ANTONIO ARIAS: Multiverso (Everlasting Records 2009)

18/12/09
La primera vez que oí que el primer disco más o menos en solitario de Antonio Arias se iba a llamar Multiverso, pensé en poesía (-verso) antes que en espacio. La primera vez que escuché las canciones también pensé en la relación entre el título y la poesía. Y es ahora, al degustar tranquilamente el disco, cuando me doy cuenta de que esa primera impresión no andaba muy desencaminada. En este Multiverso, cada nota rinde pleitesía a la poesía de cada palabra. Cada acorde, cada canción en realidad, está enfocada para que hablando del universo, del espacio infinito, externo, se comprenda el otro espacio infinito, el del interior de cada uno. Hace tiempo que resulta poco menos que imposible ver estrellas sobre las ciudades a simple vista. Hace años que es imposible mirar arriba y ver más allá del resplandor artificial de la propia ciudad. Por esto se hace cada vez más imprescindible disponer de “recursos” (canciones en este caso) que alumbren lo que cada uno lleva dentro como si lo iluminaran las propias estrellas. En este trabajo se llega a ese extremo combinando poesía “sobre el espacio” (de diversos autores, David Jou, Natalia Carbajosa, Jose Emilio Pacheco, Jose Antonio Caballero, Carlos Francisco Chanmartin, Ángel Mendoza o Carlos Marzal, además del propio Arias) con una música (colaboran Popi y Pablo González, Noni y Alex de Lori Meyer, Eric, Lorena y Víctor de Lagartija Nick, además de Jota y Floren de Los Planetas, entre algún otro) que bebe directamente (y a morro) del pop de los sesenta y el rock de los setenta. Todo ello aliñado, como no podía ser de otro modo, con la manera y la actitud de Antonio Arias. El resultado no debería dejar indiferente a nadie que guste de lo que han hecho últimamente los granadinos ni, en realidad, a nadie a quien le guste la música en general. Estamos ante un trabajo muy muy recomendable, para degustar tranquilamente e ir saboreándolo capa a capa. Un trabajo que tiene mucho que decir y que lo va diciendo en cada escucha, poco a poco, sin prisa pero sin detenerse nunca, como las estrellas, como el espacio, como el universo, sea único o sea plural.

LAGARTIJA NICK: Su (Reedición) (Everlasting Records 2009)

“Su” es uno de esos discos que jamás pensé, ni en el más húmedo de mis sueños, que tendría oportunidad de comentar. Como ya sucediera el año pasado con “Inercia”, se reedita ahora a través de Everlasting Records en edición doble CD (desconozco si también lo hará en vinilo), el primero con la remasterización pura y dura del clásico y un CD añadido con demos y rarezas de la época. “Su” fue en su momento un disco bastante incomprendido, demasiado oscuro para los fans atraídos por la inercia del anterior y por supuesto para la crítica ad-hoc. Y demasiado bueno, añado. Para mí, ya entonces, estaba lleno de grandísimas canciones: Mi Chofer Psicodélico, Conmigo Crece El Caos, El Amor Es La Víctima, Úsame o la que da nombre al disco, por poner solo algunos ejemplos, me han proporcionado ratos de pelos como escarpias durante estos catorce años. En cuanto a las demos, ¿qué decir? Se recuperan las primeras mezclas de casi todo el original (curiosísima la del propio Su en una línea guitarreramente oscura, deja atrás la “lentitud” de la conocida llevándola al terreno punk del resto del disco, todo víscera) y se añaden dos curiosidades: En Vano (titulada Dentro en el posterior “Lagartija Nick”) y El Signo De Los Tiempos de “El Shock De Leia”. En general, en las demos se aprecia que son eso, demos, y que tanto musical como “literariamente” fueron pulidas posteriormente. Aún con eso y con todo, me atrevería a decir que cualquiera de estas “versiones primitivas” podrían perfectamente haber sido publicadas tal cual, sin desmerecer las “corregidas”. En resumen, una esperadísima reedición, por lo que aporta y por lo que tiene de nueva oportunidad para quien no lo haya hecho antes de acercarse a uno de los mejores discos que alguna vez haya parido un grupo en España, sin ninguna duda.

SCARY BITCHES: The Island Of The Damned (Resurrection Records 2009)

17/12/09
Un poco defraudado me ha dejado este “The Island Of The Damned”, la verdad. Esperaba tras sus dos trabajos anteriores (sin que fueran la releche, me parecieron tremendamente divertidos y frescos) si no una continuación, sí una evolución lógica sin perder la perspectiva que planteaban: la de tomarse a cachondeo sano todo lo referente al rollo horrorpunk, los zombies, la serie Z, etc. En este disco, todo está tratado mucho más en serio, por lo que una vez echada por tierra la vena “humorística” se hacen mucho más obvias las carencias que indudablemente las canciones del combo tienen. Compositivamente no son gran cosa, nunca lo han sido aunque desde mi punto de vista han ido paulatinamente bajando nivel, y si ya “Creepy Crawlies” me parecía inferior a su debut (“Lesbian Vampires From Outer Space”), esta Isla de los Malditos me deja sin ganas de seguirles la pista. Para mi han perdido la originalidad y se han dejado por el camino todas o casi todas las virtudes que les hacían únicos. Una vez que todo eso se echa a perder, cuando son las propias canciones las que se tienen que defender ellas solitas, es cuando realmente se ve lo que hay detrás y más allá de parafernalia diversa, detrás de Scary Bitches, a día de hoy y en mi opinión, queda muy poco. Posiblemente, a pesar de todo, no sea un mal disco, o no tan malo, pero, francamente, no me dice ya nada. Y es una pena.

