ANTONIO ARIAS + THE ONLY ONES, 19 de febrero de 2009, Sala El Sol, Madrid

19/2/09
Sorpresa. Antonio Arias sin la compañía habitual del resto de Lagartija Nick, con guitarra acústica y set especialmente diseñado para la ocasión: algo de Lagartija, algo de la etapa Omega, alguna versión… Todo esto justo antes de la publicación de un nuevo disco que, al parecer, sigue el camino (no sé si abierto, retomado o que) de “El Shock De Leia” y que se anuncia para primeros de marzo. Con la consiguiente gira, supongo. Y abriendo antes de los clasiquísimos The Only Ones. Hace unos meses (cuando me enteré de la cita) no conocía de los ingleses más que el nombre y el superhit “Another Girl, Another Planet”. Tras un poco de documentación posterior a la noticia y anterior al concierto, tenía también bastantes ganas de verlos.



Al llegar a El Sol, nueva sorpresa. Parece ser que el señor Arias no estará solo, le acompaña Daniel, reputado guitarrista flamenco. Dos guitarras acústicas, aire presumiblemente aflamencado… no sé yo. La prueba de sonido despeja algunas dudas, dos guitarras a pelo no tienen porque ser aburridas y el aire flamenco impregna las canciones sin convertirlas en “quejíos”. Una sala que estará bastante llena y la demostración palpable de que los muy envejecidos de aspecto The Only Ones se dedican fundamentalmente a ahorrar energía para escupirla sobre el escenario. Cervezas y más cervezas (lo mejor de determinadas marcas son los anuncios, otra duda despejada) y mucha conversación amenizan la espera hasta casi dar igual. Solo casi. Me apetece terminar de despejar incógnitas y disfrutar nuevamente.




Lo malo de tocar en acústico y con poco acompañamiento es probablemente lo sencillo que resulta caer en la monotonía. Lo bueno es que al desnudar las canciones, brillan o no sin artificio ninguno. Me explico: cualquier canción, de cualquier grupo y en cualquier momento te puede llegar (para mí, es lo fundamental, ya lo he repetido muchas veces) por diferentes razones, en algunos casos –muchos- los matices, la “envoltura” que rodea el tema ayuda bastante. Poco importa que ese revestimiento sea efectivo o efectista ya que el directo habitualmente sustituye las ayudas del estudio por garra o por otros nuevos colores. Cuando se despoja una canción de casi todo, es cuando realmente se ve lo que hay detrás. La composición, el alma del tema, más allá del disfraz. Análogamente es como tratar de valorar la calidad de un whisky mezclándolo con un refresco, hielo y después de beberte otros siete. Se puede saber si es bueno o malo pero resulta infinitamente más simple bebiéndolo solo…






Salen ya al escenario, bebiendo whisky a palo seco (ya lo decía yo…). Dos sillas, dos micros, dos guitarras y dos sombreros. No hay más. Bueno, sí, hay canciones. Veremos si las elegidas son como pensábamos. Suena ya “Casida Del Herido Por El Agua”. Conozco poco la canción, solo salió que yo sepa en un par de recopilatorios (un tributo a Lorca y a Granada y una compilación de ¡World Music!). No suena demasiado bien, problemas en la mesa… se solucionan deprisa. “Tu violencia”, ya suena perfectamente, se aleja menos de su línea “normal” (ya es bastante acústica per se) y eriza cada pelo. El recital ha empezado estupendamente, la conexión de ambas guitarras empastadísima y las canciones relucen, al menos hasta ahora.










“Mar De La Tranquilidad” o no tanto. Incluye en sus entrañas un trocito de “Respiro En Nueva York”, esa parte del arcángel en el aljibe. Preciosa. Con “Un Marciano Envía Una Postal” se confirma que con solo dos guitarras bien manejadas (y estas lo están) puede no hacer falta nada más. Lejos queda ya la idea de aburrimiento posible y de monotonía y falta de ritmo. La desnudez en las melodías (como en los mundos de la canción), la ausencia casi total de arreglos, si las composiciones son excelentes –que lo son en este caso-, las beneficia enormemente o al menos no deslucen respecto de las más complejamente instrumentadas. Aparece el fantasma de Joe Strummer, granadino también, en la versión de “Straight To Hell”. El idioma de la pérfida Albión no desentona con la melodía, tan lejos del flamenco puro como pegado al alma del mismo, a la esencia. Hay tiempo después para Victor Jara, un poco panfletario pero al que el cover dulcifica. Supongo que será cuestión de contexto, no es lo mismo, no es lo mismo, no puede serlo. Es curioso, es una canción (y un artista) que en su versión primigenia no me gusta nada (lo de los cantautores protesta…) pero que cuando la escucho interpretada por Lagartija Nick o en este concierto, se me pega irremediablemente y no me la quito de la cabeza en horas o días…




“Vuelta De Paseo” y asesinado por el cielo, asesinado, sí. Lorca de nuevo y Morente y Omega. Debe ser la cuarta o la quinta interpretación diferente que tengo el placer de degustar de este tema y no sabría decir cual me llega más. La letra es impresionante, las notas que la visten, tremendas, la enjundia… El público, puesto en pié (ejem, ya estaba de pié, pero no vi nada de la actitud que se suele tener con los grupos que abren conciertos, nada de impaciencia y bastantes ganas de disfrutar también) y un recital demasiado corto, poco menos de media hora no dan más que para confirmar lo apuntado: lo importante son las canciones, éstas son buenísimas y… y el whisky se bebe solo.



