ALL MY DEAD FRIENDS (Cold Meat Industry 2006)

30/11/06
En este "All my dead friends", nuevo recopilatorio del sello Cold Meat Industry, no están todos los que son pero sí son todos los que están, como diría el ínclito Ansón. Es decir, no aparecen, obviamente, todos los grupos del sello, pero sí que muchos de los mejores (especialmente entre los que tienen una trayectoria menos dilatada) aportan temas. En general, el disco está bastante centrado en los sonidos más tristes, melancólicos, dolientes y nostálgicos. De hecho, salvo algunas bandas (los fineses Pimentola y los franceses Tharmapsal entre otros se decantan por un industrial más bailable), el CD está repleto de dark folk melódico, apocalíptico, triste y acústico. Quince grupos (Rome, Letum, All My Faith Lost, Atrium Carceri, Beyond Sensory Experience, Stormfagel, Decadence, Foundation Hope...) con sus quince canciones que desglosan un ambiente funeral y decadente ya sugerido desde el título. Dicho esto, “All my dead friends” es, como pasa con prácticamente todos los recopilatorios, especialmente los de Cold Meat Industry, una magnífica oportunidad para acercarse a muchas bandas que aún no son suficientemente conocidas o que no han tenido oportunidad de serlo (muchas de ellas son bastante nuevas). Una oportunidad perfecta por haber sabido condensar en los setenta y tantos minutos que dura lo más granado de las nuevas promesas del sello y por tratarse de temas inéditos (todos, al menos en el momento de lanzar el disco). Además, si no te haces con él, el precio no te servirá de excusa...

FOUNDATION HOPE: The Faded Reveries (Cold Meat Industry 2006)

Los holandeses Foundation Hope presentan su segundo trabajo tan sólo unos meses después de facturar el primero. ¿Dos discos en un año? Podría hacerte pensar que se trata de una obra apresurada, acelerada o hecha con ligereza. Nada más lejos de la realidad. Los paisajes oscuros, densos, de atmósferas inquietantes y sobrecogedoramente bellas están muy presentes es cada una de las notas que componen esta nueva sinfonía del dark ambient: ese tenebroso cajón donde tienen cabida tantas mediocridades. Este no es el caso. No hay vulgaridad ninguna en esta amalgama de sentimientos narrados en forma de una cierta banda sonora de connotaciones tan melancólicas como acertadas. Ocho temas más un Intro y un Outro capaces de recrear una película absolutamente personal y repleta de momentos difícilmente olvidables. Una película a medida del escuchante, tan personalizada como desees. Definitivamente este “The Faded Reveries” golpea donde más se sienten los golpes, en el centro del alma.

ROME: Nera (Cold Meat Industry 2006)

El esperadísimo larga duración de los muchachos de Rome cumple con todas las expectativas creadas en su anterior MCD Berlín. Por fortuna, la espera ha sido corta. En este Nera, todas las obsesiones, los ritmos, las guitarras, etc. del anterior regresan con más fuerza si cabe. También, lógicamente, repiten las percusiones marciales y la mala leche en ocasiones. Pero difuminaditas, eso sí. Las voces siguen mezclando femeninos y masculinos componiendo una auténtica sinfonía de perfecta ejecución y melodía sugerente. una melodía que engancha y que termina instalándose allí donde viven los sueños. Aquí está de nuevo la para nosotros gran esperanza del dark folk más folk, del más acústico, del más bello. Y confiamos en que hayan venido para quedarse.

ZEVLAGH: Kaelia (Autoproducido 2006)

Los pueblos prerromanos siguen de enhorabuena: tienen quien les cante y les glose. Zevlagh, en este su nuevo lanzamiento, combina con su maestría habitual lo que debieron ser los sueños, esperanzas y vivencias de esos pueblos con toda la melancolía que es capaz de extraer a sus instrumentos (que no es poca). Así, aquí hay todo el complejo mundo que encierra la mente del "mordotano" salpicado de influencias de lo más diversas y folclóricas (ojo, folclore en el mejor de los sentidos, faralaes y palmeros aparte). En general, hablando del sonido de este Kaelia en sí, resulta un disco tan espectacular como conmovedor, tan especial como íntimo. el único pero (no sé si buscado) es la omnipresencia de la instrumentación aún ahogando a veces las voces, tanto que cuesta entender la letra a pesar de estar en riguroso castellano. Pero es un detalle de poca importancia teniendo en cuanta lo que aporta en cuanto a sensibilidad y alma. Además, en el desolador panorama español, se siguen agradeciendo las incursiones en músicas y expresiones artísticas lamentablemente minoritarias y todavía más si, como es el caso, se hace desde el onanismo artístico más absoluto. Como dice el artista, con dos suevos...