AND ALSO THE TREES: When The Rain Comes (AATT 2009)

14/12/09
Llevo un tiempo que tengo la sensación de que me repito mucho. Y me da la sensación (¿veis como me repito?) de que con este disco me va a pasar eso. Tengo el recuerdo de haber dicho ya en otros momentos que cuando una canción se escucha en acústico, desnuda de todo efecto y procesado y, a poder ser, en directo, es cuando se ve realmente si el tema es bueno bueno o solo bueno. También me recuerdo a mi mismo poniendo a parir la modita esa de hace unos años del “unplugged”, de ahí que esté seguro de que con este disco me voy a repetir, tanto si hablo de la bondad de la desnudez de las canciones, como si lo critico por el formato. Todo esto viene a cuento porque este “When the Rains Come” es una especie de recopilación de clásicos de los británicos (afrancesados en su sonido, como ya he dicho al menos otra ocasión) And Also The Trees en versión acústica, por tanto, todo es nuevo, pero todo es repetido. Con este tipo de recopilaciones siempre tiendo a pensar si era necesario darles un barniz nuevo a canciones que de por sí ya eran buenas o muy buenas; a pensar si se justifica esa regrabación y qué es lo que realmente aporta. Pues bueno, aportar aporta poco, solamente una nueva manera de disfrutar de temas que, en general y dado que los de los árboles tampoco es que sean los reyes de lo marchoso, ya habían demostrado su belleza y gusto por la melancolía. ¿Es suficiente con eso? Pues habrá quien opine que sí y quien opine lo contrario. A mi me ha parecido una buena forma de disfrutar de canciones desde otro punto de vista, como si fuera una colección de rarezas o algo así.

ANTONIO ARIAS, 30 de noviembre de 2009, La Boca del Lobo, Madrid

30/11/09
“Este lunes 30, Antonio Arias presenta en directo su debut en solitario, y lo hará en exclusiva para los oyentes de Radio 3. Te invitamos a La Boca del Lobo de Madrid para disfrutar de esta cita única. Tan sólo 300 oyentes tendrán la oportunidad de disfrutarla. Los participantes que hayan resultado ganadores, recibirán este lunes a las 12 horas, un email confirmándoles su invitación al concierto.” Escueto el “comunicado” de Radio 3 en el que se invitaba a 300 afortunados (150 entradas dobles) a la presentación de “Multiverso” en La Boca Del Lobo. Lógicamente cuando la ocasión lo merece había que estar allí. Y allí se plantó servidor. Al llegar, sorpresa: Un “documento” en la puerta de la sala informaba de que el aforo máximo rondaba las noventa personas… Había llegado pronto así que tocaba esperar doblemente: que llegara la hora del concierto y que unas dos terceras partes del máximo de solicitantes de entrada decidieran no acudir. Mucho riesgo se me antojaba, la verdad.


Parece que esto va a empezar ya. En la sala no cabe un alfiler (al menos en la zona desde la que se puede ver el escenario), bueno, igual un alfiler sí, pero hay que fumar sin bajar el brazo. No sé, calculo mal, si hay noventa personas, treinta y cinco o doscientas. Me atrevería a suponer que se excede el aforo de las noventa pero no podría asegurarlo. Desde el minúsculo camerino acceden al no menos minúsculo escenario los músicos, entre la gente que se aprieta y la que no se aprieta pero también espera. La formación es la “clásica” en los conciertos de este disco: Popi, Julián, Juano y Antonio, claro. Están a gusto, Antonio, locuaz, va introduciendo casi cada tema y entre chascarrillos varios van desgranando “Multiverso”: El Ordenador Simula El Nacimiento De Las Estrellas, Derrota De Bill Gates, Laika, Astronomía, Miríadas, Cristal, 2001: Una Odisea Del Espacio, Desde Una Estrella Enana, Génesis, Multiverso… Uno tras otro los textos tratan de imponerse a la música, más “directa” que en el disco (lógico), más cercana al rock que al pop, aunque ambos, bastardos ellos, estén separados por líneas tan finas y frágiles que continuamente saltan por los aires. Las letras (todas ajenas salvo “Multiverso”) están más que inmersas en el particular mundo del señor Arias, un compositor para el que el espacio, las estrellas y el universo en general, siempre ha estado muy presente.


Como sorpresa en medio del recital de repertorio ya sabido, Un Marciano Envía Una Postal A Casa, de “El Shock de Leia”. Sí, la de la demoledora frase de Craig Rain: “la niebla es el cielo cansado de volar con su blanda maquinaria sobre el suelo“, en el centro de una igualmente demoledora canción. Me da la sensación, no sé si real, de que los cuatro músicos que tratan de no tropezarse sobre el escenario están más conjuntados que cuando los vi en la Heineken, más rodados, más sabiendo cada uno de antemano qué va a hacer el otro. Eso hizo que el lagartijo tema no desentonara en absoluto y que el desconocimiento multiversiano general del público no restara un ápice de fuerza y energía a la actuación. Incluso cuando en Laika, Jota (Los Planetas) subió al escenario a interpretarla junto con los que ya estaban, pareció que llevaba toda la vida haciéndolo…


En los bises (supuestos toda vez que era, como bien dijo Antonio, imposible hacer la “pantomima” de bajar del escenario, esperar el griterío del respetable, darle un ratillo y volver a salir, etc.) dos sorpresas más: la lunar Mar De La Tranquilidad (del disco homónimo de los de Granada, el también bastante espacial –pero mucho más “duro” y guitarrero musicalmente hablando- Lagartija Nick) y una canción que finalmente no aparecerá en el CD: “Nos Hemos Conocido Hoy” o algo por el estilo, no retuve bien el título. La primera, magnífica de siempre, ganó empaque con la combinación de voces y, supongo, con el tiempo que llevaba sin escucharla. La segunda sonó, a mi modo de ver, un poco menos “terminada” que las del resto del Multiverso, como si se hubiera quedado en un estado más primigenio, menos pulida. Aún así me pareció bastante rescatable para otros directos o próximos trabajos. El tiempo lo dirá.


