TOR LUNDVALL: Empty City (Strange Fortune 2006)

24/5/06
Hipnótico, sugestivo, misterioso, ambiental, apocalíptico en ocasiones, hermoso siempre. El nuevo CD del pintor y músico Tor Lundvall tiene todos los ingredientes de un buen cuadro. Inspira y hace reflexionar, los espacios abiertos que evoca en sus doce temas invitan al relax contemplativo y la meditación artística. Empty City termina siendo un viaje del interior al exterior en la misma medida que al contrario. Uno de esos viajes en los que lo que cuenta no es tanto la meta como el camino recorrido y lo experimentado en ese durante. Un desplazamiento a repetir, aunque sepas con absoluta certeza que lo vivido ya lo ha sido y que todo lo por vivir te va a resultar novedoso. Un disco que proporciona nuevos y muy diferentes placeres en cada nueva audición, que se adapta al estado de ánimo del atento escuchante y que crea sensaciones y pensamientos particulares, íntimos, personales y distintos a los habituales. Reitero lo evocador del esfuerzo. En definitiva, una “ciudad vacía” que te llena de diferentes percepciones en cada momento; una sucesión de canciones, de momentos especiales que se quedan resonando mientras quieras que lo hagan, mientras cada nota reverbera, crece y decae en una espiral más sentimental que acústica, más de sensaciones que de pensamientos concretos. Tan sin final y sin principio como el propio círculo del CD.

RAISON D'ÊTRE: Metamorphyses (Cold Meat Industry 2006)

El muro sónico que crea, y se recrea, en esta oportunidad Peter Andersson termina siendo una tesis sobre el aislamiento, la privación sensorial y la soledad forzada e impenetrable. Ambientalmente oscuro y atmosféricamente inquietante, las seis partes de Metamorphyses están repletas de mal rollo existencial. La amalgama de ¿notas?, sonidos metálicos, con aroma de viento húmedo y helado (como debe ser –nunca he estado en ninguna, pero es la imagen que me viene a la cabeza- el de las criptas o las tumbas), chirridos que aunque lejanos, no por ello son menos perturbadores. Agua que cae lamiendo paredes de piedra con dulzura malévola, cadenas, etc. Un viaje de exploración a lo menos conocido de la profundidad de la mente humana, a lo ignoto, a lo que quizá no debería conocerse nunca. Estamos, amiguitos, ante un trabajo hipnótico, intenso y fuerte aunque tranquilo y etéreo, donde las merecidas pausas entre canción y canción, entre ciclo y ciclo sonoros, se hacen fundamentales, necesarias para el descanso del alma. Metamorphyses es asimismo una acuarela tenebrosa, meditativa, introspectiva, que te transporta, si te dejas, a las más profundas catacumbas, a un universo paralelo, lovecraftiano en cierto modo, tan atractivo como desconcertante, tan “agradable” como peligroso. Si te acercas a ese mundo, probablemente lo disfrutarás pero quedas avisado.

SKIN AREA: Journal Noir / Lithium Path (Cold Meat Industry 2006)

El doble CD que nos ocupa, mantiene en ambas partes un sonido similar. La misma crudeza sonora, ruidista, enferma, cercana al Spoken Word (mal usado el término normalmente, toda vez que la “poesía recitada” se envuelve de notas musicales más o menos armónicas, pero tú, que eres listo, ya me entiendes) en algunas canciones, fuertemente marcial o “disciplinada” en otras. Skin Area exploran allí donde otros muchos grupos no llegan, allí donde el miedo o el dolor son demasiado fuertes como para ser soportados, donde la soledad te envuelve como con una mortaja fría, donde los sueños no se diferencian de la realidad y las pesadillas son comunes. En general, las diecisiete canciones que lo ocupan son para paladares exigentes y espíritus inquietos. Absolutamente reñidos con cualquier clase de “comercialidad”, los temas de Journal Noir / Lithium Path se van a meter en tu cerebro y van a comenzar a hacer su trabajo. Poco a poco. No vas a encontrar en estos cortes ninguna piedad para tus oídos. No la hay. No hay, lógicamente, ninguna pieza que destaque sobre las demás; es como si ambos discos fueran juntos piedra angular de las estructuras diseñadas en los surcos del CD. Así que, puedes ponerlo a un volumen convenientemente alto y lanzarte por la montaña rusa (o sueca, dada la nacionalidad el grupo) sonora que se te propone o no hacerlo. Pero ten cuidado, puede ser muy adictivo.