DEINE LAKAIEN, 26 de noviembre de 2006, Sala Caracol, Madrid

26/11/06

Un concierto de Deine Lakaien siempre es un acontecimiento. Si además es la primera vez, en veinte años de carrera, que actúan en España, pues aún más. Y el dúo alemán no defraudó a nadie. Finalmente sin teloneros, en plan acústico y algo más tarde del horario anunciado, se descorrió la estrellada gasa que escondía el escenario. Un gran piano de cola presidía el escenario. Gente, mucha gente expectante casi llenaba la amplia sala. Lleno sin agobios, eso sí, que podías moverte a tu antojo por todo el recinto sin demasiadas apreturas.

Salen Ernst Horn y Alexander Veljanov, saludan con timidez de músico de clásica y comienza el espectáculo. Suenan las primeras notas y la magia desciende sobre el ambiente. Se van desgranando los compases, las melodías, las canciones. Love Me To The End, Lonely, Down Down Down, Mindmachine, Mirror Men, Walk To The Moon, Vivre (creo), Wasted Years, Don't Wake Me Up, Follow Me, Dark Star, no están todas y no se interpretaron en este orden, van poco a poco llenando mi cerebro de melodía, de acorde, de alma, de belleza. Los tics del señor Veljanov me distraen un poco, parece más centrado cuando canta y lo hace de manera casi sobrehumana. El esfuerzo, físico además de artístico, del pianista es palpable. Su cansancio también.


Pero no dejo que el sentimiento se diluya. Lo que llega a mis sentidos es demasiado bueno, demasiado (desgraciadamente) efímero. Y, de repente, sin avisar, sin dar tiempo a prepararse, el concierto termina. El dúo se marcha y se me queda cara de tonto, aún me dura el éxtasis de lo vivido. Silbidos, gritos y palmas tratan de abrirse camino ahora en mis oídos. Vuelven a salir, saludan y comienzan los bises. ¿Sólo un tema y se vuelven a ir? De nuevo silbidos, más gritos y más palmas. Salen de nuevo. Tocan dos temas, intensísimos. Ahora si que se ha terminado. Esas notas, esas pulsaciones en las teclas del seguro que a estas alturas ya maltrecho piano permanecen en mí, durarán mucho tiempo...


Llega el ¿necesario? análisis: Han tocado prácticamente el disco Acoustic del 95 enterito. Han añadido sólo dos o tres temas, sobre una base de hace once años... No sé si eso es bueno o malo. Supongo que para los que esperaran una gira referida a su relativamente reciente April Skies sería una pequeña decepción. Para los que les hayan visto en directo muchas veces a lo mejor también. Incluso el hecho de que fuera acústico disgustó a más de uno. Para mí, neófito en el disfrute de los berlineses, no es más que un acontecimiento deseado desde que escuché ese álbum. Y creo que en acústico, en ese formato tan vilipendiado por la afluencia de supuestos “unplugged” de los últimos años, canciones tan bellas ganan transmisión que quizás, sólo quizás, con mayor afluencia de electrónica, ritmos, etc. pierden un poco.


Han tocado poco tiempo, una hora y cuarto escasa aún contando los espacios entre bises. Es cierto, supo a poco. En cuestión de música soy poco dado a creerme eso de que lo bueno si breve dos veces bueno. Cuando me gusta algo, y me encantó el concierto, quiero que dure lo más posible. Si puede ser siempre, mejor que mejor. Pero de todos modos doy por bien gastado el dinero de la entrada.


En resumen, un magnífico espectáculo, eso es lo que disfruté.