La noche terminaba, con conversaciones, cervezas y buen rollo. Como debe ser, vamos. La noche terminaba con las notas, los acordes, las cuerdas y las baquetas todavía en los oídos, con las imágenes vividas y vívidas. Al final lo importante es que quede eso, que permanezca esa esencia, que se prolongue en el tiempo. Lo demás importa poco.

FAITH & THE MUSE + OPUS NIGRUM, 29 de noviembre de 09, Sala Ritmo y Compás, Madrid

29/11/09
“Nee certam sedem, nee propriam faciem, nee munus ullun peculiare tibi dedimus, o Adam, ut quam sedem, quam faciem, quae muñera tute optaveris, ea, pro voto, pro tua sententia, habeas et possideas.” O lo que viene a ser lo mismo: “No te he dado ni rostro, ni lugar alguno que sea propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea particular, ¡oh Adán!, con el fin de que tu rostro, tu lugar y tus dones seas tú quien los desee, los conquiste y de ese modo los poseas por ti mismo.” No sé si Opus Nigrum tenían presente las primeras frases del prólogo de la obra de Marguerite Yourcenar (del mismo título) cuando eligieron el de su grupo. Lo que sí sé es que les vienen como anillo al dedo. Opus Nigrum se mueven, para quien no los conozca, en las procelosas aguas de la música ritual, el dark folk tranquilo y las reminiscencias medievales-ambientales-etc. Es decir, se manejan en aquello que fue el terreno de unos Arcana más acústicos, unos The Moon Lie Hidden Beneath A Cloud bastante menos marciales o unos Dead Can Dance oscurecidos. Lo grandioso es que eso lo hacen con muchísima personalidad: me explico, hay grupos que suenan a esto o aquello, que oyes una canción y piensas que podría, salvando alguna distancia, haberla compuesto tal o cual grupo. Opus Nigrum beben probablemente de las mismas fuentes que los citados pero solo hasta el punto de que te imaginas al mismo tipo de público disfrutándolos, o sea que te gustarán si te gustan aquellos pero sin copiar en nada a nadie.




Más o menos a la hora prevista los de Valencia ocuparon el exiguo escenario de la Ritmo y Compás, dispuestos a ¡debutar! en directo, al menos con ese nombre y formación. Y esto viene a cuento porque cuando le estaba dando vueltas a cómo “opinar” sobre el concierto de los de la obra negra, se me ocurría que se podía comentar teniendo en cuenta la circunstancia de que fuera su primer concierto o sin hacerlo así. Se podía partir de la base de que al ser grupo novel (más o menos) el criterio había forzosamente de ser diferente a si estuvieran consagrados. Al poco rato me di cuenta de que la opinión era la misma, el efecto causado era idéntico en ambas versiones de la mima reseña. En ningún caso tuve la sensación (tantas veces “sufrida”) de encontrarme ante un grupo inexperto, verde, principiante o bisoño. Daba igual que llevaran más o menos tiempo, daba lo mismo porque SE CREÍAN LO QUE HACÍAN Y LO QUE TENÍAN ENTRE MANOS. Sí, sé que parece que esto debería ser obvio, debería ser de cajón que antes de subirse a un escenario una banda tenga claro lo que pretende, adónde quiere llegar y la manera de conseguirlo, pero ay, es tan infrecuente…

Y ¿qué fue lo que ofrecieron en la noche de autos? Pues humo, espectáculo, conjunción, teatralidad, talento… Canciones. Estilo. Magia. Opus Nigrum consiguieron transmitir un viaje en el tiempo, un auténtico y verdadero tránsito a otras épocas. Y a la gente le gustó, indudablemente. De hecho consiguieron que un estilo de música que si no te entusiasma puede llegar a ser monótono no se hiciera en absoluto aburrido. Pocas veces he visto semejante respuesta del público al grupo “telonero” (odio esa palabra pero no se me ocurren otras menos odiosas), obligándolos a saludar entre ovaciones. Pocas veces esas ovaciones han sido tan merecidas ya que lo que nadie podrá poner en entredicho, más allá de gustos, más allá de que en ocasiones el humo fuera excesivo e impidiera ver el desarrollo de la ya comentada teatralidad, más allá de todo, es que Opus Nigrum ofrecieron un conciertazo y se entregaron al máximo y demostraron su buen gusto, tanto en lo estético como en lo escénico.