BEYOND SENSORY EXPERIENCE: The Dull Routine Of Existence (Cold Meat Industry 2006)

Si en el anterior trabajo de estos suecos (Pursuite Of Pleasure, ya comentado en estas páginas), recorrían sin ambages todo el racimo de sensaciones que pueden producir placer, en The Dull Routine Of Existence, las impresiones provocadas (no sé si esa era la intención exacta) son bien distintas. Aquí cuesta trabajo encontrar referencias al placer, a la sensualidad (en el sentido más amplio del término). Aquí los paisajes sugeridos tienen una cierta melancolía, una tristeza contenida, una cierta desesperación resignada. Temas largos, que parecen provenir de una embotada consciencia, lejana, como si los percibieras con sordina. A mí personalmente me trae un poco recuerdos de sonidos escuchados desde debajo del agua, como si hubiera una ligera niebla sensorial de fondo. Se crean así ambientes diversos, que llaman a la reflexión en ocasiones y en otras te dejan un poco decaído, desasosegado. No es que sea un disco que incite a la depresión, pero sí que no lo recomiendo si estás en un estado propenso a la melancolía, salvo que, como es mi caso, disfrutes de esos momentos de turbación conmovida. No sabría como definirlo mejor ya que aunque es fácil hablar de cosas concretas, en este CD es todo demasiado abstracto como para remedar los sentimientos que provoca con palabras. Por resumirlo de alguna forma: ambientes oscuros, tristes, fríos en ocasiones, atmósferas viciadas y talento a raudales. Más sensaciones que sentimientos, sin duda. Poco más se puede decir: un muy buen disco.


THE DRESDEN DOLLS + THOMAS TRUAX, 22 de mayo de 2006, Moby Dick, Madrid

22/5/06


Sorpresa fue lo que me vino a la mente al enterarme de que estaban prácticamente agotadas las entradas para el concierto (me alegro por los grupos, pero no es habitual que suceda esto) de The Dresden Dolls y Thomas Truax en la Moby Dick de Madrid. Tan agotadas, que tan solo se pusieron doce entradas a la venta en la taquilla (que duraron segundos, lógicamente) y, a pesar de repartir (desconozco si cobrándolas) las invitaciones sobrantes, se quedó un buen número de gente sin poder disfrutarlo. A todo esto, cuando conseguimos acceder a la sala, el señor Truax, bendita (maldita) puntualidad, estaba prácticamente terminando su actuación, así que poco puedo decir de ella. Tan solo pude oír-ver un par de temas que, eso sí, me parecieron bastante originales. Con un aire de entre trovador y músico callejero...
- Pero, ¿no es lo mismo?
- Sí, bueno, es bastante parecido.
- Entonces, ¿no decías que no pudiste casi verle?
- Sí, solo dos canciones, una de ellas tocándola mezclado entre el público, así que se me ocurrió la idea del trovador callejero.
- Vale. Sigue
- Eso, déjame seguir.

Pues eso, que tras una corta espera, salieron al pequeño (y bajo) escenario Amanda Palmer y Brian Viglione, tomaron posiciones tras el piano y la batería respectivamente y dio comienzo el recital de los bostonianos The Dresden Dolls y el desgrane del repertorio (formado básicamente por la mayoría de las canciones de su CD homónimo y por bastantes de su más nuevo Yes, Virginia).


- Duró poco entonces el concierto ¿no?, porque con solo dos discos como repertorio...
- Y algunas versiones (Ámsterdam de Jacques Brel, Cosmic Dancer de T.Rex, War Pigs de Black Sabbath o Two Headed Boy de Neutral Milk Hotel...), pero no duró poco, duró lo que tenía que durar. Ni más ni menos.
- De acuerdo, sigue.
- Pues no me interrumpas, ¿vale?

El mayor inconveniente fue que salvo desde las muy primeras filas, no se veía apenas nada del escenario, lo que les hizo perder un poco de “transmisión” en la interpretación. Por el contrario, el excelente sonido de la sala y la entrega absoluta de ambos músicos contribuyó a dejar en el público un muy buen sabor de boca. Además, tanto Amanda Palmer como Brian Viglione estuvieron en todo momento (y eso incluye antes y después del concierto)...

