores”. Es Gangsterville. Es propia por supuesto. Y con ella empieza el repaso del EP Algo Cínico. Suena, ya sin atropellos, tal y como debe. Continuada sin aliento por Policía Detrás (otra vez, extrañamente visionaria) y claro, la propia Algo Cínico. Fantásticamente contemporáneas también, sorprende saber cuántos años tienen. Y más si escuchas y te das cuenta de que podrían perfectamente haberse compuesto antes de ayer. U hoy. Cierto es que termina resultando habitual en el grupo: la capacidad para crear himnos atemporales. Una entrada-salida rápida y las dos que faltan. Las dos, esta vez sí, versiones: No Man‘s Land de Syd Barrett y I Had Too Much To Dream Last Night de Electric Prunes. Las letras, menos nítidas ahora, no sé si por el idioma. Eric como siempre, arrollando desde atrás. Y Antonio Arias, al que aún no había nombrado, eficacísimo toda la noche con las cuatro cuerdas, hoy sí, Gibson, y haciendo un poco de catalizador de todo el ciclón sónico que escupen los bafles. Los cuatro, transmitiendo toda la energía. Algo no tan habitual pero a lo que los asiduos nos hemos terminado acostumbrando, parece fácil, no lo es.



Parece el final. Según el setlist ha terminado todo. Finalmente no han tocado nada de Inercia ni de Su (pensaba que habría alguna visita, aunque fuera en forma de hit). Pero no, no todo ha terminado. Vuelven a salir, ahora sí por sorpresa. “Ellos estaban también allí” Ciudad Sin Sueño. Me sorprendió el deje en el último recital de Los Evangelistas (y lo dije). Me sorprendió no porque estuviera mal, en absoluto, sino porque acostumbrado a escucharla en la “editada” cantada por Morente y en la “demo” cantada por Mr. Arias, quise imaginar que sonaría como la segunda y lo hizo como la primera, pero con la voz de Antonio. Pues esta noche no. Hay otro aire, diferente, que le otorga una nueva personalidad a la canción, por si fueran pocas las mil caras que ya tenía. Otro acento, otra manera de cantarla. Se agradece y mucho. Realmente. Me parece un broche final genial, con el crescendo ese tan bestia y el añadido en la letra. De oro vamos. Y ahora ya sí que ha terminado el concierto.



Como siempre, después se intercambian palabras y bebidas. Experiencias y no experiencias. Ratos que terminan por hacer el evento todavía más especial. Como siempre, cuando pase el tiempo recordaré ambos “trozos” del momento con singular intensidad. Cuento los días. Llegará, todo llega…

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