Al poco rato de marcharse los valencianos, los primeros acordes vocales de “The Woman Of The Snow” comienzan a sonar y a desparramarse sobre nuestras cabezas. Y al igual que sucede en el último trabajo del señor Faith y su musa –Ankoku Butoh- prepararon cuerpos y mentes para lo que había de acontecer. Salen al escenario (que parecía todavía más pequeño repleto de percusiones variadas, batería y resto de instrumentos) William Faith, Monica Richards, Paul Mercer (que se encargaría del violín), Geoff Bruce, Steven James, Marzia Rangel (batería, guitarrista y bajista de Christ vs. Warhol también) y la percusionista Julia Cooke, acompañados de Lucretia Renée y Aradia, bailarinas entre otros géneros de Butoh (danza japonesa no necesariamente oscura –de ahí seguramente el ankoku/oscuro del título del disco- pero que acompañada de la música de los de California resultaba cuando menos inquietante)




De ahí al repaso a ratos furioso y a ratos calmado (los menos) del dicho último disco y de algunos temas seleccionados de los anteriores. Blessed y Battle Hymns desembocan rápidamente en Cantus, todas ellas aceleradas y con la percusión muy marcada (normal dada la profusión de tambores de diferentes tamaños), sin un respiro, más percusión: Bushido, con bajista, percusionista, batería, guitarrista y William Faith aporreando con fuerza creciente, sin pausa. Nine Dragons, mantiene al señor Fe al frente, desgarrado, visceral. Scars Flown Proud, buenísima, impresionante voz y la guitarra sonando como si los mismísimos Mephisto Waltz estuvieran ahí arriba. Pero “en mejor”, al fin y al cabo los del vals nunca tuvieron a la Richards al frente. La primera parte del concierto se cierra de la mejor manera posible, con la sensación de que lo que estamos disfrutando ahí abajo es algo difícilmente repetible, con la impresión de que estamos ante uno seres (la idea de músicos solamente se antoja lejana) irrepetibles, encantadores, profesionales en el mejor sentido de la palabra.




La “segunda parte” comienza con Sredni Vashtar (basada en la obra del escritor británico de origen birmano Saki), hipnótica y pegadiza, se desliza rápidamente hacia la rítmica The Burning Season, quizá el único momento un poco más bajo de todo el recital, aunque se debiera posiblemente a una cuestión de gustos personales. Aún con todo, remonta con In Dreams Of Mine, Annabell, y Patience Worth, geniales las tres aunque la segunda me gusta mucho más en disco que en directo, dónde tal vez pierda algo de su magia. William Faith coge el micro de nuevo para escupir Cernunnos, épica, desatada, repleta de energía. Y de ahí al final Plague Dance y Sovereign, con explicación/invitación previa a ser cada uno su propio soberano. Sigo pensando que el estilo de Sovereign se aleja de lo habitual en la banda, suena ochentera por los cuatro costados, pero es un temazo.




Los bises, breves, Annwyn, Beneath The Waves (que abrió en su momento aquel que fue el segundo disco de los americanos, el que les consagró como la cabeza visible de la música oscura usamericana, los legítimos y verdaderos herederos de los más míticos) y Sparks. No sé cual me gustó más de las dos, probablemente Sparks. Increíble final. Dos temas clásicos en los conciertos del grupo, tanto en acústico como con la instrumentación completa. Dos temas que son auténticos hits, especialmente Sparks (muy solicitada además por el público durante todo el recital), Sparks y sus centelleos, Sparks y su voz impresionante, su bajos, sus guitarras que de afiladas ulceran el alma…




Mención aparte merecen las dos bailarinas que en varias ocasiones acompañaron al grupo con coros y danzas. Conjuntadísimas, dieron el toque especial a toda la actuación y con la combinación del increíble vestuario y maquillaje que llevaban (me gustaría saber cual es, no se corrió ni un poquito en todo el concierto, pese al intenso calor, sudor, etc) y su espectacular dominio artístico y expresión corporal, dotaron a las canciones de una pátina que las hizo todavía más recordables y “especiales”. Dio lo mismo que se contornearan, tragaran fuego, interpretaran algo similar en muchos momentos a una danza del vientre especialmente sensual… en cada momento, el movimiento justo; en cada ocasión el gesto preciso; en cada contorsión la expresión que la hizo única. Impresionante desde luego. Una lástima que las reducidas dimensiones del escenario impidieran (imagino) un mayor desarrollo teatral, una más amplia gama de “actuación”. Pero bueno, supongo que lo que se perdió en tamaño, se ganó en calor, en cercanía, en intensidad casi íntima.




Como conclusión, ya todo había acabado, solo quedaba el rato que suele darse cuando la banda que acaba de terminar de tocar es lo bastante generosa como para regalar tiempo y conversación, fotos y firmas, simpatía y amabilidad. Como conclusión cabe destacar a la organización, simplemente perfecta, pasando desapercibida cuando tenía que ser así y solucionando lo que surgía cuando era necesario. Un lujo y una pena que no pudieran disfrutar el concierto como los que simplemente éramos público. Disfrutar de un espectáculo como yo pocas veces había visto (y era la cuarta vez que tenía ocasión de saborear a los de la fe y la musa), disfrutar de una experiencia que aún ahora, bastante tiempo después del día D, todavía permanece en mis retinas y tímpanos, inmaculada, como diez minutos después de terminar la actuación. Una experiencia que sé que no se va a repetir pero que confío que en próximas ocasiones se acerque a esta lo más posible.


FAITH AND THE MUSE + OPUS NIGRUM EN NOVIEMBRE EN MADRID, YA FALTA MENOS

23/11/09


De Profundis y El Culto se alían para presentar una velada que promete ser inolvidable: comenzará de la mano de Opus Nigrum, que nos envolverá con sus ambientes neoclásicos y sus oscuras atmósferas, para continuar con Faith and the Muse, uno de los grupos más emblemáticos del rock gótico que esta vez viene acompañado de 5 músicos y 2 bailarinas de “butoh” (danza japonesa de la oscuridad) para ofrecer un concierto único.

El 29 de noviembre en la sala Ritmo y Compás (C/ Conde De Vilches 22, Madrid).
Apertura 20.00 PM
Precio: 20 € anticipada; 22 € puerta

Aquí tienes una presentación de su nuevo trabajo y de la performance:
http://www.youtube.com/watch?v=LPqwfAPReqo


Myspace Faith and the muse: http: //www.myspace.com/faithandthemuse
Myspace Opus Nigrum: http://www.myspace.com/opusnigrumusic



Texto e imágenes: El Culto y De Profundis.

