EGIDA AUREA: Derive (Hau Ruck! S.P.Q.R. 2012)

14/7/12
Los genoveses Egida Aurea mantienen en este Derive lo que ya apuntaban en La Mia Piccola Guerra (y en menor medida en sus dos EPs anteriores): que son probablemente una de las más interesantes propuestas que hoy en día se mueven en las procelosas aguas del neofolk o darkfolk o folk a secas. Esas aguas repletas de tipos pagados de sí mismos, de provocadores de todo a cien, de grupos y sellos y managers (supongo) que creen que cuidar a los fans y fomentar el fenómeno es freírlo a base de ediciones especiales, limitadas tiradas y coleccionismo, que en sí están muy bien, no tiene nada de malo o no tendría por qué tenerlo pero que termina rozando (si no entrando de lleno) el abuso. Dejando aparte digresiones que no llevan a ningún sitio, sobre todo porque nada tienen que ver con el grupo que nos ocupa, repito que E.A. son una de las más interesantes propuestas dentro de este género. Y es así por dos razones más que concretas. Hablemos de ellas.

La primera razón es que Egida Aurea son tremendamente originales. En un palo en el que casi todo está ya dicho no se limitan a lo obvio, no se ciñen a lo habitual. Hay guitarras acústicas, por supuesto, y eléctricas también. Hay ritmos marcados, casi marciales, pues sí, pero al servicio absoluto de la canción y no al revés. Hay voces (femeninas principalmente) con matices duros, casi impositivos. Por supuesto. Pero no son ni de lejos el rasgo característico del sonido del grupo. Acordeones bastante omnipresentes, guitarras muchísimo (pero muchísimo muchísimo) más variadas de lo acostumbrado, incluso sorprendentemente a veces, voces como decíamos, en una línea que recuerda un poco (imagino que el timbre y el idioma ayudan) a Camerata Mediolanense, bajos nada corrientes y lo que para mí es lo mejor, tanto del grupo como del disco: letras trabajadísimas que reflejan sin pudor alguno toda la zafiedad de la sociedad actual, a todos los niveles y con un talento poético, de nuevo, muy poco frecuente. Las letras y el ambiente que consiguen con la música. Y es que una de las más claras señas de identidad de los de Banchero y Cecchinato (aparte de todo lo ya mencionado) es el gusto por la música italiana de mediados del siglo XX. Decadente, bella, oscura, muy de cabaret lleno de humo y drama, mediterráneo y a la vez profundamente europeo.

La segunda razón se explica mucho más deprisa (de ahí que me haya extendido un poco en la primera). Es simplemente que Egida Aurea son muy buenos. Pero mucho. Insisto en que para mí (junto con Rome, por poner un ejemplo, y algunos otros que deliberadamente omito) son de lo mejorcito del panorama este actual. La gran esperanza, supongo, de un estilo que lleva una década fagocitándose a sí mismo. Por la originalidad… y por la calidad.

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