Y salen al escenario The Only Ones. Sí, son muy mayores, mucho, mucho, pero eso a veces es incluso una virtud. Me cuesta definir a qué suenan, los tenía por punkarras y lo son (en actitud desde luego), los oí rockeros (esas guitarras…) y también. Empezaron en los setenta… y se nota. En realidad me parecen pop, muy pop, pero de esa clase de pop que no tiene nada que ver con el pop y que al mismo tiempo lo tiene que ver todo. No me explico. O sí. Son pop, son rock, son punk… a lo Johnny Thunders. Lo que está claro es que son músicos de la A a la Z o de la M a la S. Y se entregan o al menos así lo hicieron. No controlo nombres de canciones de los británicos (salvo la sempiterna “Another Girl, Another Planet”, claro). Empiezan cañeros, sin alharacas punkis ni demasiado sentimiento autodestructivo –los años no pasan en balde, me imagino- y sin soflamas… Mucho sentimiento. Bajo contundente, guitarra acerada, a ratos hendrixiana, a ratos ronsoniana, ritmos precisos y una voz que solo puede ser inglesa.











Se van sucediendo los temas, la voz de Peter Perrett se desgarra unas veces en tempos más lentos y otras más rápidos. Se le nota que da todo, se le ve “cansándose” pero se exprime. Los músicos que le acompañan, eficacísimos e igualmente entregados. Mr. Perrett se tira al suelo, se retuerce, se rompe la garganta. Probablemente más despacio que en su momento pero igual de sentido. Un tema detrás de otro y un sentimiento único. La gente así lo percibe y grita cada letra, ellos sí se las saben, las conocen, las corean, mueven cabezas y pies y son la retroalimentación necesaria para que todo fluya, aquello de la energía, ya sabes… Me está gustando mucho el concierto, sorprendentemente. Normalmente necesito conocer a fondo el grupo al que voy a ver para que me llegue su directo, necesito saberme más o menos de pe a pa las canciones, de esa forma, a lo mejor es por eso, es más fácil convencerme de que lo que estoy viendo merece la pena. En este caso, aunque sí que me había preocupado de empaparme lo más posible de los “Únicos”, estaba muy lejos de dominar su repertorio. El tiempo libre no es el que fue, lamentablemente. Y aún así, me encantaron. Me pareció que a pesar de la dilatada trayectoria (o quizá por culpa de ella) tenían aún mucho que decir y que transmitir.




























Las “nuevas generaciones” están saturadas de grupos-canción tan vacíos como la enésima cerveza. Cualquiera se da cuenta de que detrás del 99,37 % (aproximadamente) de los discos que se escuchan en radios, televisiones y mass media en general tienen tanta enjundia como el nuevo Crispy Chicken y se consumen con la misma mezcla de ansiedad y sensación de “es-lo-que-hay” que ésta. Honestamente, la industria discográfica está en crisis. Una crisis profunda que se hace más intensa en tanto en cuanto está mal diagnosticada. La culpa del bajón en la venta de discos (si lo hay, que no lo dudo) no es la” lacra de la piratería”. Las personas que descargan discos son también las que acuden a conciertos y a la postre, las que más discos originales compran, por la misma razón que hace veinte años la gente que atesoraba miles de cassettes grabadas era la misma que tenía también miles de vinilos y que acudía (y pagaba religiosamente la entrada) a conciertos. La razón es simple: en las tres vertientes (descargar, comprar discos e ir a conciertos) lo que más abunda es gente que AMA la música. Claro está, la gente que ama la música no es la misma que compra discos de “artistas” habituales en radiofórmulas como los aficionados a la gastronomía no son los que abarrotan los McDonalds. Y ese es el problema de la industria, el apostar por el pan para hoy y el hambre para mañana o lo que es lo mismo, sacar discos de productos sin más mira que el producto en sí y el rendimiento a cortísimo plazo que puede dar, sin importar lo que dará ese artículo dentro de diez años (habrá otro producto entonces). El resultado es doble: por un lado la inversión en “algo nuevo” es infinitamente mayor que en algo ya conocido (como dos y dos son cuatro, si gasto tresmil tengo que vender cuatromil o perder dinero) y por otro lado 300 personas que nos citamos en El Sol disfrutamos de conciertos como el que nos ocupa mientras que 30000 ven a un grupo, en otro local mucho más grande, a alguien que en dos años no será capaz de juntar a 300 personas. Mientras las discográficas no se convenzan de que suman más a la larga muchos pocos que pocos muchos, seguirá el tema tal cual y habrá bandas como “The Only Ones” que tendrán 30 años largos de trayectoria antes de visitar por primera vez España o que tendrán que poner pasta de su bolsillo para editar un disco (como Lagartija Nick). Bandas que sin duda no se harán multimillonarias mientras se quejan de que “está todo muy mal” pero que seguirán gozando del hecho de tocar y haciendo gozar a los que, como yo, preferimos mil veces el bocado pequeño y exquisito al banquete vulgar y vacío de significado.

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