NEW MODEL ARMY + CHARLOTTE'S SHADOWS, 05 de noviembre de 2009, La Sala Live, Madrid

5/11/09
Jueves cinco de noviembre del año en curso. Noche rara de jueves en esta especie de pseudo otoño primaveral que el clima ha tenido a bien regalarnos. Se alternan el calorcillo con un viento frío de lo más desagradable, como se alternan conversaciones: sin continuidad. Jueves cinco de noviembre y un concierto previsto desde hace tiempo. Charlotte’s Shadows y New Model Army en la Sala Live, de Carabanchel. Llegamos muy justos de hora (era temprano) y rápidamente entramos en la sala accediendo sin entretenernos a la “zona de conciertos”.





Charlotte’s Shadows ya han comenzado su actuación. No hace mucho, están terminando el primer tema. Tenía muchas ganas de escucharlos/verlos en directo, tras haber oído buenas críticas y haber degustado su último disco. Según me voy acercando llega a mis orejas un teclado (bueno, su sonido), lo busco y me doy cuenta de que está grabado, así como las bases, programadas. El exiguo escenario se lo disputan tres tipos: J. Catala canta y toca la guitarra, A. Avalos, el bajo y Blas Bernal la otra guitarra. La parte programada destaca demasiado sobre el resto, está más alta y se come casi todo. La voz intenta superarla pero… se pierde un poco en el intento. Aún con todo, suena diferente que en el disco (a mi parecer), más áspera, más gutural. Las tres “sombras” intentan transmitir al poquísimo público que les atiende. A mi no me llegan, del todo. Me recuerdan constantemente a ese grupo de bandas, fundamentalmente alemanas, que a mediados de los 90 hicieron resurgir el gótico de guitarras, el que bebía mucho de los Sisters y en menor medida de los Fields, etc. Lo curioso es que lo hicieron resurgir añadiéndole teclados (anatema si hablamos de la primera hornada) y al igual que en los que nos ocupan, las bases programadas eran seña de identidad. En general me pareció un grupo con ganas de agradar, con ganas de hacerse más grandes. También generalizando, me sorprendió no muy gratamente el aire de amateuridad que desprendió toda la actuación y me soprendió porque el curriculum de estos muchachos en directo es impresionante. Esperaba quizá más espontaneidad, más seguridad en movimientos y gestos. Musicalmente sonaron bien (salvando el tema antes reseñado, que no creo culpa de ellos), sin alardes innecesarios pero con la contundencia debida así que realmente solo eché de menos esa pátina especial que distingue a los grandes de los que aspiran a serlo.

Comentando estaba precisamente lo anterior con mis compañeros de aventuras cuando un gran número de gente empieza a arremolinarse cerca del escenario. Al final parece que si va a responder el respetable, cosa que hasta ese momento dudaba. Decido acercarme a las primeras filas antes de que sea demasiado tarde y una vez allí, larga espera. La misma se ameniza con intrascendentes conversaciones sobre lo talludito del público (salvó la charla que me echaron casi 15 años menos, siempre agradecido) y lo mucho que se disfrutó en anteriores eventos. Salen ya, que ya salen. Justin Sullivan al frente con Nelson en los bajos, Dean White combinando teclados y guitarra según la ocasión lo requiera, Michael Dean demostrando lo buen batería que es y Marshall Gill y su barba imposible destrozando las cuerdas de la guitarra. Bueno eso es lo que harán después.






De momento Mr. Sullivan coge el micro y grita su clásico ¿OK? y la sala revienta con los primeros acordes de States Radio. Después, en rápidas sucesión: Get Me Out, The Charge, Mambo Queen Of The Sandstone City, Peace Is Only, Today Is A Good Day, Disappeared, High, One Of The Chosen, Autumn, White Coats, Lurhstaap, Vagabonds, Wired y Wonderful Way To Go. Es decir, un setlist centrado en la última época de la banda, sin predominio claro clarísimo de “Today Is A Good Day” y salpicado de grandes hits. Un setlist corto, cortísimo, que se hizo aún más corto por la velocidad con la que lo interpretaron. Y en los bises poco más, las coñitas con el público (que voceó con el primer rasgueo de 51st State sorprendiendo a los músicos), la enorme Green And Grey y la no menos grande 225 cerrando el recital.






Dejando aparte duraciones y el hecho innegable de que en esta clase de conciertos (grupos que llevan dando guerra más de veinte años) cada uno de los presentes puede recitar treinta y tantos temas que él hubiera añadido, la verdad es que los del nuevo modelo del ejército o el ejército último modelo o como coño se traduzca se curraron un concierto espectacular. Las canciones nuevas (especialmente las de TIAGD) suenan muy bien, llenas de fuerza y garra, las escogidas de las antiguas no podían faltar y, en general, el nivel tanto de calidad interpretativa como de entrega estuvieron más que a la altura de las circunstancias. Lo peor, aparte de lo corto que fue todo (en hora y media escasa incluso teniendo en cuenta el tiempo muerto prebises estaba el pescado más que vendido), fue ver a cinco mozos intentar desplazarse por un escenario ciertamente minúsculo, lo que permitió pocas alegrías y algún gran riesgo: casi me revienta Justin la cara cuando le dio por colgarse el pie del micro al hombro.