- ¿Cómo sabes que dejaron un buen sabor de boca, así en general? ¿hiciste un estudio de mercado entre los asistentes o qué?
- Eres un capullo. Claro que no hice ningún estudio de mercado. Pero esas cosas se notan. La gente salió encantada en general y, en particular, las personas con las que hablé también.
- Tampoco te pongas así...
... amabilísimos. De hecho, en un momento dado, alguien del público gritó “I can’t see you!!!” y ellos, ni cortos ni perezosos, se pusieron de pié, tomó Brian la guitarra e hicieron varias canciones en ese formato, prácticamente en la cara de los afortunados (y aplastados) espectadores de las primeras filas).

- Pero, eso lo harán en todos los conciertos, ¿no?
- Pues sí y no. Sí que tocan algunas canciones con esa instrumentación, pero normalmente muchas menos que las que hicieron aquí. Vamos, que me pareció un detallazo...
- Improvisado, ¿no?
- Bueno, obviamente la guitarra la llevaban, así que algo pensaban tocar, pero los que sí han visto varios conciertos del grupo (en Barcelona el día anterior inclusive) comentaban que no solían hacer tantas.
- Ya.
- Eres un escéptico...
- Venga va, te creo. Sigue.

Hubo varios momentos álgidos durante el concierto, principalmente en las canciones más conocidas del grupo. Así Missed Me, Good Day, el combo de Half Jack y Girl Anachronism o Coin Operated Boy y algunas de las versiones que interpretaron fueron especialmente coreadas por el respetable. Eché a faltar algunos temas, como por otro lado pasa siempre en todos los conciertos (concretamente la estupenda The Jeep Song, que aparentemente iniciaron pero que finalmente no tocaron), pero en líneas generales tocaron lo mejor de su cada vez más completa colección. De su último disco brillaron de forma especial las inconfundibles My Alcoholic Friends o Mrs. O.

- ¿Te gustó entonces el concierto?
- Sí, la verdad es que me gustó mucho, lo pasé muy bien y aunque en disco, sobre todo por la masiva presencia de canciones “tranquilas”, se pueden hacer un poco monótonos, en directo ganan. Y mucho. Ponen mucho “alma” y consiguen hacerte llegar los más variados sentimientos.
- Pero no hicieron demasiado teatro, ¿no?
- No, la verdad es que me esperaba más teatralidad. Puede que las condiciones de la sala no lo permitieran o que reserven ese tipo de “performances” para los conciertos “domésticos”. No lo sé, realmente. Pero vamos, tampoco lo añoré tanto... ¿Me dejas terminar la reseña?
- Sí claro, pero no te enrolles.

Bueno, en definitiva, un muy buen concierto. Esperemos que vuelvan pronto para poder volver a disfrutarles, pues valió la pena.

- Así de cortito, ¿te vale?
- Me vale, me vale.

THE WEEGS: The Million Sounds of Black (Hungry Eye Records 2006)

19/5/06
Sorprendente, gratamente, este The Million Sounds of Black. No tanto si ya conoces a la banda de su estupendo debut Meat the Weegs, pero sí si como en mi caso no habías escuchado nada de ellos anteriormente. Título más que acertado porque realmente explora no sé si un millón de sonidos o de matices, pero sí bastantes más de los corrientes en otras bandas-otros discos. Siete canciones más o menos “convencionales” (si es que hay algo convencional en los de San Francisco, Frisco para los iniciados en los caminos de la muchas veces insólita California) y una larguísima, y maravillosa, paranoia instrumental sonora (sus cuarenta minutos, segundos arriba o abajo, no se hacen largos en absoluto) cerrando el disco, componen este paisaje a ratos espacial, a ratos psicodélico, siempre insólito y oscuro, de melodías enfebrecidas y voces frescas. Cercanos quizá a los Residents (la portada invita a la comparación, esas máscaras, ese gusto por el anonimato personal) pero enraizados tanto en la no-wave como en los sonidos de otras bandas del sello (Phantom Limbs también acuden a mi cabeza), The Weegs han facturado un excepcional -en sus dos acepciones semánticas principales- trabajo que no deberías dejar de disfrutar. Música para no ser bailada pero sí degustada, aunque no tenga la digestión más fácil del panorama artístico actual. Y eso es muy bueno.