Salvada la vida casi en el último momento, fuimos a degustar una de esas cervezas tan frescas que dicen sirven en las barras madrileñas. Y ahí estaban ambos grupos, en plan normal, haciéndose fotos, bebiendo y charlando con quien se acercó a ellos. Es muy de agradecer el comportamiento nada “estrellil” de los ingleses estos, que demostraron, de nuevo, que la humildad, simpatía, cercanía y buen rollo es casi siempre inversamente proporcional a la duración de la trayectoria y éxito de la banda en cuestión. No lo digo por Charlotte’s Shadows, que en este caso estuvieron a la par que los británicos sino por la infinidad de grupos que sin que haya razón alguna, se comportan como si estuvieran más allá del bien y del mal. Inciso aparte, en resumen, una noche más para recordar, con el buen regusto que se me quedó y las ganas de repetirlo.

ANTONIO ARIAS + NUDOZURDO, 31 de octubre de 2009, Sala Joy Eslava, Madrid

31/10/09
Halloween 2009. Esa fiesta importada en la que la gente se disfraza con mayor o menor acierto y los niños piden caramelos. Ese invento para muchos, esa noche de difuntos de tradiciones propias ya olvidadas y enterradas bajo toneladas de calabazas recortadas y maquillaje de mentira. Y con esas, fin de gira de Nudozurdo (Sintética ha sonado mucho y en muchos sitios ampliando el número de fans de la banda) y Antonio Arias que tras ser cabeza de cartel de los propios madrileños (con el resto de los lagartijos) en varias ocasiones, hoy abre recital presentando Multiverso: saldrá en diciembre, paciencia.




Conozco poco todavía del trabajo del señor Arias, en el marco del Año Internacional de la Astronomía con letras de poetas diversos y la presencia al lápiz del de Granada solamente en el tema que dará nombre al CD. Sale este al escenario, puntual, con su últimamente frecuente sombrero negro y la compañía de Popi de Manía Estéreo en las baquetas, Julián de Lori Meyers al bajo y el sevillano Juano, guitarrista de Bombones, en la propia. Suenan los primeros acordes de “El Ordenador Simula”, todo es como de costumbre, suena bien, muy bien. Empiezo a echar de menos el conocer mejor (o el conocerlas algo) las canciones, pero el estilo no sorprende: es muy cercano a lo último de los de Graná, pop, muy pop, con esas guitarras tan características y esa sección rítmica tan repleta de fuerza rockera. Añádele la actitud, tan importante, tan punk…


Dame Fender, dame Gibson


Y "Desde Una Estrella Enana", “Astronomía”, “Miríadas” -etc, etc, todo el CD- van cayendo poco a poco. Comentarios de Antonio a las canciones, destellos, las estrellas delante y detrás. Y sí, el océano es el espacio, infinito… me gustan las canciones, las disfruto sin conocerlas, me llega la energía. La sala está bastante vacía, imagino que lo temprano de la hora, la “festividad” del día y que el sábado invita a muchos más a copear que a conciertear influirán bastante. Queda poco tiempo, el recital es cortito, se pide permiso para un bis, pero el telón se cierne inexorable y demostrando muy poquita educación. Se despide la banda y dejan solo las sensaciones. Positivas todas, me quedo con la energía, de nuevo, me quedo con el cosmos, me quedo con la ciencia y la ficción, me quedo con Pacheco, con Jou, con Chanmartín y Carbajosa. En fin, me quedo con la poesía y la guitarra, sea Fender, sea Gibson, me quedo con el espacio, me quedo con el talento.







Llegó la hora de Nudozurdo. Comentaba tras verles en directo en la Heineken que me habían atraído más en disco que en directo, comentaba que la larga duración de las canciones hacía que fueran algo monótonas. Pero estaban allí para hacerme cambiar de opinión. O eso creo. Con las ganas como virtud y el talento como armas, Nudozurdo se empeñaron en contentar a los muchísimos fans allí congregados, es impresionante el aumento de tirón del grupo en relativamente poco tiempo. Merecidamente la verdad. Y es que los madrileños son francamente muy buenos. El muro de sonido distorsionado que crean en cada tema es capaz, por si mismo de levantarte del sitio en el que estés. El bajo, lejos de esos grupos en los que poco más que acompañan a la batería o viceversa (tanto monta, tanto importa), desarrolla su propia melodía, imbricada en el resto de forma soberbia. Las guitarras se mezclan, chirrían, chillan y hablan, marcan la canción de principio a fin y las baquetas cambian el paso, se desgañitan o se concentran, suben, bajan y siempre están presentes, empezándolo y terminándolo todo. ¿Y la voz? Bueeeno. La voz de Leo es de esas que o se adoran o se odian, o te erizan la piel o te resultan irritantemente insufribles. A mí personalmente me parece que le sobra frialdad y distancia, quizá a unas letras bastante agresivas les pegara más un poco más de sangre, un poco más de entraña. Pero, claramente, es cuestión solo de gustos.




En cuanto al repertorio repasaron fundamentalmente Sintética (como no podía ser menos) y lo salpimentaron con algún tema de su CD homónimo (“Utilízame”, “Dentro De Él”, “Ilumina Tu Cuerpo” y “Lo Que Querías Ser”) algunas “sorpresas”: la versión del “Cenizas” de “El Columpio Asesino” que me encantó pese a no conocer la original, los dos temas que interpretaron junto con Antonio Arias (“En Mi Nombre” de los lagartijos y “El Hijo De Dios”, luego las comentaré) y un tema nuevo: “Sube Mi Amor (creo que se llama así) muy en la línea de los demás: intensidad distorsionada, letra inteligente y “dolida”… Mención aparte, como decía antes, merecen los dos “hits” tocados junto con Antonio Arias. “En Mi Nombre”, nunca antes tocada en directo, caló mucho porque es una gran canción y creo que se vio favorecida por la triple guitarra y los coros, con un poco de suerte se hará, debería, hacerse fija en el repertorio de Lagartija Nick. “El Hijo De Dios”, quizá el single por excelencia, me gustó más que en la Heineken y también la presencia del señor Arias fomentó que sonara todavía mejor que con los madrileños solos.




La noche se cerró pronto, los conciertos a las once u once y algo ya habían terminado y las conversaciones postconcierto, siempre impagables, fueron breves gracias al horario absurdo del transporte público madrileño, siempre fomentado de boquilla, siempre ninguneado en la realidad o, si no, que alguien me explique porque el Metro termina a la una y media, la Renfe a las doce y lo de los búhos parece más una broma pesada que una solución o una alternativa seria al coche propio. En fin, habrá más ocasiones de charlar, de compartir cervezas y momentos, sensaciones e ideas.

LINEAS ALBIES + KAP BAMBINO, 16 de octubre de 2009, Ocho y Medio, Madrid

16/10/09
La Gran Vía madrileña está repleta de calles, de gente y de salas, tanto bares como locales (de mayor y menor enjundia) para dar conciertos. La Gran Vía y aledaños suele reportar sorpresas en forma de esos conciertos que te sorprenden un día al entrar en ese bar que conoces de nombre pero que nunca has pisado. En uno de esas calles cercanas, Mesonero Romanos, hay un pequeño local que se traviste cada noche (o al menos antes lo hacía) en diferente garito, con diferente ambiente, público, música e incluso aspecto exterior. Ese prodigio de camuflaje estilístico en ocasiones, solo en ocasiones, ofrece conciertos. Y no es que sea una sala especialmente preparada para ello: el sonido es entre malo y horroroso, la distribución es… redistribuible, etc, etc. Y con esas me entero de que actúan los conocidos Líneas Albiés teloneando a los para mi desconocidos (y franceses) Kap Bambino. Uno, que es un ignorante (dicho sea sin ironía ninguna).







Líneas Albiés, les he visto muchas veces, les he escrito desde aquí otras tantas, pero siempre, siempre, tienen algo nuevo que regalar, siempre sorprenden por algo o con algo. En esta ocasión será algún tema de su próximo disco (ganas tenemos de que vea la luz), será alguno antiguo poco frecuente en su repertorio, será… Pues nada de eso. ¿Recreando el repertorio más o menos habitual se puede sorprender? Difícil pero posible. Líneas Albiés lo hicieron. ¿Cómo? Pues con una interpretación si no diferente, sí lo bastante currada como para no tener la sensación de algo ya visto, de algo ya disfrutado.
















No aprecié demasiados problemas con el sonido, muy empastado toda la actuación, sorprendente dado el marco. La voz de Marieta Rabieta se escuchó bien, las programaciones y los teclados en su sitio y tanto el saxo, como la guitarra y la voz de Pablo llegaban a mis oídos con la fuerza y precisión habituales. Ellos se movieron estupendamente como de costumbre, les vi a gusto, se mezclaron con el público como suelen (quizá algo menos que en otras ocasiones pero entre que había poca gente y que tampoco gran parte de esa gente estaba muy por la labor…) y dieron lo que tienen, que es bastante. Todo mientras Betty Page demuestra en la pantalla al fondo que hay cosas que han cambiado a mejor y otras a mucho peor.





La versión alargada del stoogeniano 1969, la increíble Double Captain Sensitive, el anfetamínico Reláxico Espialidoso fueron a mi modo de ver tres de los puntos más álgidos del corto concierto (“es que somos teloneros” explicaron). Pues que pena que sean teloneros o mejor, que pena que por el hecho de serlo tengan el tiempo tan limitado para explayarse. Porque da rabia que cuando mejor me lo estaba pasando se terminara la actuación. Últimamente siempre que “visito” las actuaciones de los madrileños termino con la sensación de concierto corto. Es cierto que los últimos recitales en los que he estado ha sido ejerciendo de “teloneros” pero echo de menos un espectáculo más largo en los que poder saborearlos plenamente. Más plenamente, mejor dicho. En fin, esperaremos al siguiente a ver si hay más suerte. Aún con eso y con todo vi al dúo en una forma estupenda, se notó que las canciones que interpretaron están ya muy rodadas y a ellos les vi con fuerza y ganas. Mientras pienso estas palabras, rápida recogida de equipo y cambio de dúo sobre el escenario. La gente (la sala está ya bastante llena) se agolpa en las primeras filas, se empuja, se zarandea, buscando el mejor sitio. Ay las turbas…

Y salen los para mi completamente desconocidos Kap Bambino. Decía al principio que cuando me pasa este tipo de cosas me doy cuenta de lo ignorante que soy, musicalmente hablando (de otras ignorancias me doy cuenta en otros momentos). Normalmente (pienso para mi con el claro objetivo de defender mi ego) cuando no conozco a un grupo ni de nombre suele ser porque su propuesta no es interesante para mi gusto. Normalmente suele ser porque esa propuesta no solo no es de mi gusto sino que está a años luz de lo que me interesa (así mi ego sigue su lenta pero segura recuperación). Suele ser.













Comienza el espectáculo. Dos músicos sobre el exiguo escenario, luces y un ordenador: Un tipo de pelo enmarañado sobre los ojos y camiseta de Motorhead, encargado del asunto informático; una moza, rubia teñida y corte de pelo rozando lo imposible, empuña el micro. Se desatan ambos sin aviso, dejando caer todo tipo de loops, gritos, ritmos machacones y alaridos sobre un público de lo más variopinto. Electro punk había oído que hacían y no habrá seguramente etiqueta que case mejor. Electros un rato pues eso era y no otra cosa lo que escupía el bueno de Orion Bouvier, mil efectos, ruidos y salvajismo a espuertas. Punks, más. Caroline Martial (al parecer) tiene la fea (y maravillosa) costumbre de dejar a las más sucias y bestias divas del punk que puedas llevarte a la cabeza a la altura de Mary Poppins tanto en ferocidad como en energía vomitada sobre la arena.



Repasan contundentemente su último trabajo, Blacklist, y rematan con grandes temas de discos anteriores. Todo ello entre sudor y gargantas destrozadas, entre ritmos salvajes y muros de bucles infinitos. El caso es que se dedicaron a esputar una amalgama de tripas que me sorprendió, gratamente además. Pero (y ahora vienen los peros, ninguno achacable al dúo eso sí) resulta que a mí la música electrónica no me entusiasma y que, tonterías que tiene uno, me gusta “entender” lo que se canta o vocifera. Poco me importa el idioma en el que se haga, no me refiero a entender plenamente las letras, con reconocer sonidos como palabras habitualmente me basta. Y ahí es dónde las deficiencias de la sala se hicieron notar más, fui absolutamente incapaz de percibir nada más allá del chillido o del aullido. Si le añades mi desconocimiento del grupo que provoca que no sepa donde termina un tema y empieza otro y el machaqueo electro constante… al rato estaba un poco ya saturado de Kap Bambino. No es culpa de ellos, posteriormente he tenido la ocasión de escucharlos en disco y me parecen muy interesantes y estoy seguro de que con mejores condiciones hubiera sido un concierto todavía más impresionante. En definitiva, salí del Ocho y Medio con la sensación de haber vivido un acontecimiento espectacular pero con el amargor de no haberlo disfrutado plenamente.


NEW MODEL ARMY EN ALICANTE

15/10/09


Concierto de New Model Army en la Sala Nave 8 de San Vicente de Raspeig en Alicante. Viernes 6 de Noviembre. 22:30 horas. Precio entradas 22€.

NEW MODEL ARMY TAMBIÉN EN BARCELONA




También.

NEW MODEL ARMY DE NUEVO EN MADRID



¿Qué más se puede decir?

CROMA: A 10.000 Hores De Casa (Autoproducido 2009)

14/10/09
Segundo trabajo de los catalanes Croma. “A 10000 hores de casa” es un disco de rock, fundamentalmente, y aunque en una primera escucha me vienen a la mente otros grupos más conocidos en una onda similar: Casual (en gran medida) y Kitsch (algo menos), los de Manresa practican un estilo bastante propio que huye de los apellidos más habituales, adentrándose en una bien estudiada mezcla de oscuridad y fuerza rockera. Quizá más centrados (un poco menos oscuros) en lo “alternativo” que los mencionados Casual, es inevitable la comparación toda vez que la sonoridad que el idioma catalán imprime a las voces los lleva a lugares comunes con estos. No sería justo en todo caso hacer demasiadas similitudes toda vez que el tema idiomático no deja de ser una simple anécdota más debida a mi falta de costumbre que a otra cosa. En lo importante, Croma se muestran muy sólidos instrumentalmente, desplegando una gran riqueza armónica en las guitarras y con unas bases rítmicas convenientemente contundentes. Las voces (y las letras) -muy cuidadas- son expresivas y logran transmitir los sentimientos pretendidos en cada ocasión, con momentos fuertes y otros más introspectivos. Quizá sea aquí, en los temas menos guitarreros dónde encuentro el único puntito flaco (digo puntito porque realmente es un tema muy menor) de la banda. No me terminan de convencer en el medio tiempo, me gustan más cuando sacan afuera las toneladas de agresividad bien entendida que suponen canciones como La Montserrat (que abre el CD) o Perduts en l’espai. En definitiva, “A 10000 hores de casa” es un gran disco que además tiene la virtud de ir a más en cada escucha y eso es siempre de agradecer.

FAITH AND THE MUSE: Tatsu Ep (Mercyground 2009)

13/10/09
Por fin me llevó a las orejas este esperadísimo EP del señor Faith y su musa. Han pasado años, largos años, de aquel bastante incomprendido The Burning Season y francamente no sabía por dónde tirarían a estas alturas los americanos. Que si influencias de la cultura japonesa, que si mira que cresta lleva ahora William Faith, que si chunda-chunda viendo como era (en su parte más electrónica) el anterior… Paparruchas variadas que no iban a ser despejadas hasta poder escuchar este Tatsu. Y la verdad es que después de hacerlo no termina de quedarme claro hacia dónde se dirige el dúo. Un EP de cinco cortes, el primero una intro instrumental cortita, luego dos temas aceleradísimos, en la onda de lo más desgarrado de discos anteriores, oscuros y puramente góticos, una cuarta pista en la que canta el señor Fe y que parece (para bien y para mal) la segunda parte de la magnífica The Trauma Coil y un remix que destroza Battle Hymn hasta un límite francamente… prescindible. ¿Influencias de la cultura japonesa? Tal vez en el uso de percusiones propias del folklore de los del sol naciente pero poco más. ¿Decepción entonces? No, para nada. Tatsu es (así lo espero) un aperitivo del próximo Ankoku Butoh y como tal debe tomárselo. ¿Que se hace corto? Cortísimo. Pero si el nombrado próximo CD (y sus presumibles once o doce temas) son la mitad de buenos que los tres destacables de este pequeño bocado, me daré por satisfecho. Y por cierto, quiero verlos en directo ya.